Pedro Pérez Bozal

El humorista Jorge Ponce definía hace unos días a Navarra como "la Euskadi del Opus Dei". El colaborador de 'La Resistencia' simplificó con ironía lo que durante décadas se ha asumido en el imaginario colectivo estatal: que la Comunidad Foral era el nido de amor de las incestuosas relaciones entre una organización religiosa reaccionaria y el poder político conservador, del franquismo a UPN.

Cabe recordar que la todopoderosa Universidad de Navarra comenzó a implantarse en plena expansión del Opus Dei, 1952. En 1959 la España franquista se sacudía las plumas económicas autárquicas para dar paso a una tecnocracia opusina que facilitó el desarrollismo español de la década posterior. Y que en 1960 el Ayuntamiento de Pamplona reconocía como hijo adoptivo al fundador de la prelatura, Josemaría Escrivá de Balaguer. 

El sacerdote oscense, consciente de que había llevado hasta Pamplona a la cuna de los nuevos cachorros del Régimen y que se había proyectado una ambiciosa Clínica que llegaría en 1962, no se cortaba: "Señor alcalde: al recibir de vuestras manos el honroso título, no voy a caer en la falsa humildad de decir que no merezco tan alta distinción. Si lo hiciera, faltaría a la verdad y causaría agravio a vuestra justicia, pues no cabe mayor prueba de cariño que ésta que yo he dado a Pamplona". 


En estas siete últimas décadas el Opus Dei ha extendido sus tentáculos por Navarra y ha sabido aprovecharse de la ventajosa posición que tuvo en el franquismo, y de las dos décadas de gobiernos de UPN entre 1996 y 2015 tras el freno que les supusieron algunas políticas de los socialistas Gabriel Urralburu y Julián Balduz.

Cierto es que, a pesar de los evidentes favoritismos que pasaremos a recordar, ofreceríamos un retrato tuerto si obviásemos que el Opus, con sus muchas sombras, es el propietario de la segunda empresa que más trabajo aporta a Navarra (alrededor de 4.500 empleos), ha otorgado prestigio a Pamplona en influyentes capas de la sociedad estatal y genera un sinfín de ingresos indirectos y riqueza a su alrededor. Pero este hecho no le debiera permitir un derecho de pernada permanente...

El cuatripartito se atrevió

El cuatripartito liderado por Uxue Barkos en 2015 se encontró un panorama desolador en Navarra que evidenciaba que los impuestos públicos se desviaban a los negocios privados: más del 60% del presupuesto destinado a las becas de estudiantes de grado en Navarra iba a parar a la Universidad de Navarra y solo el 13% a la UPNA. 

El Gobierno de Navarra cambió varios aspectos técnicos para recortar la brecha y aminorar el descarado favoritismo que lograba la Universidad de Navarra, cuyos alumnos eran los únicos del Estado que conseguían solapar becas de diversas administraciones para los mismos gastos. 

Aun así el asunto más polémico que marcó el final de 2015 fue la decisión del Ejecutivo foral de no renovar un anacrónico convenio que permitía que trabajadores y familiares de la Universidad de Navarra, en total alrededor de 7.000 personas, recibieran asistencia sanitaria de la Clínica Universitaria de Navarra, también del Opus Dei, con cargo de la factura a la Comunidad Foral. 


Barkos rompió el convenio que inyectaba cinco millones de euros anuales al Opus y derivó esta cantidad en revertir los recortes sanitarios de UPN. Javier Esparza, demostrando que quería seguir la tradición regionalista nada más alcanzar el liderazgo del centro-derecha navarro, acusó de "sectarismo ideológico" al cuatripartito por no renovar este acuerdo. 

Koldo Martínez, portavoz parlamentario de Geroa Bai la pasada legislatura, tiró entonces de ironía: "Una cosa está clara: esta vez sí hemos llegado a la médula de la Navarra católica, foral y española (todo ello en versión Opus Dei)". 

El asunto enfadó tanto a la derecha regionalista que un hombre muy templado como el diputado estatal Carlos Salvador, quizás muy sensible a los asuntos de fe, aseguró que "Barkos y la serpiente de Araiz odian a la Universidad de Navarrra por ser una iniciativa del Opus Dei y llevar el nombre de Navarra por el mundo". 


Salvador, al igual que Esparza, en vez de argumentar prefirieron demonizar al nacionalismo vasco por hacer lo que tenía que haber hecho el PSN-PSOE veinticinco años atrás.

