La quinta ola pone de nuevo contra las cuerdas a la plantilla del servicio navarro de salud. La falta de profesionales sobre todo de enfermería y personal facultativo demuestra que una comunidad de 600.000 habitantes con dos facultades de medicina y dos escuelas de enfermería no es capaz de dotar de un número de profesionales suficiente para dar atención al servicio público de salud. 

La presión asistencial nos vuelve a demostrar nuestras limitaciones hasta tal punto que peligran las vacaciones y los descansos de muchas profesionales, sobre todo de enfermería, y cómo no, en las unidades más castigadas por la pandemia. La falta de un proyecto que dé cobertura a la creciente demanda de atención generada tras más de un año de pandemia y las consecuencias posteriores que va a tener en aumento de listas de espera, falta de seguimiento de procesos crónicos y desarraigo y desmotivación del personal, son ya una realidad. 

Las medidas que deberían haber sido tomadas hace años en materia de personal han dado paso a tener que tomar de forma obligada, precipitada y en muchos casos injusta, decisiones que afectan al día a día de la plantilla. Todo ello no hace sino desprestigiar y tensionar a un servicio publico de salud que sigue pagando recortes pasados fruto de políticas neoliberales que en todo momento pretenden beneficiar al capital privado a costa de los recursos públicos. La mayor parte de la plantilla de Osasunbidea ha dado el 200% durante la pandemia, renunciando a la conciliación familiar, a vacaciones y dejándose por el camino en muchas ocasiones su propia salud. 

Tanto en la Atención Primaria como la especializada, las plantillas están sufriendo, junto con la ciudadanía, unas carencias derivadas, sin ninguna duda, de la falta de compromiso del gobierno de Chivite con la sanidad pública. Las obras para construir un tren que lleve a unas pocas personas en menos de tres horas hasta Madrid se siguen financiando, mientras la mayoría de la ciudadanía tiene que esperar días para que le atiendan en el centro de salud situado a escasos metros de su casa. Por todo ello, en muchos casos, tanto la plantilla como las jefaturas intermedias, tienen las manos atadas para realizar sus funciones de forma eficiente y se muestra indignada ante las injusticias sociolaborales a las que están expuestas. 

La degradación de las condiciones laborales (precariedad, sobrecarga de trabajo, horarios excesivos) y de salud (riesgos psicosociales, falta de descanso, secuelas del Covid) de la plantilla, y la falta de perspectivas de mejora de la salud requieren un giro inmediato y urgente en la política sanitaria de Navarra, basada en una estrategia con objetivos de cambios estructurales. Por ello, deben establecerse urgentemente las bases para un consenso común entre agentes políticos y sociales, profesionales sanitarios, centros de educación y formación, colectivos ciudadanos... con el objetivo de lograr un pacto social que blinde a la sanidad pública, de forma que sus profesionales puedan dar cobertura a la ciudadanía navarra de forma óptima. 

Desde LAB exigimos a los responsables políticos y gestores sanitarios que atiendan de forma inmediata las necesidades de profesionales y ciudadanía, y demandamos al resto de agentes sociopolíticos, plantilla de Osasunbidea y ciudadanía, su implicación para defender la sanidad pública ante los continuados ataques que padece. 

David Mendaza Clemente. Responsable de LAB en Osasunbidea


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