Dentro de unos días se cumplen dos años del triunfo por mayoría absoluta de Navarra Suma en las elecciones municipales de Tudela y es hora de hacer balance sobre la primera mitad de una legislatura muy bronca. Repasemos 15 claves sobre el tablero político de la capital ribera. 

1- Ruptura de consensos

Dos dinámicas podemos detectar de estos dos primeros años de legislatura: se han roto los consensos en tres de las principales pistas políticas riberas (Ayuntamiento de Tudela, Consorcio Eder y Mancomunidad de la Ribera), y se han evaporado ciertos aires regeneracionistas en el plano institucional (se han subido sueldos, se ha restaurado la 'dedocracia' como sistema de elección de personal público, se han aparcado los presupuestos participativos y se ha retornado la opacidad sobre asuntos como el que afecta a Fernando Ferrer, vinculado empresarialmente con uno de los contratistas del Ayuntamiento de Tudela hasta que lo contó e-Ribera.com). 

2- 'Mourinhismo'

Na+ ha apostado por una tactica comunicativa 'mourinhista' que se evidenció en los ataques públicos de Ferrer al Diario de Noticias a cuenta de informaciones de Fermín Pérez-Nievas sobre la Mancomunidad de la Ribera, el enfado expresado en público por Jesús Manrique de Diario de Navarra sobre una información falsa del propio Ferrer respecto a una votación de la permanente del mismo organismo, las protestas de Ana Laura de Diego de Cadena SER Tudela por la ausencia del alcalde Alejandro Toquero en sus micrófonos a pesar de haberse comprometido o los numeroso ataques en público y privado de miembros de Na+ contra e-Ribera.com, menospreciado por la cuenta de Facebook de UPN Tudela y del que Fernando Ferrer dijo en una Junta de Gobierno que le poníamos cosas en su boca que no había dicho cuando le llamamos para preguntarle sobre sus vínculos con un contratista del Ayuntamiento y la Mancomunidad (menos mal que lo tenemos grabado). 

E-Ribera.com tampoco parece ser del gusto de Alejandro Toquero, que nos lo hizo saber hace unas semanas por teléfono, se niega a concedernos una entrevista y nos ha llegado a bloquear en Twitter a pesar de no haber interactuado nunca con él a través de esta red social. 


3- La izquierda, en shock

El triunfo por mayoría absoluta de Na+ en Tudela dejó en shock al bloque progresista, que interiorizó una sensación de supuesta 'injusticia' sobre los resultados por tres asuntos: la creencia de que la gestión basada en la ética y la transparencia iba a premiarse con más fuerza en las urnas, la agresiva estrategia comunicativa de UPN en su papel de oposición frente al buenismo tecnócrata del tripartito, y la percepción de que la fragmentación de la izquierda había entregado a Toquero al decisivo concejal número 21 de la corporación. 

4- Bajas

El triunfo conservador, totalmente lícito, se agravó con la orfandad que generó el adiós de Eneko Larrarte al Ayuntamiento de Tudela (y el del concejal que iba a ser su mano derecha en materia comunicativa, David Martos). 

5- ¿Es Tudela de izquierdas?

Parte de la izquierda ribera cree que Tudela ha sido siempre 'roja'. Pero lo cierto es que la ciudad, al igual que ocurre en muchas capitales medianas de provincia españolas, solo ha girado inequívocamente a la izquierda en momentos con apariencia trascendental o de proceso consituyente, que son las que sacan a jóvenes abstencionistas de la abulia política: las municipales de 1931 que posteriormente llevarían a la alcaldía a Aquiles Cuadra, las de 1979 en las que el PSN-PSOE ganó con una ikurriña en los pueblos riberos o las de 2015, marcadas por los aires del 15M, en las que Larrarte se hizo con la vara de mando. 

6- Tendencias en el bloque conservador

Hay que recordar que los 11 concejales logrados por Na+ en 2019 no son el techo conservador: Toquero no alcanzó ni siquiera el 45% del voto mientras que UPN rondó o superó el 50% en 1999, 2003 y 2007 tras sumar 12 concejales en vez de los 11 de Na+. Es decir, el bloque conservador tiene potencial de crecimiento de cara a 2023 y cabe recordar que la coalición integrada por UPN, PP y Cs superó el 50% en Tudela en las autonómicas de mayo de 2019 (y que las derechas mejoraron ligeramente sus resultados en la ciudad en las elecciones de noviembre de 2019 respecto a las de abril de ese mismo año).