Antes del cuatripartito: Miguel Sanz (1996-2011)

Miguel Sanz, que no tenía la talla intelectual de Jaime Ignacio del Burgo o Juan Cruz Alli, mostraba cierta querencia por teatralizar demasiado sus filias y fobias. Y el corellano recién ascendido a presidente foral tras su traición a los renovadores de Alli, y la traición de Ferraz a los progresistas navarra, realizó gestos inequívocos para visibilizar su interés por asociar a UPN con el Opus Dei. 

Lo primero que hizo fue fichar para su Gobierno a una desconocida burgalesa recriada en Portugalete que había estudiado Farmacia en la Universidad de Navarra antes de convertirse en una de las vicerrectoras de la institución y en una de las personas mejor valoradas por el Opus Dei: Yolanda Barcina. 


Barcina se convertía en la primera mujer consejera del Gobierno de Navarra con la cartera de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio... y en 1999, sin que las bases siquiera la conocieran y sin siquiera estar afiliada a UPN, se convertía en la primera alcaldesa de la historia de Pamplona. 

Esta dirigente también se convirtió en la primera mujer en presidir Navarra y finalmente tuvo que renunciar a liderar UPN porque las 'fuerzas vivas' de la Comunidad Foral le hicieron la cama con la connivencia de Miguel Sanz, que no le perdonó que le ganara por sorpresa unas primarias a 'su' Alberto Catalán y la abocó a la tapia política al 'obligarla' a devolver las escandalosas dietas de la CAN (68.500 euros reembolsó Barcina y 39.000 Sanz).

Sanz, genio y figura

Tras un año en el Gobierno Miguel Sanz, en 1997, utilizó el Día de Navarra para otorgar la máxima distinción del Gobierno foral, la Medalla de Oro de Navarra, a la Universidad de Navarra del Opus Dei representada en aquel acto por el rector José María Bastero.

Sanz se derretía con el momento: "Es de justicia reconocer y agradecer los notables efectos generados por aquella gran decisión adoptada por el beato Josemaría Escrivá de Balaguer, por la elección de Navarra como sede de la universidad pensada por él para impartir a alumnos de toda España y de otros países, una formación basada en los principios cristianos y encaminada al servicio de la sociedad".

Y al año siguiente, 1998, el departamento de Economía y Hacienda del Gobinerno de Navarra concedía a la Universidad de Navarra "el acogimiento al régimen tributario de las fundaciones", hecho que le ha facilitado que esta institución lleve casi un cuarto de siglo sin pagar el Impuesto de Sociedades. 

Yolanda Barcina y el Opus

La trayectoria política de la muy estudiosa y religiosa Yolanda Barcina acabó como el Rosario de la Aurora. La burgalesa acabó enfilando dirección Madrid junto a su marido Manuel Pizarro, célebre por hacerse rico tras las privatizaciones del PP de Aznar y de utilizar su pertenencia al Opus Dei para escalar socialmente. 

Barcina nunca ha reconocido su pertenencia al Opus... pero lo cierto es que su única legislatura como presidenta foral estuvo marcada por acusaciones de favorecer a la institución católica. Y  es que la directora general de la Hacienda foral, Idoia Nieves, cerró veinte años de funcionaria de carrera dimitiendo del cargo tras denunciar en 2014 las supuestas presiones de UPN para favorecer a la Universidad de Navarra. 


Lourdes Goicoechea, vicepresidenta de Barcina, encontró enormes dificultades para rebatir las acusaciones de Idoia Nieves, que denunció "intromisiones" de UPN. Y es que la Cadena SER sacó a la luz unos correos electrónicos en los que la también consejera de Economía, Hacienda, Industria y Empleo le pedía que favoreciera a la organización católica. 

El asunto en cuestión era que los hijos de los trabajadores de la Universidad de Navarra estudiaban gratis en el centro simplemente a cambio de que los padres declarasen la retribución en especie, según el texto refundido de la ley foral del impuesto sobre la renta. Este hecho, declarar la retribución en especie, era una "faena" según Goicoechea. La oposición denunció "tráfico de influencias" y el PSN-PSOE utilizó el asunto para amenazar con una repetición electoral... que fue frenada desde Ferraz. 

En los escasos cuatro años en la presidencia de Navarra de Barcina, que sufrió toda la mochila que le dejó Miguel Sanz (que quería actuar como una especie de tutor legal de su sucesora), el nombre del Opus Dei también sonó a cuenta del consejero de Educación. 

Barcina escogió en el cargo al pío José Iribas, que fue su teniente alcalde en Pamplona y negó su pertenencia al Opus Dei (porque en realidad pertenecía a un grupo del mismo corte ideólogico, Comunión y Liberación). E Iribas no decepcionó al defender con uñas y dientes que los dos centros que segregan por sexos en Navarra le cuesten a las arcas forales 9,4 millones de euros anuales. 

