Repasemos la situación económica en trece apuntes en sucio: 

Clave número 1:

Las élites globalistas no se atreven a cometer el segundo austericidio en trece años en Europa por miedo a una rebelión ciudadana (y porque tampoco les hace falta ya que la economía se ha convertido en un videojuego financiero sin reglas ni lógica tras la pérdida del patrón oro y tras la caída del contrapeso del Este). 

Esta vez la Reserva Federal de los EEUU y el BCE de la UE han apostado por una saludable política monetaria expansiva que quizás acabe convirtiéndose en excesiva si no se para la máquina de imprimir billetes de los EEUU (ver gráfico).

El Gobierno estadounidense, tanto con Donald Trump como con Joe Biden, ha tenido el acierto de meterle dólares a la ciudadanía en el bolsillo para acrecentar la velocidad del dinero y estimular el consumo (hecho que de prolongarse podría elevar la ya visible inflación  y provocar que salte por los aires una criptoburbuja que podría estallar en unos meses con la misma lógica que se hicieron añicos las 'puntocom' hace dos décadas tras cronificar el humo en vez de reportar beneficios). 

Clave número 2: 

En Europa el dinero no irá a parar directamente al bolsillo del ciudadano, sino que las élites empresariales harán de colador y podrían dejar sin agua a los más débiles porque utilizarán las toneladas de billetes en pagar sus deudas a cambio de mantener empleos e impulsar proyectos que serán aceptados sin ningún tipo de criterio. En vez de ayudar a la Next Generation se podría financiar a la 'Old Generation', que en vez de digitalizar se dedicará a ejecutar proyectos analógicos (véase en Navarra el TAV, que se zampará la mayor parte de los fondos europeos para alegría del establishment y desgracia de las generaciones futuras). 

Clave número 3: 

Menos del 10% de la población mundial vive en Europa, cuyos ciudadanos sin embargo disfrutan de más del 50% del gasto social a nivel global. Este feliz hecho (sumado al envejecimiento, baja natalidad y falta de apuesta en la mayoría de sus países por el I+D) conllevan que el Viejo Continente sea escasamente competitivo ante los países emergentes que viven de exportar productos de bajo valor añadido gracias a una semiesclavitud legitimada por Occidente (que se niega a hacer un dumping social que perjudicaría a los intereses globalistas con la excusa de la solidaridad y de una mano invisible que casi siempre es egipcia). 

Clave número 4: 

En vez de incentivar que los países emergentes copien los derechos humanos que reciben los ciudadanos de la UE, Europa quiere igualarse con los países emergentes realizando unos salvajes recortes que en vez de presentarse con mala cara bajo el epígrafe 'condicionalidad estricta' en Sanidad, Educación y Pensiones, 2008, nos llegan como 'condicionalidad blanda' impositiva, 2021. El asunto es que los recortes de hace trece años siguen siendo recortes en el día de hoy (aunque hay que reconocer que las políticas dietéticas de 2021 en poco se parecen a las austericidas de 2008). 

Clave número 5: 

Los ciudadanos españoles sufren cinco puntos menos de presión fiscal que sus homólogos europeos (y los navarros nueve porque el Ejecutivo foral sueña con convertirse en Liechtenstein y hunde los impuestos con ayuda de los fueros para competir con Madrid mientras Tierra Estella, Sakana y Prepirineos están peor que Extremadura en los años treinta del siglo pasado porque no hay ni un real para infraestructuras y menos aun desde que UPN se dedicó a financiar las existentes con unos peajes en la sombra que desprenden muy mal olor). 

El Gobierno de España sabe que debe apostar por la justicia fiscal, y conseguir que las élites paguen los impuestos que deben, y por frenar en seco a los yankees que con la careta de economía colaborativa están reinventando con anglicismos la esclavitud de antaño mediante dos recetas medievales: no pagar la Seguridad Social de ningún trabajador y practicar la ilusión fiscal por decreto. 

Clave número 6: 

El Gobierno de España teme que las élites rojigualdas, siempre tan poco patrióticas, se nacionalicen andorranas y que Estados Unidos nos frene la exportación de productos alimentarios. Es por ello que los recortes antisociales se harán vía subida de impuestos contra las familias, que pagan tres de cada cuatro euros de los impuestos que recauda el Estado español. 

Clave número 7: 

El PSOE y Unidas Podemos pensaban que la covid-19 iba a destrozar el 'Gobierno histórico', pero el anuncio de que la UE riega a España con una quita parte del fondo total, 140.000 millones en seis años (la mitad en ayudas directas), parecía regalar un bote salvavidas para ambos partidos (que, con cierta lógica, aplaudieron su llegada). 

Pero ni Sánchez ni Iglesias parecían querer interesarse por la letra pequeña del supuesto megaplan de transición ecológica y digital apoyado por Merkel y Macron que nos mete en el bolsillo más de la décima parte de nuestro PIB (hecho que ayuda a que Bruselas crea que el Estado español va a hacer de tractor de la economía europea con un crecimiento que rondará el 6% en 2021). 