7- Tendencias en el bloque progresista

Otro asunto interirizado en ciertas fuerzas progresistas es que la previsible unión de Batzarre, Izquierda Unida y Podemos de cara a 2023 otorgarán al bloque progresista su concejal número 11. Pero lo cierto es que es probable que esta previsible confección de Unidas Podemos marcada desde Pamplona no alcance siquiera los números en solitario de Izquierda-Ezkerra, que quizás tocó techo en 2019 y pudo recibir una prima electoral por el 'efecto alcalde' que quizás en dos años revierta a PSN-PSOE u en otras fuerzas de izquierda alternativa.

8- El PSN-PSOE podría crecer

El PSN-PSOE ha encadenado dos suelos consecutivos en 2015 (por la nueva política) y 2019 (por el 'efecto alcalde') y quizás en dos años levante el vuelo tras conformarse con solo tres concejales. En el Paseo de Sarasate al menos parecen haber comprendido que el socialismo tudelano tiene que repeler los ataques de Na+ y que su grupo municipal en la capital ribera, ahora bajo el liderazgo de Ángel Sanz, necesita estabilidad tras dos elecciones marcados por sorpresivos cambios de últimas hora que evidenciaban inseguridad y falta de vida interna. 

9- Progresismo templado

El equipo de Izquierda-Ezkerra se ha consolidado como digno heredero de la política que llevó a cabo hasta 2015 Milagros Rubio. La coalición liderada por Olga Risueño otorga mucha importancia a la gestión y no suele apostar por los aspavientos, la gestualidad impostada, las performances de la nueva política o las hipérboles. Gracias a esta contención, IE puede retener amplias capas de voto templado que suelen caer en la tentación socialista a cuenta del voto útil. 

10- Batallas que no se dan

Cierto es que estas formas moderadas de Izquierda-Ezkerra conllevan que parte de la izquierda alternativa tenga la percepción de que esta coalición no da la batalla en las pistas lejanas a las instituciones a pesar de que pueden tener más trascendencia electoral que los plenos. Parte de IE puede pensar que esa izquierda es más ruidosa que numerosa. Pero desdeñarla podría suponer un error.

11- ¿Cabeza o pies?

La sosegada estrategia mediática de IE provoca que los 'carnívoros políticos' perciban que el menú que ofrecen Batzarre e Izquierda Unida, que retuitean verduras y deportes, es demasiado bajo en proteínas y que un sector de la izquierda ortodoxa crea que la coalición debería ser más contestaria o menos acomplejada a la hora de interpelar a Navarra Suma sobre varios escándalos que han salpicado esta legislatura relacionados a miembros del equipo de Gobierno. Es cierto que la izquierda institucional tudelana siembre navega en la eterna duda: o taparse la cabeza con la manta o cubrirse los pies. Es decir, girar a la izquierda o buscar el centro. 

12- Partidismo

Es evidente que los partidos políticos actuarán en favor de la fragmentación del espacio progresista ribero. Y es legítimo hasta cierto punto porque hay que entender que Unidas Podemos, que en 2023 aspirará a consolidar su espacio en el Parlamento de Navarra y a recuperar su voz en el Ayuntamiento de Pamplona, solo aparcará su papel subalterno respecto a otras fuerzas de izquierdas en el consistorio tudelano (única gran plaza navarra en la que a priori esta coalición tiene opciones de liderar uno de los dos bloques del eje derecha-izquierda).

13- Enigma 

Uno de los grandes enigmas de 2023 es cómo percibirá la población tudelana la polarización incentivada desde UPN, que en otras ocasiones ha coleccionado mayorías sin tensar la cuerda. Ahora lo han hecho con la Carta de capitalidad, que puede ser contraproducente para Alejandro Toquero si tiene intención de mantener una carrera política más o menos larga. La política es una carrera de fondo y los sprints, a no ser que se viva en un 'momento leninista' como 2015 o se disponga de una gran ventaja por falta de competitividad del rival, no suelen recibir premios. 

14- La Ribera, campo de batalla de la pelea entre Na+ y PSN-PSOE

Javier Esparza sabe que su crédito político se agotará en 2023 si a la tercera no pisa moqueta. Es evidente que Navarra tras el final de ETA está navegando de la teoría de los quesitos al eje derecha-izquierda y este asunto preocupa al bloque conservador (que no llega al 40% del voto en la Comunidad Foral y, a excepción de Tudela y Cintruénigo, tendría dificultades para gobernar ni uno solo de los veinte municipios navarros más poblados). 

