La reciente crisis del agua potable en Castejón ha dejado más preguntas que certezas y ha abierto un frente político que compromete la gestión histórica de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en el municipio. Aunque el Ayuntamiento ha confirmado ya la vuelta a la normalidad en los parámetros de potabilidad, el episodio ha evidenciado carencias estructurales y fallos en la comunicación que han generado inquietud vecinal.
Durante varios días, los vecinos convivieron con la incertidumbre tras detectarse niveles bajos de cloro y alteraciones bacteriológicas. La recomendación de no consumir agua del grifo llegó después de que algunas fuentes ya estuvieran precintadas, lo que alimentó la sensación de desinformación. Desde Izquierda Unida Contigo Castejón se ha criticado precisamente ese retraso en trasladar la alerta, cuestionando la transparencia en un asunto de salud pública.
Más allá de la gestión puntual, el problema ha puesto el foco en el estado de las infraestructuras. Uno de los depósitos lleva años fuera de servicio y, según el propio Ayuntamiento, no había recibido el mantenimiento adecuado. Este hecho introduce un elemento clave: no se trata solo de una incidencia técnica, sino de las consecuencias de una gestión acumulada en el tiempo.
La alcaldesa, Noelia Guerra, ha defendido que se actuó siguiendo criterios técnicos y con prudencia. Sin embargo, la crisis ha evidenciado debilidades en el sistema de abastecimiento que ahora obligan a una revisión urgente.