Cierto es que este crecimiento podría no traer aparejada una bajada del paro porque el juvenil se ha cronificado, hecho que ha invitado a Sánchez a decir que quiere crear un millón de puestos para los más jóvenes.

Clave número 8: 

La llegada de los fondos Next Generation va a provocar que España vuelva a indundarse de proyectos improductivos y diseñados para trincar subvenciones cortoplacistas. Aun así hay que reconocer que esta cooperación público-privada puede ser un 'mal menor' ya que las garras privadas, al menos, garantizarán el cobro de los fondos (cosa que por desgracia no ha garantizado el sector público en nuestro país: España, una vez más, fue el país europeo que menos fondos estructurales y de inversión de la UE porque por su ineficaz clase dirigente apenas logró ejecutar en el periodo presupuestario 2014-2020 tan solo el 43% del monto que le autorizaron desde Bruselas). 

Clave número 9: 

Los Next Generation, tal y como señaló hace unas semanas un informe firmado por ELA, LAB o CGT, traen aparejada dos mecanismos: la compra de deuda pública y empresarial por parte del BCE, que apaga todos los fuegos de las élites. Y la suspensión del Pacto de Estabilidad 2020 y 2021 para que España, por ejemplo, haya nacionalizado los sueldos de empresas privadas a costa de endeudarse y de que los empresarios 'liberales' hablen de la improductividad del Estado del que viven, con más ínfulas y menos dignidad que los que cobran la renta mínima garantizada. Lo de siempre con las empresas privadas: se nacionalizan pérdidas y se privatizan beneficios. 

Clave número 10: 

El momento hamiltoniano del que habla la prensa (para intentar trazar un paralelismo entre los estados americanos que hace más de dos siglos tejieron lazos mediante deudas solidarias y la UE de hoy) puede acrecentar la asfixia de las clases medias españolas, que ahora acarrerán el pago por usar carreteras o el impuesto al diésel ('semos europeos', que diría Makinavaja, pero que va a repercutir en el carro de la compra con un argumentatario medioambiental que es una simple excusa para un Gobierno que ha aprobado una discreta 'ley de Cambio Climático'). 

Clave número 11: 

La izquierda alternativa europea o se ha pasado a los verdes, progresismo pop que se arrima al sol que más calienta, o no se enteran de nada porque han perdido el oremus económico tras pasar del materialismo histórico al pensamiento mágico. Este hecho facilita que se consolide la teoría de 'El fin de la historia', el mercantilismo sustituye a la lucha de clases, y que las élites tengan capacidad de machacar al débil con otra de las 'doctrinas del shock' teorizadas con acierto por Naomi Klein (que detectó la facilidad con la que el poder realiza salvajes recortes en épocas de catástrofes porque la ciudadanía está en la inopia y cree en la buena voluntad de sus gobernantes, casi siempre mercenarios del poder económico). 

Clave número 12: 

España destruyó 360.000 puestos de trabajo en 2020 y en el segundo semestre de 2021 podría recuperarlos (y este año parece que Yolanda Díaz se va a tomar en serio la temporalidad de nuestro sistema de trabajo, relacionadas ambas con un turismo de bajo valor añadido que busca la cantidad de turistas, que pagan bajas facturas, en vez de la calidad). 

Eso sí, el problema endémico laboral español quizás impida crear nuevos puestos de trabajo en 2021 y obligue al Ejecutivo a dinamizar consumo en 2022 mediante una herramienta que ya ha sido utilizada con acierto en los últimos años: la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Este es un eficaz insecticida contra el principal problema del sistema de trabajo español: la precariedad. 

Cabe recordar que la Zona Euro tiene una media de paro del 8%, España supera actualmente el 15% y no baja de las dos cifras desde el primer trimestre del 2008. 

Clave número 13:

Más difícil tendrá el BCE de utilizar el día de mañana su herramienta estrella si ve necesaria 'enfriar la economía' mediante la subida de tipos de interés porque esta decisión podría arrastrar a los endeudados países, que seguirán en bancarrota hasta que no haya un acuerdo global para resetear la economía (a la vez que se podría implantar la renta básica y tomarse por fin en serio los problemas del tercer mundo y los medioambientales). 

La izquierda socialdemócrata y verde tiene un problema

La creciente analfabetización económica de parte de la izquierda verde y socialdemócrata se demuestra con la desidia que muestran hacia los asuntos económicos. Algunos oportunistas parecen creer que los males del mundo se arreglan lanzando guiños clicktivistas a mujeres, plantas y todo lo que crean que está de moda (como si el feminismo y el ecologismo fuese un producto más a mercantilizar, que es lo que parecen pensar Ana Patricia Botín o Ana Rosa Quintana con sus discursos 'ecofeministas' de salón). 

Como siempre: ante la duda, Marx. Y al final los partidos de origen marxista debieran dejarse de estrategias socialdemócratas por intereses electoralistas y volver a mirar al norte. Es decir, al inicio del 'Manifiesto del Partido Comunista' de Karl Marx y Friedrich Engels: 

"Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes".

Amén. 


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