Pedro Pérez Bozal

José Luis Castillo Monreal es un ingeniero técnico industrial (especialidad química industrial) que ha orientado su carrera profesional hacia el sector turístico. Este empresario colabora con diferentes empresas de bioconstrucción y es el administrador único de la compañía Morrorro Holidays, que cuenta con dos apartamentos turísticos en la villa termal; un negocio de turismo activo cultural; y está en proceso de construcción de dos casas rurales en la localidad oscense de Lasaosa. Con él hablamos sobre lo divino y lo humano:

¿Cómo ha cambiado tu vida en los últimos meses?

La verdad es que muy poco porque hago una vida muy parecida a la que desarrollaba antes de desatarse la pandemia. A mí en el plano estrictamente personal me ha venido incluso bien porque he podido retomar 'mi vida aragonesa'.

Pero no me puedo abstraer del drama relacionado con la crisis sanitaria, que ha demostrado que la democracia española sigue siendo débil. Y en parte lo es porque rara vez se atan consensos incluso cuando se producen hechos de esta envergadura. ¿Sobre el confinamiento? El primero fue muy duro porque chocaba contra la idiosincrasia española.

Pero esta crisis ha derivado en más problemas porque España es un país con un sistema productivo muy específico, dependiente principalmente de ladrillo y el turismo. Y esto se nota más aun al faltar los ochenta millones de turistas que nos visitan y que sin ellos tendríamos el PIB de la capital de la República Guinea, Conakry.

Llevas un tiempo alejado de Fitero

A ver... he sido 'trending topic' en Fitero durante los últimos cuatro años. Deja que otros que cojan el relevo (ríe). En agosto de 2019 decidí volver a Huesca. Ya hace más de un año comprendí que el proyecto de turismo de Fitero llevaba una línea de trabajo inviable y además se me cerraron todas las puertas. 

Esta situación me llevó a darle una vuelta a los apartamentos turísticos, en los que ahora busco como cliente potencial a trabajadores en vez de turistas. Y la nueva perspectiva del nuevo negocio me permitía retomar otros proyectos en Huesca.

No estás de acuerdo con las políticas turísticas locales...

Lo digo más claro: el plan turístico en Fitero ha sido ineficaz para las personas que podíamos trabajar en ello y sobre todo para la ciudadanía. Con este plan se ha vuelto a cerrar otra posible vía de salvación y nos hemos dejado escapar otro tren a pesar de que tenemos un diamante en bruto. En mi opinión, las condiciones políticas y sociales de Fitero son incompatibles con el turismo de calidad. 

En Huesca estás trabajando en la puesta en marcha de dos casas rurales. ¿Cómo acabaste en Lasaosa?

En 2005 regresé tras acabar el proyecto final de carrera en Viena gracias a una beca Erasmus, continué trabajando allí para una empresa de investigación de materiales, Letec. Y por cuestiones personales decidí volver a España. Aquí examiné las posibilidades laborales y por desgracia trabajar en este país en I+D+I es complicado. 

En aquella época yo andaba harto por ser el amigo más pobre de la cuadrilla, a pesar de que era de los pocos que había estudiado. Y tras hacer un máster de seguridad, y prevención de obra, y otro de calidad en la obra, me sirvieron de lanzadera para trabajar en la construcción. 

En este sector trabajé en la empresa que realizó el Palacio de Congresos de Huesca o la segunda central de ciclo combinado de Castejón. Lo cierto es que yo nunca he sabido lo que quiero ser y he ido avanzando profesionalmente viendo lo que no quería hacer. Y en ese caso vi que no quería seguir.

Posteriormente me marché a Jaca y Canfranc para gestionar las plantas de hormigón de Portland Valderrivas en el Valle del río Aragón. Para la misma compañía también trabajé gestionando los laboratorios de diferentes canteras. 

En el Grupo Portland Valderrivas estuve siete años trabajando. En ese periodo cayó la construcción, 'reventó' España y se cambiaron las reglas financieras de juego. Eso fue una lección para mí, que ya me había abierto un camino paralelo para saltar del sector por si se daban mal dadas. 

Entonces era de los pocos de mi entorno que no me había comprado un piso porque me daba vértigo pagar 240.000 o 300.000 euros por un proyecto que me atara a 40 años vista. Es verdad que yo a priori era 'el más tonto de España' por no comprarme una casa a pesar de tanto mi pareja como yo contábamos con una gran estabilidad económica.

¿Y no te fiaste, no?

