En la política ribera parece haberse aceptado 'por consenso' la idea que dice que el Gobierno de Navarra debe otorgar la carta de capitalidad al Ayuntamiento de Tudela, que podría pasar a ingresar alrededor de cinco millones de euros extraordinarios al año por los servicios que oferta a los vecinos de las poblaciones de la Ribera y alrededores. 

Cabe recordar que los tres partidos que conforman el consistorio tudelano defienden esta concesión a pesar de que la hemeroteca muestra un río de contradicciones políticas. Hagamos memoria: la idea de que Tudela tenga una carta de capitalidad como Pamplona, que la consiguió en 1997, fue de Izquierda-Ezkerra (IE). 

Pero IE Tudela quizás no lo reivindica demasiado porque IE en el Parlamento foral no apoyó una moción en favor de este asunto cuando formaban parte de la mayoría que sustentaba al Gobierno del cambio.  

Navarra Suma, que lleva a gala ser el máximo defensor de la carta de capitalidad de Tudela, calla que UPN Tudela no votó la pasada legislatura a favor de una moción que pedía la concesión de la carta de capitalidad. Pero Alejandro Toquero lo obvia y elige este asunto 'menor' como punto estrella de su legislatura, quizás porque esta concesión implica un choque con María Chivite/Pamplona.

¿Y el PSN-PSOE? En Tudela lo llevaba como elemento estrella de su programa electoral de 2019. Pero, una vez instalados los socialistas en el poder en Navarra, la prisa sobre el asunto menguó y el grupo municipal socialista en la capital ribera no apoyó una moción para pedirla. Aun así, Chivite concederá a Tudela la carta de capitalidad, quizás con otro nombre y ampliada a otras cabezas de comarca.

Carta de capitalidad, progresismo y verteberación territorial

Un Gobierno de Navarra que se diga progresista no solo debería no conceder la carta de capitalidad a Tudela, sino que debería quitar que Pamplona reciba por este asunto alrededor de 26 millones de euros (cantidad que resulta insultante teniendo en cuenta que 271 municipios y 60 concejos navarros se reparten alrededor de 250 millones del Fondo de Haciendas Locales). 

El argumentario que ha hecho fortuna entre los políticos es que Tudela oferta servicios a otros pueblos vecinos. Y esa vida "sanitaria, comercial, educativa e industrial", según palabras de Alejandro Toquero, debe compensarse anualmente según algunos a través de los Presupuestos Generales de Navarra.

Se podría entender que Tudela va a ingresar varios millones de euros anuales porque los riberos vamos de tiendas, al hospital o a estudiar a la ciudad. Es decir, Tudela va a recibir dinero por tener unos privilegios con los que no cuentan unos municipios que pierden servicios y vida sin que la clase política tenga intención alguna de inyectarles cinco millones de euros porque sus ciudadanos van a tiendas, colegios y hospitales a Tudela. ¡Por favor!

Lucha contra la despoblación, vertebración territorial y blablabla

Una de las líneas estratégicas más imporantes para Gobierno de Navarra durante esta legislatura está siendo la lucha en favor de la vertebración territorial y en contra de la despoblación.

Parece olvidar el Ejecutivo foral que ahora van a estudiar la cantidad que le van a dar a varias ciudades porque tienen la suerte de ofertar servicios. ¿Deficitarios? Algunos sí, pero la fotografía fija vital es evidente: todas las ciudades ganan población y casi todos los pueblos la pierden. Tudela, al contar con mejores servicios, al tener un hospital y al disfrutar de un relevante tejido industrial, cuenta con más margen de maniobra para evitar tendencias negativas.

'España vaciada'

La carta de capitalidad choca contra un asunto muy serio: la línea estratégica contra la despoblación de los pequeños municipios que, a nivel estatal, se ha convertido en una moda que queda muy cuqui en programas electorales, anuncios y tuits. Este proyecto para impulsar la 'España vaciada', ya iba siendo hora, bebe a rebufo del fenómeno literario que hizo rico al bueno de Sergio del Molino. 

Pero obras son amores y no buenas razones: Y es que el centralismo, a todos los niveles, sigue asfixiando a la periferia. Miguel Ángel Revilla, vendedor de crecepelo convertido en imitador de Martínez Soria por los platós madrileños, lo verbalizó a su estilo: "¿Por qué en Cantabria no me ponen ni un solo ministerio?". 

La pregunta, barnizada por el populismo habitual del personaje, tiene mucho sentido: ¿Por qué la hidrocefalia madrileña, eso si que es un Concierto económico favorable y no el de Navarra, no cede alguno de sus privilegios político-empresariales con los que se permiten incluso hacer dumping fiscal a otras autonomías?

Margen de maniobra

Ejemplo del Ayuntamiento de Fitero: su presupuesto anual ronda los 2 millones de euros. Del mismo, 1,8 va a parar a 'gastos fijos' (trabajadores municipales, alumbrado público, sostener la residencia, realizar actividades culturales y, un gasto que no debería considerarse fijo, festejos). 
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¿Qué queda libre? 200.000 euros. Es decir, Fitero cuenta con 200.000 euros anuales para sobrevivir como municipio. O sea, tiene dinero para hacer un chalet y sortearlo entre los vecinos. ¿Ven a los partidos políticos pidiendo que Fitero está infrafinanciado? Ni lo verán porque es mejor aplaudir o mantenerse de perfil ante el populismo capitalino de Tudela. 

