Radiografía del empresario navarro detenido con ayuda de la Interpol: un "Gil sin carisma" que compraba votos con jamones





Por El Cierre Digital: 

Ramón Lázaro y otras seis personas detenidas este lunes por la Policía Nacional están acusadas de pertenencia a organización criminal, corrupción entre particulares, blanqueo de capitales, apropiación indebida, fraude en subvenciones, alzamiento de bienes, falsedad documental, estafa y delitos contra la Hacienda Pública.

Lo más comentado de las elecciones municipales de 2019 en Corella, una localidad ribera de poco más de 8.000 habitantes, no fue el resultado de las urnas ni los pactos posteriores. Durante meses, vecinos y adversarios políticos repitieron una escandalosa anécdota que acabaría convirtiéndose en parte inseparable de la leyenda local de Ramón Lázaro: que estaba regalando paletillas de jamón a cambio de votos. Aquel joven empresario logró 181 apoyos, insuficientes para entrar en el Ayuntamiento, pero suficientes para consolidar una notoriedad que no ha dejado de crecer desde entonces.

Siete años después, el nombre de Lázaro vuelve a ocupar titulares, aunque esta vez por motivos mucho más graves. La Policía Nacional le detuvo este lunes junto a otras seis personas en una operación desarrollada con apoyo de Europol e Interpol. Los arrestados están siendo investigados por presuntos delitos de pertenencia a organización criminal, corrupción entre particulares, blanqueo de capitales, apropiación indebida, fraude en subvenciones, alzamiento de bienes, falsedad documental, estafa y delitos contra la Hacienda Pública. Los agentes realizaron registros, bloquearon inmuebles, vehículos y productos financieros e intervinieron dinero en efectivo. Entre los lugares registrados figuraba el domicilio fiscal del empresario corellano.

La detención supone el último capítulo de una trayectoria pública marcada por la polémica. Hijo de una familia acomodada vinculada históricamente al sector de la construcción, cuyo entorno empresarial participó en proyectos tan relevantes como el desarrollo urbanístico de Camaretas, en Soria, Lázaro comenzó a destacar siendo muy joven. Personas que le conocen desde la adolescencia describen una personalidad impulsiva y polémica. Su salto a la vida pública llegó inicialmente a través de la política, siempre en posiciones situadas a la derecha de UPN y posteriormente en espacios próximos a la ultraderecha.

Antes de presentarse en solitario en Corella, había encabezado la candidatura de Iniciativa por la Ribera en 2015, obteniendo apenas 76 votos. Cuatro años después volvió a intentarlo con un resultado algo mejor, aunque igualmente insuficiente para obtener representación. Durante esos años también estuvo vinculado a la extinta formación Derecha Navarra y Española y posteriormente fue relacionado con Vox. Su discurso político se caracterizaba por posiciones muy duras en materia migratoria, una circunstancia que muchos críticos consideraban contradictoria teniendo en cuenta que buena parte de la mano de obra de las empresas relacionadas con su entorno procedía precisamente de la inmigración.

Ramón Lázaro en Villafranca

Su actividad empresarial tampoco estuvo exenta de conflictos. Durante años, organizaciones sindicales, colectivos vecinales y grupos políticos denunciaron las condiciones laborales existentes en empresas vinculadas a su nombre. El caso más conocido fue el enfrentamiento con la CNT tras el despido de dos socorristas en las piscinas municipales de Villafranca durante el verano de 2020. El sindicato inició una campaña pública bajo el lema "Gestión y Eventos Lázaro, paga lo que debes", denunciando despidos improcedentes y vulneración de derechos laborales.

La respuesta del empresario fue acudir a los tribunales. Presentó querellas por injurias y calumnias contra sindicalistas y representantes públicos que apoyaron las protestas. Sin embargo, la Justicia no apreció delito alguno en aquellas críticas y terminó archivando las denuncias. Paralelamente, Lázaro fue condenado por el despido improcedente de los trabajadores. Durante aquellos años también recibió críticas desde formaciones como la Agrupación Independiente de Villafranca o la Agrupación Fiterana Independiente, que cuestionaban la adjudicación de contratos públicos a empresas de su entorno en municipios gobernados mayoritariamente por UPN en Navarra o por el PP en La Rioja.