Al estar en el sector conocía el precio real de las viviendas y no me parecía la mejor opción de hipotecarme realizando la mayor compra de mi vida en un elemento sobrevalorado que además estaba atado a una hipoteca que contenía cláusulas que yo consideraba injustas. 

Por lo cual decidí comprarme una vivienda que, pudiera pagar sin pedir un préstamo, que el día de mañana pudiera adaptar como vivienda o negocio dependiendo de mis necesidades y que, de paso, me sirviera para desarrollar diferentes proyectos: una casa rural en un pueblo abandonado, Lasaosa (Huesca).

En 2010 tomé la decisión de comprar 'un montón de piedras' en una pedanía abandonada que pertenece a Sabiñánigo y que se encuentra situada en la comarca del Alto Gállego, cara noroeste de la Sierra de Guara. 

Imagino que allí reina la tranquilidad

Es el Prepirineo con una tasa demográfica por debajo de la de Siberia. El éxodo masivo del siglo pasado dejó estos parajes vacíos porque la gente buscaba un porvenir que no llegaba debido a un entorno hostil y unas malas comunicaciones. 

El último habitante de Lasaosa antes de nuestra llegada dejó la pedanía en 1975 y treinta y cinco años después, hace una década, cuatro personas reactivamos el pueblo como núcleo rural y montamos una asociación de vecinos para conseguir los distintos servicios que no tenía la pedanía: Lasaosa en 2010 ni siquiera contaba con agua corriente. 

Hasta entonces bajaba agua de un nacedero, pero con la asociación logramos potabilizarla y contar con saneamientos. También empedramos las calles, rehabilitamos edificios, recuperamos las fiestas patronales y realizamos un festival de música tradicional, experiencia que me sirvió para colaborar posteriormente en la Asociación BarrancoFest de Fitero. 

En aquella experiencia profesional y social en el Pirineo tuve un contacto muy directo con el sector turístico y, de una forma natural, comencé junto a unos compañeros a diseñar rutas de BTT y acondicionar espacios 'perdidos' para adecuarlos para actividades de turismo deportivo. 

¿Por qué volviste a Fitero?

Unas Navidades mi familia me comenta que la casa familiar de Fitero, entonces deshabitada desde hace diez años atrás, tenía algunos problemas por deterioro. Haciendo un análisis de la situación decidimos que había que tomar una decisión sobre ella. Porque lo peor que se podía hacer con ella era continuar manteniéndola cerrada. Entonces, estudiando la normativa turística navarra vimos que era viable reconvertir esta vivienda en dos apartamentos turísticos.

Fue entonces cuando empecé a visibilizar Fitero como elemento turístico y me di cuenta que era un diamante en bruto por su patrimonio natural y artístico; su geología, flora y fauna; los asentamientos arqueológicos; las aguas termales; y el Monasterio. 

Por aquel entonces Fitero ni siquiera tenía un modelo turístico definido...

Esta tardanza tenía una cosa buena: al no haberse desarrollado tampoco estaba destrozado. La pena es que ahora que se ha empezado a desarrollar no se cree que el turismo sea el baluarte necesario para suplir la mayor necesidad, que es fijar población. O sea, que un particular monte su negocio, compre su casa, tenga a sus hijos y haga su compra en Fitero.

Yo hasta entonces me acercaba al pueblo en 'bodas, bautizos, funerales y fiestas de guardar', aunque nunca había dejado de venir para ver a mi familia y amigos. Lo cierto es que entonces yo no había penetrado en la vida social fiterana y no conocía los porqués de su estancamiento poblacional, urbanístico e industrial. Veía que los pueblos de al lado, Cintruénigo o Corella, crecían al mismo tiempo que Fitero perdía pegada. 

¿Qué problema crees que tiene Fitero?

Una de las prioridades debe ser dar solución a las casas que se caen y otro replantearse el modelo industrial y empresarial. Y es que Fitero se ha convertido en un lugar perfecto para tener una segunda vivienda, pasar las vacaciones o los últimos días de tu vida. Pero para algunos es difícil plantearse desarrollar una vida plena por múltiples factores. 

Fitero ha perdido casi el 40% de la población en el último siglo

Y no ha bajado más gracias a los migrantes, que han fijado población, ayudan a mantener servicios y rehabilitan casas vacías. Es una pena que haya gente, espero que los menos, que no tenga un solo número de teléfono móvil de árabes ni siquiera los saluden de forma natural. 

