España es uno de los pocos países europeos donde los luchadores antifranquistas son considerados terroristas. Y el único donde se puede ser considerado demócrata sin ser antifascista (de hecho, muchos de los que reparten carnés de demócratas son neofranquistas).

Ambas situaciones explican cierto ruido visibilizado ayer en las redes sociales por parte de cierta prensa mediática madrileña contra Julen Madariaga, que fundó ETA cuando la mayoría miraba para otro lado ante la asfixiante violencia del franquismo (que tuvo continuidad con terroristas con sueldo público como Enrique González Galindo, protegido por el PSOE de Felipe González y homenajeado por Vox).

Madariaga, posteriormente, creyó que ETA debía abandonar la violencia, y no lo decía simplemente por motivos estratégicos sino porque creía que se estaba eternizando un frente que se había quedado anacrónico.

El histórico nacionalista finalmente se uniría a Aralar, que marcó el camino que con tanto éxito electoral está recorriendo Euskal Herria Bildu. Y ayer falleció a los 88 años. Goian Bego. 

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