Pedro Pérez Bozal

El próximo 20 de febrero se cumple el 35 aniversario de la inauguración del Hospital Reina Sofía de Tudela y e-Ribera.com ha hablado con cinco profesionales sanitarios sobre los inicios, evolución, presente y futuro de esta infraestructura sanitaria que quizás es uno de los escasos proyectos que, de una forma u otra, une a los habitantes de la antigua Merindad de Tudela. 

El hospital se ha convertido en motor de empleo para el sur de Navarra, al convertirse en la primera 'empresa' de la Ribera tudelana con alrededor de 800 trabajadores. Y sus paredes guardan infinidad de recuerdos. Comenzamos.

Desembalando las camas

Susana Calvo fue una de las auxiliares de enfermería que desembaló las camas del hospital que nació en 1986 en Tudela. La alfareña recuerda que los primeros pasos los dieron "entre albañiles y carpinteros porque el hospital no estaba terminado del todo". 

Aquellos días, según su recuerdo, estuvieron "marcados por la ilusión, los dedicamos a coger el instrumental del almacén y llevarlo a sus correspondientes dependencias. En ese momento este era un edificio sin camas en las habitaciones ni calefacción".

"Poco a poco, añade, se fueron habilitando espacios gracias a los consejos de algunas enfermeras que tenían algo de experiencia del Hospital Provincial de Pamplona. Sus pautas fueron de gran ayuda a trabajadoras como yo, que entonces tenía 18 años de edad".

"Los médicos eran un poquito más mayores porque acaban más tarde de estudiar y algunos de ellos se acaban de jubilar hace cuatro o cinco años. ¿Que qué me parece que ha supuesto el hospital para la Ribera? Que ha fijado población en Tudela, que ha crecido muchísimo en estos 35 años, y que se ha convertido en un motor importante para la comarca", asegura. 

Calvo recuerda que entonces eran una treintena de auxiliares, hoy en día rondan el centenar, y explica que tener un complejo de estas características "otorga tranquilidad a mucha gente que demanda servicios de este tipo para diseñar su plan de vida". 

Sobre los cambios sucedidos en los últimos treinta y cinco años, nuestra entrevistada advierte que "ahora está trabajando gente de todas las etnias y cutluras. Las especialidades han avanzando muchísimo. Los partos también porque ahora las madres vienen mucho más acompañadas. Y la gente vive más: hace unos años un señor de 75 años era una persona 'muy mayor' y ahora, en algunos casos, es 'un chavalillo'". 

La auxiliar dice que las estrategias médicas también han tenido avances, "ahora se sabe que en muchos casos es contraproducente que las personas mayores estén ingresadas porque fuera de su hogar están desorientadas y este hecho les afecta". 

¿Hemos cambiado los pacientes? Calvo asegura que sí y para mal: "Ahora el paciente es mucho más irrespetuoso hacia la figura del médico. Quizás antes era excesiva. Pero la gente se cree con muchos derechos y escasas obligaciones ante un sanitario. Además, al desmitificarse la figura del médico, en muchos casos se cuestiona su diagnóstico y este hecho puede condicionar algunos tratamientos para evitarse una denuncia de familiares". 

La sociedad también ha cambiado mucho, según ella: "La gente viene crispada. Hoy en día la ciudadanía es mucho más impaciente y no estamos acostumbrados a hacer cosas que no nos gustan, ni tampoco que nos contradigan. A muchos les cuesta mucho seguir la rutina hospitalaria 'en plan cuartel' que obliga a los pacientes a estar despiertos desde las 6 de la mañana. Pero es que si no, no daríamos abasto". 

"Hay pacientes a los que ves con el ordenador y el móvil. Se creen que están en casa y no", añade. Calvo cree que en ciertas ocasiones no es fácil relacionarse "con las familias, que están estresadas por las situaciones de los pacientes y en muchas ocasiones son las propias familias las que demandan, en algunas ocasiones de forma excesiva, atención hacia el paciente". 

También pide más inversión pública en personal sanitario: "En las plantas se quejan de que no se llega. Las auxiliares en muchas ocasiones solo tenemos tiempo de hacer una 'vuelta rutinaria'. Tendría que haber más profesionales contratadas para poder dedicar más tiempo a los pacientes". 

Y, echando la vista atrás, la riojana ha disfrutado en estos 35 años "una gran experiencia. El hospital ha sido mi casa y mi segunda familia. Aquí pasamos muchas horas juntos. Hemos vivido experiencias divertidas y tristes. Hemos compartido emociones de todo tipo. Estoy encantada con esta experiencia laboral y vital". 

