El altercado producido el viernes de la pasada semana a las puertas de la Herriko Taberna de Tudela (que acabó con un detenido herido) sigue provocando reacciones. Euskal Herria Bildu pidió al Ayuntamiento de Tudela que aclarase el suceso en el que se vio implicado la Policía Municipal. El grupo juvenil Ernai Tudela llegó a hablar incluso de "abuso policial".

Y ahora ha sido Maialen Goikoetxea Berdonces la que a través de Naiz ha denunciado la presunta fijación policial que sufre la Herriko Taberna en una carta al director que por su interés pasamos a reproducir: 



El 27 de febrero apareció tanto en “Diario de Noticias” como en “Diario de Navarra” la noticia de que un joven tudelano había sido detenido el día anterior por cuestionar el tener que identificarse ante un agente municipal que quería multarle por estar fumando un cigarro en la puerta de la Herriko Taberna. La noticia relataba, basándose en los testigos del bar de enfrente, que el agente, con actitud chulesca, pidió identificarse al joven que estaba solo en la puerta del bar fumando. Ante el cuestionamiento, lo detuvieron. Lo que no cuenta la noticia es que el joven finalmente se identificó oralmente, a lo que la Policía contestó reduciéndolo contra el suelo, como también contaron los mismos testigos.

Yo estaba dentro. El municipal entró con muy malas formas, pese a que todas las nuevas normas por covid-19 estaban siendo debidamente cumplidas, como él mismo pudo comprobar. La camarera le pidió que esperara un momento a que acabara de servir y que ella ahora salía a hablar con él. Cuando salió, estaban deteniendo al joven. Yo estaba sentada en una mesa de cara a la puerta, y vi otro agente municipal corriendo por la calle. Salimos del bar. Tres agentes de la Policía estaban reduciendo al joven, incándole la rodilla en el cuello. Llegó más policía casi al instante: municipales y nacionales. Todos diciéndonos que nos calmáramos y que ellos no sabían las razones de su detención; la gente que lo presenciamos sí: lo habían reducido, le habían hecho una herida en el brazo (tuvo que ir al hospital, fueron cuatro puntos), muchas magulladuras y se lo llevaban detenido mientras él gritaba de dolor. Todo, por estar fumando en la puerta del bar. Solo, quieto y sin nadie a su alrededor, tal como indica la normativa.

Algo ocurrió dentro del furgón porque el joven comenzó a gritar de dolor y el vehículo ralentizó la marcha.

La misma noticia relataba que se le acusa de resistencia grave, atentado a un agente de la autoridad y daños a un vehículo policial. Bienvenidos al siglo XXI: el estar fumando un cigarro puede dar pie a que un agente de policía se desquite contigo y que además tengas que pagar tú las consecuencias de su capricho.

Me pregunto si algo así hubiera pasado en la puerta de otro bar. O si en tal hipotético caso el nombre del bar hubiera salido en las noticias. Claro que no. Nos sabemos la historia, es la misma de siempre.

Una semana antes presencié en Barcelona como quince Mossos d'Esquadra detenían, tras aporrearlos con ganas, a unos niños de unos trece años, de origen marroquí. Las hostias se las siguen llevando la misma gente. La creciente represión policial escala de manera exponencial, pero con estas cifras no nos inundan cada día.











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