No fue el único favor que recibió el Opus con el Gobierno de Barcina, que dos meses antes de cerrar legislatura declaró al Museo del Opus Dei de "interés social", hecho que le facilitaba que ingresase las millonarias ayudas derivadas de una Ley de Mecenazgo que, según algunas voces, contó cierta tutela de la institución religiosa. 

El tercer mosquetero: Enrique Maya

Enrique Maya capitaneó el Urbanismo de Pamplona durante los doce años como alcaldesa de Barcina, que a su salto a la política autonómica dejó paso a este técnico que llevaba ejerciendo como profesor de la Universidad de Navarra desde 1984 y que tampoco tenía carnet de UPN, quizás sí otros, cuando logró la vara de mando de la capital.

Y en su primera legislatura como alcalde de Pamplona estuvo a punto de llevarse a cabo uno de los mayores escándalos recientes de la política española. Y es que Barcina y Maya decidieron en 2013 que el Colegio de FP Donapea se trasladase a otra ubicación para que la Universidad de Navarra expandiese sus muros y crease tres centros de investigación. 

Juan Carlos Longás, de Nafarroa Bai, explicaba que el problema no era que el comprador, a precio de saldo, fuese "el Opus Dei, sino que el Gobierno de Navarra haya cedido a esto porque lo ha pedido el Opus Dei". 

Cierto es que en 2013 la sensibilidad social estaba a flor de piel y la mezcla de recortes y corrupción derivó en una indignación popular que se notó, entre otros cientos de asuntos a nivel estatal, en la reacción de la ciudadanía frente a la intentona de echar por las bravas y por un capricho privado al Colegio Público Donapea, donde se estudian grados medios y superiores de Administración y Finanzas o Mantenimiento Electrónico, para dar sitio a los señoritos de la Universidad de Navarra.


Pero aun así Maya no daba su brazo a torcer y logró saltarse la mayoría del pleno de Pamplona, que votó en contra de ceder el CIP Donapea al Opus, mediante una pinza con el Gobierno de Navarra (que activó un Plan Sectorial de Incidencia Supramunicipal, PSIS, con el que puenteaba a la mayoría progresista de Pamplona). 

Aun así el asunto se calentó hasta tal extremo que la oposición amenazó con judicializar el asunto y la prensa progresista subrayó los vínculos laborales de Maya durante tres décadas con la Universidad de Navarra. Y la ciudadanía reaccionó: se recogieron más de 6.000 firmas contra el proyecto, se organizó una manifestación de más de 1.000 personas y el Claustro del Donapea protestó.

Maya, alertado por la lluvia de proyectiles jurídicos, mediáticos, políticos y sociales que se le avecinaban, levantó el pie por sorpresa (quizás salvando su carrera política) y aseguró que por "un problema de incompatibilidades" no iba a volver a pronunciarse sobre el tema. 

El Opus Dei, que nunca abre la boca en un asunto de estas características, comprendió que quizás no era el momento de beneficarse de semejante favor y su rector, Alfonso Sánchez-Tabernero, convocó una rueda de prensa de forma urgente para anunciar que "ante la falta de consenso" la Universidad de Navarra había decidido "rescindir el convenio sobre Donapea". 

Con esta decisión, aseguraban, querían "contribuir a la recuperación de la concordia, que es el contexto adecuado para impulsar cualquier proyecto en el ámbito de la educación y la investigación". Es decir, hasta el Opus se desmarcaba de la cerrazón de sus amigos Barcina y Maya. 

Cierto es que no es el único guiño que Maya ha lanzado al Opus. En 2017 UPN rechazó apoyar en el Ayuntamiento de Pamplona una moción impulsada por la Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro en el que se denunciaba el expolio de bienes inmuebles puestos a nombre de organizaciones como el Opus Dei sin necesidad siquiera de acreditar título alguno de propiedad. 

Uxue Barkos

La presidenta de Navarra consiguió que sus relaciones con el rector Sánchez-Tabernero fueran de menos a más sin que el Gobierno foral tuviera que ceder ni un ápice a las pretensiones de los que se comportan como más papistas que el Papa: UPN. 


Barkos, que fue alumna de la Universidad de Navarra, mostraba en 2017 su mirada sobre el tema: "Como me decía recientemente un alto cargo del Opus Dei, esta institución ha vivido muy cómoda con las administraciones anteriores y creo que este es el  momento de que el Opus Dei aprenda a convivir con gobiernos de signo completamente diferente y seguramente mucho más incómodos, pero también es el momento de que la sociedad navarra aprenda a convivir con una entidad que también ha traído mucho y bueno a Navarra. Pero es muy importante delimitar claramente los ámbitos de actuación. Creo que estaban demasiado entremezclados". 

