La lengua de los navarros en Tudela, 1535






Año 1535. Como afirma la historiadora Mari Puy Huici, tras la conquista militar castellana
Navarra estaba sometida bajo un riguroso ejército de ocupación, que permanecería como tal en
sentido estricto durante más de cien años. Tras 1512, la resistencia de Getze, Amaiur y
Hondarribia, la independencia navarra al sur de los Pirineos había terminado.
Pedro Lopiz era un emigrante zamorano que llevaba residiendo en Tudela diez años, es decir,
llegó cuando la guerra había terminado, y se instaló en la preciosa capital ribera, en la ciudad
del Ebro. Era "albéitar", o lo que es lo mismo, veterinario, un oficio importante en aquella época,
ya que aparte de su función militar los transportes se realizaban por medio de caballerías.
Pedro, hombre ambicioso y con padrinos e influencias, opositó para el cargo principal al que un
veterinario podía lograr en Navarra. Lo obtuvo, protegido por el emperador español Carlos V,
aunque las Cortes y cofradías de Navarra prefirieron otro candidato y le llevaron a juicio.
En el pleito, recogido por escrito en un voluminoso legajo conservado en el archivo general
navarro, puede leerse lo acontecido por aquellas fechas. Es un testimonio de valor incalculable,
un espejo de la vida en Navarra hace casi quinientos años, las costumbres, los hábitos, la forma
de vida, las preocupaciones, los intereses. Según los papeles, Pedro Lopiz tuvo que defenderse
de numerosos testigos que declararon en su contra. Los motivos que negaban su valía para el
puesto de veterinario al que optaba eran los siguientes: "como veterinario es malísimo",
"mujeriego", "empedernido jugador de cartas" y "no sabe vascuence". Las declaraciones se
hicieron bajo juramento y fueron firmadas por los testigos que sabían escribir o por los
escribanos en su nombre.

Las referencias a la mala calidad en su oficio, sus numerosas amantes, deudas por doquier, las
noches en vela ante los naipes en diferentes localidades navarras jugándose hasta las cejas y
teniendo como compañeros de mesa a nobles y altos cargos eclesiásticos, amén de prostitutas
de compañía, reflejan el carácter del zamorano. En resumen, un sinvergüenza de cuidado. Pero
lo que nos interesa son las palabras de los cuatro testigos que ratificaron la importancia de la
lengua navarra en Tudela por aquellos años y cómo Pedro Lopiz no podía lograr aquel puesto
por desconocer la "lingua navarrorum".
Y he aquí la clave, se consideraba al zamorano inútil para la plaza porque en Tudela el año
1535 era necesario conocer el euskara y él "ni lo habla ni lo entiende". Los testigos creían lógico
que debía haberlo aprendido, pese a ser de Zamora y llevar diez años residiendo en Tudela, en
pleno río Ebro, en plena Bardena, en el extremo sur de Navarra. La carga sociolingüística que
conllevan las palabras de los testigos resulta escalofriante para comprender la situación de la
lengua.

Es decir, este pleito nos permite descubrir que en Tudela, tras la conquista castellana, vivían
personas que sólo hablaban en castellano, otras que dominaban castellano y euskara y también
personas que sólo hablaban en euskara y que no necesitaban el castellano en su vida diaria, de
modo que vivían en Tudela en euskara y no aprendían castellano.

Declaraciones de los testigos

Lo sorprendente de las declaraciones de los testigos radica en que los euskaldunes
monolingües de Tudela no parecen preocupados por no saber castellano, sino que desconocer
el euskara es un problema para Pedro Lopiz, un problema en general para quien fuera
emigrante castellano, e incluso los testigos bilingües señalan que la solución no es otra que
aprender “la lengua de la tierra”.

"Johan Guerrero, vecino de la ciudad de Tudela, de unos 55 años, tiene por cierto que Pedro
Lopiz ni sabe ni entiende vascuence, porque aunque muchas veces ha hablado con él nunca le
ha visto hablar ni decir palabra alguna en vascuence y que por ser castellano no sabrá
vascuence porque no es dado el vascuence a los castellanos".

"Pedro delizondo, veterinario vecino de la ciudad de Tudela, de unos 36 años, dice que Pedro
Lopiz no sabe hablar ni entiende el vascuence y que por no saberlo ni entenderlo al hablar con
bascongados le ha visto persona que le declarara en romance lo que el bascongado le decía
por no entender de otra manera".

"Pedro de Petillas (Pitillas según su firma), labrador vecino de Tudela, de unos 28 años, dice
que Pedro Lopiz no sabe hablar ni entiende vascuence porque es natural castellano y también
porque al propio Pedro Lopiz se lo ha oído decir, al explicarle que cuando algunos bascongados
le van a casa para curar sus animales tiene mucho trabajo por no entenderles y que para
entenderles suele buscar un intérprete y que en ello pasa trabajo y que por ello le vendría muy
bien saber hablar vascuence para recibir a los que van a su casa". Por último, Pedro de
Caparroso, labrador vecino de la ciudad de Tudela, de unos 40 años, también declaró
brevemente al respecto, no aportando nada novedoso a los anteriores.

Espacio para la reflexión

¿Johan Guerrero, un vecino de Tudela el año 1535, era un bilingüe que, pudiendo, prefería
utilizar el euskara antes que el castellano? De hecho, según declaró, Pedro Lopiz no era
euskaldun porque entre ellos nunca habían hablado en lengua navarra. Otro bilingüe, Pedro
delizondo, le hablaba en castellano a Pedro Lopiz, pero cuando en un grupo que conversaba
había euskaldunes desconocedores del castellano, Pedro Lopiz necesitaba de un intérprete. En
dicho grupo, a la vista está, había euskaldunes monolingües, bilingües y Pedro Lopiz. Pues
bien, los euskaldunes que no sabían castellano no tenían ningún problema, el idioma castellano
no se les sobreponía. Es decir, el problema era de quien no sabía euskara. Hablamos de
Tudela en 1535.
Por su parte, el joven agricultor Pedro de Petillas sabía firmar, estaba alfabetizado. Un día, el
zamorano Pedro Lopiz le explicó su preocupación: no sabía euskara y ésto, en su trabajo, era
negativo. Quien no sabía castellano no iba a la casa del veterinario con un intérprete, con un
bilingüe, kia, el problema lo tenía el zamorano. Se suponía que tenía que saber euskara, y éste
es precisamente el consejo del joven Pedro de Petillas: que Lopiz aprenda euskara. Algo que le
parecía lógico, evidente, un exigible perfil lingüístico para trabajar en Tudela en el siglo XVI.
Lo que hoy no se acepta oficialmente en, por ejemplo, sanidad o abogacía para ningún lugar de
la comunidad foral, léase bien, ningún lugar, se consideraba en cambio lógico para Tudela por
sus propios vecinos en 1535. ¿Cuál era entonces la situación de la lengua navarra? A veces se
constata, en algunos libros de historia, el tópico que ve al euskara como algo extraño en la
Ribera. En cambio, numerosos datos como el expuesto evidencian el uso y defensa de la
lengua de los navarros por los habitantes de las márgenes del Ebro a lo largo de su historia.




Erlantz Urtasun. Iruñea

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