"La sanidad no son solo médicos y enfermeras"

La castejonera Pilar Ochoa ejerce como técnico del laboratorio y coordina este servicio que, a partir de 2011, tanto dio que hablar por la fallida intentona del Gobierno de UPN de desmantelarlo. Ochoa recuerda que en estos años "el hospital ha evolucionado mucho. Antes tenía mucho menos personal (alrededor de 300 trabajadores en 1986) y no estaba tan desarrollado técnológicamente". 

Aunque la intención del reportaje es realizar un viaje al corazón de los años ochenta, no podemos obviar la crisis sanitaria en la que estamos inmersos y empezamos por el final: Ochoa recuerda que en marzo del pasado año el laboratorio que ella coordina no hacía PCR. 

"Cuando se desató la pandemia no sufrimos tanto el asunto a nivel laboral. Pero este pasado otoño el Hospital Reina Sofía inauguró su propio laboratorio molecural de microbiología y se contrataron cinco técnicos que se formaron en Pamplona para hacer pruebas del COVID", asegura. 

Este avance contrasta con algunos asuntos en el que este complejo sanitario se está quedando atrás. Ochoa explica que los vestuarios se han quedado pequeños: "Son casi los mismos vestuarios que en 1986 y estamos más del doble de personal". 

Y, volviendo a la actualidad, la coordinadora se lamenta por la falta de respeto de parte de la ciudadanía a las normas impuestas por la pandemia: "A mí me afecta porque tengo que meter más horas de trabajo. Estoy disfrutando ahora de las vacaciones del pasado año porque en verano no pude hacerlo".

Ochoa recuerda la montaña rusa emocional que supuso 2020, confía en la vacuna como el comienzo para otear un horizonte esperanzador y, por último, reivindica que la sanidad "no son solo médicos y enfermeras. Estamos las que trabajamos en un laboratorio, los técnicos de rayos, los administrativos, limpieza o celadores. Hay muchísima gente detrás". 

Antes de la inauguración

Semanas antes de que la reina Sofía inaugurase las instalaciones sanitarias riberas, rodeada de los prebostes socialistas de la época, Txomin González y otros celadores habían montado muebles, organizado quirófanos y adecuando consultas. 

El hoy parlamentario de Euskal Herria Bildu lamenta la temporalidad que afecta al Hospital Reina Sofía, alrededor del 60% de su plantilla es eventual, y recuerda con ilusión los primeros pasos que se dieron en este complejo. 

"Nos llamaron en enero a los celadores que vivíamos en a zona para echar una mano a la hora de instalar el equipamiento. Entonces había muchísima ilusión porque éramos todo gente superjoven, entorno a treinta años de media. Y la mayoría nos encontrábamos ante nuestro primer empleo".

El corellano rememora que 1986 trajo aires de ilusión tras quedar atrás la 'crisis del petróleo' y explica que en el seno del Reina Sofía se creó un ambiente familiar: "Nos situaron a cuatro kilómetros del casco urbano de Tudela y entonces ni había tantos vehículos ni el transporte urbano estaba tan consolidado como ahora. Este hecho y los horarios nos 'obligaban' a comer en el Hospital y esta circusntancia creaba un buen ambiente: nos conocíamos todos".

González asegura que la calidad de la comida dio mucho que hablar: "A un médico le abrieron un expediente porque dijo en prensa que nos daban una 'comida nauseabunda', o algo así. Quizás fue en plena privatización del servicio de la cocina. La verdad es que, ante esta externalización, mostramos tal resistencia a nivel sindical que desde Gobierno de Navarra nos reconocieron que no iban a repetir la experiencia en otros hospitales".

¿Que qué ha cambiado en 35 años? El parlamentario explica que la digitalización e informática han limpiado de carpetas el Hospital, "que creaban un problema de espacio", y también recuerda la naturalidad con la que los propios sanitarios fumaban en el seno del complejo médico. 

La puesta en marcha del Reina Sofía, recuerda, no fue fácil: "Se despegaban los azulejos y hubo un problema grave porque debajo del hospital había un río que estaba hundiendo todo el complejo y tuvo que ser desviado. Recuerdo una foto en la que parecía que se estaba apuntalando el edificio, que parecía que iba a desplomarse".