Carlos García Adanero: 30 años viviendo de la política navarra

UPN está adoptando una icomprensible estrategia en el Congreso, no así en el Senado, que choca contra la intentona de Javier Esparza de recuperar el centro a través de la recuperación de un discurso fuerista y descentralizador. 

Los regionalistas se mimetizan en la Cámara Baja con Vox de la mano de Sergio Sayas y Carlos García Adanero. Ambos diputados quizás ayudarían a Esparza buscando el centro, al igual que hacen el PP y Cs, o apostando por la conquista de inversiones y transferencias siguiendo el estilo clásico del PNV que ahora se está extendiendo desde Cantabria hasta Teruel. 

Pero los representantes de Navarra Suma se han mimetizado con Vox. Especialmente cómodo se le presume en este papel a Carlos García Adanero, talaverano que llegó a Pamplona con 18 años a estudiar Derecho en la Universidad de Navarra, con 19 se había afiliado a UPN y con 23 ya había conseguido un puesto como parlamentario. 

Y no lo abandonó durante 28 años (11 de ellos ejerciendo además como portavoz del Grupo Parlamentario de UPN y 4 incluso como secretario general del partido). El tramo final comenzó en 2019 con su llegada al Congreso. 


No hay que tirar demasiado de hemeroteca para advertir que los discursos de García Adanero son llamativamente coincidentes con los argumentarios clásicos del Opus Dei, organización tantas veces acusada de machista y homófoba. 

El diputado, feliz con que UPN denuncia la supuesta inconstitucionalidad de la 'ley de la eutanasia', afirmó ni corto ni perezoso que el objetivo de los promotores de esta legislación respecto a las personas mayores es "quitárselos del medio, matarlos". 

García Adanero, que en la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez se dedicó a recordar lo que une a UPN con el partido de Santiago Abascal, también ha hecho suyos los argumentarios opusinos sobre la decisión del Gobierno de España, tal y como figura en el acuerdo programático entre PSOE y Unidas Podemos, de cortar subvenciones a los centros que segregan por sexo (muchos de ellos del Opus Dei).

Y no es el primer capote que lanza el talaverano a la organización: en 2009 la consejera de Salud, la antiabortista María Kutz, enfadó a los trabajadores del sector público al asegurar que estaba descartado que se implantase en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) una facultad de Medicina, que era un proyecto taponado por UPN quizás para congraciar al Opus Dei. 

Adanero aseguró que "quizá en estos momentos no sea la prioridad". Ni lo iba a ser nunca para UPN ya que la facultad de Medicina de la UPNA se inauguró hace dos años gracias al trabajo e inversión del cuatripartito. En 2014, cuando Goicoechea estaba siendo acusada de favorecer al Opus, el diputado llegó a perder los papeles para cargar contra el PSN-PSOE por "premeditación" en sus ataques a la entonces vicepresidenta.

Más destemplado se le ha visto incluso ahora a la hora de cargar contra el Gobierno central por cortarle el grifo a los centros que discriminan por sexo. García Adanero ha llegado a hablar de "despropósito" y asegura que 2.500 familias navarras van a ver mermada su libertad de elección... con dinero público. 

"Ustedes han decidido con votos, como si se pudiera hacer así, que no tienen derecho a elegir el colegio. Ustedes han decidido que esas 2.500 familias son ricas. ¿Pero ustedes se han vuelto locos?", se preguntó. 


El diputado incluso llegó a desplegar un insólito discurso obrerista mirando a las bancadas socialistas: "Ustedes no quieren dar la misma oportunidad a los hijos de un ministro, que a los hijos de cualquiera que está trabajando o está sin empleo. Es decir, los hijos de los ministros que elijan colegio, pero ¡ah! el que que está en el paro no. Ese donde diga el Gobierno. Ustedes son unos sectarios". 

La influencia del Opus Dei en la órbita de UPN también se puede reflejar en el argumentario de sus dos expertos en materia educativa de Na+ en el Parlamento de Navarra: los tudelanos Pedro González y Carlos Pérez-Nievas. El primero aseguró que la ley "suprime la libertad de elección de las familias". Y el segundo que esta legislación supone "un ataque a la libertad de los padres".

Es evidente que el giro fuerista de Esparza está siendo abortado por la influencia del Opus Dei, que está a punto de celebrar el 70 aniversario de su implantación en Navarra gozando de una estupenda salud económica y una envidiable influencia en amplias capas de un partido, UPN, que quizás no consiga defender demasiado a Navarra si decide priorizar los intereses de una institución con las características como la que fundó hace casi un siglo San Josemaría. 

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