Cierta derecha quiere desgastar al PSN-PSOE tras comprar una teoría macabra: Chivite está entregada a EH Bildu y el Gobierno de Navarra margina a la Ribera porque el dinero de las infraestructuras tudelanas va a parar a los supuestos chiringuitos septentrionales del euskera. La intención de Na+ parece ser que el nacionalismo vasco sorpasse a Chivite para que los socialistas, si no se quedan con el balón al igual que pasa en Pamplona, prefieran gobiernos de Na+ a que Ferraz tenga que aguantar los palos de ABC y compañía sobre la supuesta venta de Navarra a los presuntos 'herederos políticos' de ETA. 

Cierto es que esta teoría infantil es cada vez más estéril a nivel estatal y autonómica, pero no lo es el victimismo ribero o el chauvinismo populista. Y a esta batalla contribuye Na+, que busca el tobillo de Chivite a cuenta de cualquier asunto. ¿La clave? Maya no puede hacerlo porque le debe el sillón al PSN-PSOE y Toquero, único valor de emergente en un UPN sin banquillo de cara al probable 'postesparcismo', parece haber asumido el liderazgo mediático en las filas regionalistas. 

15- Cabeza, pies y centro

La ecucación que tiene ante sí la izquierda tudelana solo parece tener una solución en la que se puedan conjugar los apoyos del centro-izquierda y la izquierda alternativa extraparlamentaria que está partida en tres en la capital ribera (EH Bildu, ARIZ y Geroa Bai). 

Es cierto que a Unidas Podemos le valdría retener su posición sosegada para mantener su preponderancia sobre el PNS-PSOE. Eso sí, si pretende gobernar necesitará absorber los votos de la izquierda más ortodoxa y abrevar en los caladeros centristas. 

Y para ello, cabeza y pies, la única fórmula de éxito contrastada incluso en municipios riberos con voto tradicional más conservador incluso que Tudela son las agrupaciones independientes que integren nombres relacionados con partidos, pero no tengan vinculación directa ni subordinación a estos. 

Este tipo de proyectos, si se hacen con discursos transversales y cuentan con líderes con cierto carisma, empapan muy bien en los amplios caladeros antipolíticos (que casi siempre se decantan por listas conservadoras). 

La izquierda de Tudela debería fijarse en la Alternativa Corellana Independiente (ACI) y Cambiemos Buñuel, que han destrozado las tendencias conservadoras de ambas localidades y han ensanchado el espacio progresista hasta límites que parecen imposibles (más del 67% de los ciudadanos de Buñuel se decantaron por fuerzas de centro-izquierda en las elecciones municipales de 2019 a pesar de que solo el 50% votó progresista en las forales de ese día en la localidad, mientras que en Corella casi el 60% votó progresismo en las municipales y solo el 45% en las autonómicas). 

ACI y Cambiemos Buñuel, con sus aciertos y sus errores y bajo el liderazgo de dos personas que despiertan simpatías en sectores centristas y respeto en filas conservadoras, deberían ser el espejo en el que la izquierda alternativa tudelana se fije (que aun así también tendría que tener en cuenta que los proyectos de UPN en Corella y Buñuel llevan varios años carbonizados y ayunos de liderazgo). 

Para adaptar estos modelos la izquierda tudelana debería comenzar a construir de abajo a arriba, romper siglas, dejar de mirarse al ombligo, pensar en el interés común y no hacer seguidismo de los intereses marcados desde Pamplona. Es difícil que se den estas condiciones, tanto en Unidas Podemos como en los partidos a la izquierda de la coalición. 

Un 'Por Tudela' podría ser la fórmula idónea y, de no darse la posibilidad, las tres izquierdas extraparlamentarias quizás deberían estudiarla para comerse los restos y sumar un concejal si consiguen, con un buen candidato, otorgarse percepción de viabilidad (la ciudadanía rara vez confía el voto a listas que luchan por sobrevivir a no ser que estas tengan cierta traidición).

Aunque también es comprensible que las fuerzas que componen esta izquierda más ortodoxa tengan legítimo interés de presentarse, ya sea por visibilizarse o por la creencia de que las municipales y forales se vota en pack y no hay que regalar ni un solo voto a otras filas progresistas en la encarnizada lucha por una medalla de plata en Navarra que podría dar el trono del próximo Gobierno. Sea como fuere, la unión hace la fuerza. 

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