¿Y el futuro del hospital? González lo tiene claro: "Tendría que ganar población a la que se dirige: buscar acuerdos con La Rioja y Aragón que faciliten mediante un convenio económico que a los habitantes de Alfaro o Tarazona se les atienda en Tudela, tal y como pasaba antes de forma más habitual". 

González además demanda que Urgencias se ha quedado "muy pequeño" y pone en valor la Atención Primaria que, a causa de la COVID, parece haber saltado por los aires: "Es un servicio importantísimo y además debe ofrecerse de forma presencial para hacer un adecuado control de los tratamientos". 

Horario europeo

Maite Ollobarren es enfermera en las consultas del Hospital Reina Sofía desde 1987. La sanitaria lamenta por la precariedad del sector sanitario, lastrado por la temporalidad, y aplaude que en el complejo ribero se hayan ido ampliando servicios y plantilla conforme la veintena de pueblos de la Ribera tudelana pasaban de sumar alrededor de 80.000 habitantes a los 100.000 de ahora. 

Ollobarren recuerda la implantación de servicios como alergología, maxilofacial, hospitalización de psiquiatría y sobre todo oncología: "La gente que tenía cáncer subía a recibir la 'quimio' a Pamplona. Ahora lo pueden hacer al lado de sus casas". 

¿Demandas? La enfermera, delegada de LAB en la comisión de personal, cree que, además de la adecuación de vestuarios, Rehabilitación se ha quedado "obsoleto, pequeño y con mala iluminación",  afirma que las consultas de la planta baja deberían ampliarse y Urgencias debería sufrir una reforma.

Y, por último, recuerda que cuando empezó en los ochenta la plantilla tenía un horario "de nueve de la mañana a seis de la tarde" que ha ido europeizándose hasta contar actualmente con un turno central "de ocho de la mañana a tres de la tarde" que tanto facilita la conciliación familiar. 

El accidente fantasma de Arguedas

Jose Alfaro, enfermera en la UCI, entró a trabajar en el Hospital Reina Sofía en 1993 y recuerda que hace casi tres décadas se vislumbraba otro panorama a nivel sanitario. Y es que la creciente profesionalización ha ayudado a mejorar los servicios. 

"A nosotras, recuerda, nos traían a la UCI heridos que venían en un vehículo médico sin médico ni enfermera: los conductores eran chavales que estaban haciendo la mili. La verdad es que no había tanta delicadeza a la hora de trasladar, por ejemplo, a personas que se habían quemado". 

"Ahora hay conciencia de que a los accientados o heridos no se les debe tocar y que hay que llamar al 112. Pero entonces nos los traían sin demasiados reparos en la parte trasera de un Seat 127 de tres puertas", explica. 

Escarbando en algunas anécdotas, esta fiterana recuerda que en cierta ocasión "varias personas nos llamaron que en 'la recta de Arguedas' había habido un accidente que se presumía dramático porque afectaba a muchísimos coches. En urgencias había cierto nerviosismo al encontrarnos ante una situación de semejante magnitud". 

"El equipo que allí estábamos desalojamos los boxes de urgencias para atender a las víctimas de esta catástrofe. Yo atendí al primer accidentado que venía en ambulancia, que venía grave. Pero cuando tuve un momento de respiro, salí y pregunté por el resto de accidentados... y no había más. El asunto es que un camión que llevaba muchísimos coches había chocado y los vehículos se habían caído por toda la carretera. Esto dejó en Arguedas una escena que parecía dramática. Pero tan solo hubo un accidentado grave", explica.

La fiterana recuerda que el crecimiento del hospital, el cambio generalicional de algunos sanitarios que han completado su trayectoria laboral "y el creciente individualismo de la sociedad" también han traído aparejados algunos cambios: "Antes todos conocíamos todos los nombres, apellidos y vidas de los compañeros. Y ahora algunos no solo es que no los conozcamos, es que algunos compañeros ni saludan. Se están perdiendo las formas". 

Sobre la pandemia, Alfaro explica que en muchas jornadas de doce horas en plena pandemia "ni he bebido agua ni he ido al servicio" y echa de menos a que a nivel sanitario no haya una figura que acompañe a las nuevas compañeras, "que lo hicieron de chapeu a pesar de que se echa en falta que un profesional con experiencia que tutele sus primeros días". 

La enfermera muestra su orgullo por la 'piña' que está realizando el equipo de la UCI del complejo tudelano en la pandemia: "Ha reinado el compañerismo en momentos de mucha tensión. Es cierto que nosotras somos un equipo reducido y esto facilita que seamos una 'pequeña familia'. Pero la gente lo está dado todo". 


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