Pero fue el deporte el que terminó convirtiéndole en una figura conocida para toda Navarra. En junio de 2022 adquirió el CD Tudelano, una entidad histórica que atravesaba una situación límite. El club acumulaba aproximadamente 1,5 millones de euros de deuda y se encontraba al borde de la desaparición. Lázaro asumió el control prometiendo estabilidad económica y un nuevo proyecto deportivo. Poco después extendió su influencia al fútbol sala al convertirse también en presidente del Ribera Navarra, entonces integrante de la máxima categoría nacional.

La llegada del empresario a ambos clubes estuvo acompañada desde el principio por conflictos judiciales, enfrentamientos internos y una intensa exposición mediática. Uno de los casos más conocidos fue el protagonizado por el histórico capitán del Tudelano, Fernando Delgado. El futbolista sostuvo que existía un acuerdo verbal para rescindir su contrato, mientras que la entidad presidida por Lázaro defendió la vigencia del mismo. El litigio acabó en los tribunales y Delgado fue condenado a indemnizar económicamente al club.

Poco después se produjo el caso contrario. El jugador de fútbol sala Álex García Ruano denunció al Ribera Navarra por despido improcedente tras ser apartado antes de finalizar su contrato. El Juzgado de lo Social dio la razón al deportista y condenó a la entidad a pagar más de 23.000 euros de indemnización.

Escándalo en una notaría

La tensión constante alrededor de Lázaro alcanzó uno de sus momentos más surrealistas en mayo de 2025 durante una negociación para vender el Tudelano a un grupo empresarial valenciano. La reunión se celebraba en una notaría de Tudela cuando, según diversas versiones, una discusión acabó con el empresario colocando un abrecartas en el cuello de uno de los negociadores. La Policía intervino y procedió a su detención. Aunque posteriormente negó públicamente los hechos y denunció una campaña para desacreditarle, la imagen del presidente de un club de fútbol implicado en un incidente de esas características tuvo un enorme impacto mediático.

Aquella no fue la única controversia reciente. La Oficina de Buenas Prácticas y Anticorrupción de Navarra abrió una investigación por las subvenciones concedidas por el Ayuntamiento de Tudela gobernado por el polémico Alejandro Toquero (UPN) al CD Tudelano durante los ejercicios 2022 y 2023. El organismo observó indicios de posibles irregularidades después de comprobar que el club mantenía una deuda cercana a los 75.000 euros con el propio consistorio, circunstancia que en principio le impedía acceder a determinadas ayudas públicas. A pesar de los reparos formulados por Intervención, las subvenciones terminaron concediéndose, motivo por el que se abrió una investigación específica.

Paradójicamente, la operación policial llega en el momento de mayor actividad de Lázaro en el mundo del deporte. Durante las últimas semanas era noticia por cuatro asuntos diferentes. Acababa de anunciar la venta del CD Tudelano y preparaba la presentación pública de los nuevos propietarios. Al mismo tiempo intentaba desprenderse del Ribera Navarra, recién descendido a la categoría de plata, llegando incluso a ofrecer el control de la entidad por un euro a quien garantizara un plan de viabilidad. Paralelamente negociaba su posible entrada en el Xota, uno de los clubes históricos del fútbol sala navarro, y mantenía conversaciones relacionadas con el Córdoba Patrimonio para hacerse con su control. 

La detención amenaza ahora con alterar todos esos movimientos. También golpea una imagen pública construida durante años alrededor del conflicto, la polémica y una capacidad casi inagotable para sobrevivir a los escándalos. Porque si algo ha caracterizado la trayectoria de Ramón Lázaro es su resistencia a darse por vencido.

Hace apenas unos meses intentó añadir un nuevo capítulo a esa historia presentándose a la presidencia del club de fútbol de su localidad natal, el Corellano. No lo consiguió. Una vez más, los socios le cerraron la puerta. Como ya ocurriera en sus sucesivos intentos de asaltar la política municipal de Corella, la ciudadanía volvió a darle la espalda. Esta vez, al menos, sin jamones de por medio.