La 'España rural' debe aprovechar la llegada de inmigrantes y del mestizaje cultural que se podría generar. Es lamentable que algunos quieran criminalizar la inmigración y convertirlos en 'cabeza de turco' por unos problemas que están relacionados con la falta de desarrollo de algunas zonas.

¿Crees que la caída demográfica de Fitero está relacionada con la 'España vaciada'?

En Fitero se caen casi la mitad de la casas y nos empeñamos en vender turismo de calidad mientras sufrimos estampas propias de Sarajevo. Y la despoblación del municipio no puede adscribirse al fenómeno de la 'España vaciada'.

En la comarca del Linares sí que faltan comunicaciones y adolecen desde hace décadas de una falta de industrialización. Pero en la del Alhama tenemos unas posibilidades que en Fitero no se han aprovechado. 

Es cierto que hay lamentables déficits de administraciones como Gobierno de Navarra, que no ha arreglado la vía que enlaza el polígono industrial con la carretera nacional. Pero no parece de recibo que las empresas del polígono sufran microcortes de luz porque no se cuentan con los suministros necesarios o que las aguas pluviales del polígono acaben en una viña. Esto son asuntos municipales...

El inmovilismo en Fitero es asfixiante. El proceso poblacional de este pueblo no se parece en nada al de Soria, Teruel o Ávila. Aquí en los últimos cuarenta años no se ha creado porvenir, no se han cogido los trenes que han pasado de largo, no ha habido proyecto y la dinámica es desalentadora. 

¿Qué tiene que pasar para que cambie Fitero?

Que los fiteranos pierdan el miedo a decir lo que piensan. Y que la diferencia empiece a sumar en vez de a restar. Porque si no vamos a ser el último reducto decimonónico. Mi experiencia personal es que se sufre una campaña constante que destroza el prestigio del que disiente del discurso único. 

Ese miedo a figurar provoca un inmovilismo que transciende sobre lo político: no es de recibo que las explotaciones ganaderas de Fitero las hayan tenido que montar forasteros o que con la industria, salvo algunas excepciones, pase tres cuartas partes de lo mismo. Aquí ha prevalecido la supervivencia por encima de la valentía. 

Y ese miedo servilista quizás lo llevemos inculcado en el ADN por la represión que se sufrió hace ochenta años y por la existencia de dos grandes focos de poder radicados en Baños de Fitero y el Monasterio. Es evidente que aquí vivían bien los que decidían en ambos lugares y eso la gente lo percibe.

En Fitero hay demasiada gente que trata diferente depende de qué familia seas y de a quién votes. Yo he sufrido en mis carnes disparos que venían de diversas direcciones, campaña de 'mobbing social', pero me niego a conformarme. 

Hay algunos elementos que intentan destrozar al que se sube al escenario y se atreve a desplegar un discurso inapropiado para los intereses de un palco donde los apellidos ilustres de antaño han sido relevados por un grupo heterogéneo al que desde hace décadas le hace falta un líder que no acaba de llegar...

Espera a ver si no viene ningún guardia civil a hacer de técnico de turismo (ríe), En fin, creo que en ciertas ocasiones se practica una caza de brujas para castigar al que disiente. Y en muchos sitios a unos se les cierran puertas y a otros les dan abrazos. A algunos les va muy bien gracias a la pleitesía, una falsa ideología y/o sus orígenes familiares. 

Creo que si algunos empresarios que conozco se dedicasen a la cría de canguros, Fitero se convertiría en Australia. No creo que sea verdaderamente así, pero en ocasiones me ha dado la sensación de que se antepone quién presenta el proyecto a la calidad del proyecto en sí. O sea, que estar bien posicionado socialmente podría ser más importante para algunos que la calidad del trabajo que se realiza. 

Y eso es una vergüenza, pero más estando Fitero en la situación tan dramática que se encuentra. Pero yo ni me someto ni me rindo. La revolución real no está en Chiapas, sino en Fitero. Pero ya sabemos que es muy difícil barrer las alfombras de nuestro pueblo, donde es muy fácil subirse al caballo ganador.

Creo que solo una personalidad fuerte y con las habilidades muy desarrolladas puede mantenerse en Fitero viviendo en plenitud a pesar del ceñido corsé social. Así determinadas personalidades más débiles si no quieren someterse a las pautas marcadas suelen huir: o largándose a la ciudad, buscando ser uno mismo, o aislándose en el propio pueblo. Y esta segunda opción casi siempre acaba en la autodestrucción.

 
 
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