Solo hay que hojear algunas partidas de las cuentas tudelanas para ver que su presupuesto, con más de 46 millones de euros en 2021, cuenta con muchísimo más margen de maniobra para actuar ante los retos que tienen como ciudad. 

Obscenidad

Los partidos progresistas parecen haber comprado con entusiasmo el obsceno discurso carpetovetónico sobre Tudela, que según algunos está abandonada a su suerte porque unos malvados pamplonicas se deciden gastar los cuartos tudelanos en euskera. 

La izquierda navarra, si es que le interesa el asunto, debe abandonar la pereza intelectual sobre la vertebración territorial.

Simpatías

El fenómeno de la 'España vaciada' se supone que da votos y por eso los políticos navarros se dan codazos por salir compungidos en la foto de unos saraos progres que no dejan de ser nuevas vías de negocio de la SER y el Noticias. 

El asunto se ha convertido en una tema que auna simpatías entre colectivos de diferentes sensibilidades. El romanticismo de un pueblo en ruinas, léase 'La lluvia amarilla', no tiene parangón y a la izquierda le encanta por utopía y descentralismo y a la derecha le chifla porque los pequeños municipios son guardianes de las esencias de España y olé. 

Incomunicación

Las administraciones públicas se dicen compungidas por el fenómeno de las fakes. Pero Gobierno de Navarra, ni corto ni perezoso, mentía hace unos días al decir "Tudela y la Ribera recibirán cerca de 110 millones de euros para mejorar los servicios sanitarios y educativos". 

Igual de perniciosa es la moda de adscribir cualquier mínima inversión en un municipio pequeño a la lucha contra la despoblación. Vamos a ver, si se arregla el puente de Marcilla no es una lucha contra la despoblación, es una lucha contra que se caiga el puente de Marcilla. Y si hay una partida relacionada con la nueva línea estratégica foral, que se diga también. Pero que no confundan. 

Medidas de choque

La clase política estatal quizás se tome algún día en serio el fenómeno de la despoblación y se atrevan a implantar una fiscalidad especial, tipo Canarias. Las medidas económicas llevadas a cabo se muestran  muy insuficientes para revertir una tendencia que camina como una apisonadora. 

Hablando de medidas económicas: ¿Es de recibo que los señores que regentan una peluquería en Milagro y una mercería en Cortes paguen 300 euros mensuales de cuota de autonómos, que es lo mismo que pagan los pelqueros y merceros de Madrid y Barcelona?

El error

Los pueblos deben dejar de animar que cierto periodismo amarillo se recree en sus muertes. Si 'España directo' o El Mundo quieren hacer un reportaje, que lo hagan con respeto. Y si los ayuntamientos despoblados quieren revertir su situación, que redimensionen sus apuestas por el turismo. La prioridad de los municipios debe ser ganar censo, no número de turistas. 

No está mal apostar por turismo si se evita convertir a los pueblos en ajada pieza de museo más pendiente de contentar al turista que de tener un proyecto serio que cuente con otros factores. Pero no puede ser la única vía de desarrollo.

Toquero quiere ser alcalde de una capital

Si Toquero quiere conseguir más dinero para Tudela lo tiene muy fácil: en 2019 la ciudad gastó 342.320 euros en gasto de personal eventual y ediles. Y en 2020, primer ejercicio completo de Navarra Suma en Tudela, el gasto se disparó hasta los 574.930 euros (según datos de Fermín Pérez-Nievas, de Diario de Noticias). 

Cierto es que para ahorrar esos 250.000 euros Alejandro Toquero debería rebajarse el sueldo un 40% como Eneko Larrarte o despedir a personas fichadas a dedo que cobran 50.000 euros anuales. 

No lo hará Toquero, que mete ruido con la carta de capitalidad al ser consciente de lo bien que le funcionan entre amplias capas de su parroquia los más bajos instintos: a Navarra Suma le fue muy bien en las urnas tras repetir hasta la saciedad que Tudela estaba sucia y que 'importantes empresarios' huían de la 'Tudela roja'.

En esta legislatura algunos quizás pretenden eclipsar los alarmantes problemas de Na+ para gestionar eficazmente la ciudad mediante dosificadas bombas de humo que se basan en la aversión a lo vasco, lo mala que es María Chivite que no nos coge el teléfono y la supuesta afición de algunas personas, ejem ejem, por tirar botes de comida al contenedor a pesar del hambre que hay en el mundo.

Quizás deberían reparar algunos miembros de Navarra Suma en que estos tres mensajes suelen ser el preludio de una lluvia de comentarios en los grupos de Facebook tudelanos que están marcados por la euskarafobia, el victimismo y la xenofobia (cabe recordar que Vox logró solo 399 votos en las municipales de Tudela y 2.223 en las generales. ¿Qué dónde están esos 1.800 votos? Ya saben). 

En definitiva, que los Félix Taberna de turno creerán que el discurso populista ribero de UPN se combate con estridentes performances, notas de prensa de titulares que invitan al equívoco y asignaciones de cartas de capitalidad que, aunque no evitan que se desarrollen inversiones en favor de la cohesión territorial, indican que una cosa es predicar y otra dar trigo.

Aun así, la izquierda navarra no debiera comprar el discurso a Navarra Suma, por mucho que exista la percepción entre buena parte de la ciudadanía del sur de Navarra sobre una supuesta discriminación de la Ribera frente al norte. Por consistencia intelectual, el Gobierno de Navarra debería abstenerse de conceder la carta de capitalidad a Tudela. Pero, probablemente, se impondrá la mirada electoralista...
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