Febrero de 2008. Javier Bardem recibe el Oscar a mejor actor de reparto, olvida el inglés y se dirige a su madre, Pilar, emocionada en un teatro de Los Ángeles: "Mamá, esto es para ti. Esto es para tus abuelos, para tus padres Rafael y Matilde. Esto es para los cómicos de España que han traído como tú la dignidad y el orgullo a nuestro oficio. Esto es para España". 

En esa España alejada de la caricatura de la caverna brillaban personas como Pilar Bardem. La actriz nos dejó anteayer a los 82 años después de haber sostenido durante décadas un discurso digno y contestatario del que algunos, casi siempre los cómplices menos ilustrados de las élites, se vengaron con calificativos como "puta", "roja" o "subvencionada".

 

Arriba y abajo

La Bardem, matriarca de una glosada saga de artistas, no se olvidó de los de abajo ni cuando le iba bien. En 2017 se llevó un premio en el Festival Internacional del Cine del Sáhara y se acordó de La Moncloa y Zarzuela de Mariano Rajoy y Felipe VI con su tono entre irónico y bronco.

"Cobro una pensión de mierda que no me llega para nada. Yo me avergüenzo de este país en el que vivimos, me avergüenzo de este Gobierno y me avergüenzo del jefe de Estado que tenemos", afirmaba la actriz. 

Hoy, hoy y hoy

Bardem, que soñaba con la III República, no esperaba al mañana, compadreo, porque creía en el hoy, batalla. 

A favor de ese 'hoy' navegará cualquiera que se atreva a nadar a contracorriente. Para que nos sigan llamando "putas", "rojas" y "subvencionadas". 
"Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde. Ahora". Antonio Machado.
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