Tessa Koumoundouros para Science alert 

Traducido por Eva Calleja

En nuestra sociedad existe la idea generalizada de que la naturaleza es algo que está allá afuera, que es algo distinto a lo que somos nosotros como humanos. Desde los textos religiosos que enseñan que Dios otorgó a los humanos el dominio de la Tierra, a la literatura futurista que describe la naturaleza como nuestro pasado y a el ingenio y la tecnología humana como nuestro futuro, la historia de que los humanos están por encima, o son incluso superiores a la naturaleza está profundamente arraigada. Puede decirse que esta separación, esta otredad de la naturaleza, ha permitido nuestra destrucción desenfrenada del resto del mundo vivo, e incluso ha llevado a afirmar que nuestra naturaleza humana es incompatible con la naturaleza misma. 

Ahora un importante estudio internacional que abarca la geografía, la arqueología, la ecología y la conservación se incorpora al gran número de ciencias que muestran esta idea como la mentira que es. Los investigadores encontraron que durante gran parte de nuestra historia, la humanidad ha vivido en equilibrio con nuestro mundo, a pesar de haber alterado la mayor parte de la superficie terrestre de la Tierra mucho antes de lo que pensábamos. “Las sociedades usaron sus paisajes de maneras que mantenían la mayor parte de la biodiversidad nativa e incluso aumentaban su biodiversidad, productividad y resiliencia”, dice Erle Ellis ambientólogo de la Universidad de Maryland. 

Analizando reconstrucciones del uso histórico de la tierra por los humanos a nivel mundial y comparando esto con los patrones de biodiversidad, los investigadores encontraron que para 10.000 AEC los humanos habían transformado casi tres cuartas partes de la superficie terrestre de la Tierra, puedes ver un mapa interactivo de sus descubrimientos aquí. Esto cambia totalmente los modelos anteriores que sugerían que la mayor parte de la superficie terrestre seguía todavía inhabitada para 1.500 EC. 

“Tierras que ahora se clasifican como “naturales”, “intactas”, y “salvajes” generalmente exhiben largas historias de uso humano”, explicó James Watson conservacionista de la Universidad de Queensland. “Incluso hace 12.000 años, la mayor parte de la superficie terrestre de la Tierra había sido modelada por los humanos, más del 95 por ciento de las tierras templadas y el 90 por ciento de los bosques tropicales”. El modelado describe cambios a nivel sistémico que tienen efectos cascada ecológicos que incluyen resultados negativos como la extinción de la megafauna. Sin embargo estas intervenciones también aportaron funciones ecológicas importantes como la dispersión de semillas y la mejora de los nutrientes del suelo. 

Esto extendió los hábitats para otras especies de plantas y animales y aumentó la biodiversidad. No obstante, la problemática idea de que estamos separados de la naturaleza se ha infiltrado incluso en aquellos que están luchando para ralentizar su destrucción. “Hay un paradigma entre los naturalistas, conservacionistas y políticos de que la transformación de la naturaleza terrestre es mayormente reciente e inherentemente destructiva”, dice Watson. En los últimos tiempos ciertamente parece ser así, pero claramente esto no siempre ha sido de esta manera, la presencia humana no siempre ha causado que la vida a nuestro alrededor se debilite. 


Los investigadores afirman que en muchos lugares, mosaicos de paisajes diversos gestionados por personas fueron mantenidos durante milenios. Usaban estrategias como la plantación, la domesticación de animales y la gestión de ecosistemas de manera que hacían que el paisaje fuera no solo más productivo para nosotros, sino que también ayudaba a mantener una gran riqueza de especies. “Nuestro estudio encontró una fuerte correlación entre áreas de gran biodiversidad y áreas que llevaban mucho tiempo ocupadas por pueblos indígenas y tradicionales”, dijo Nicole Boivin, arqueóloga del Instituto Max Planck. 

“El problema no es el uso humano en sí mismo, el problema es la clase de uso del terreno que vemos en sociedades industrializadas, caracterizado por prácticas agrícolas insostenibles y por una apropiación y extracción absolutas. Además, áreas ahora consideradas naturales, regiones con alta diversidad en la actualidad, están mucho más relacionadas con este uso histórico de la tierra que con los patrones de uso actuales. 

“Necesitamos reconocer que algunas formas de actividad humana, particularmente las prácticas de gestión de tierra más tradicionales que vemos en los registros arqueológicos o las usadas hoy por muchos pueblos indígenas, son realmente vertebradoras de la biodiversidad. Necesitamos promoverlas y empoderarlas”, dijo Bovin. Darren Ranco antropólogo de la Universidad de Maine apuntó que aunque los pueblos indígenas gestionan alrededor del 5 por ciento de las tierras del mundo que actualmente contienen el 80 por ciento de la biodiversidad mundial, han sido excluidos de la gestión y del acceso a áreas protegidas como los parques nacionales de EE.UU. 

Estos descubrimientos dejan claro que necesitamos empoderar a los pueblos indígenas, tradicionales y locales que conocen sus tierras en maneras que la ciencia solo ahora está empezando a entender, explicó Ellis. Aunque nadie está sugiriendo que volvamos a las sociedades sin tecnología del pasado, la idea es aprender de los distintos modos de vida que tienen antecedentes probados de longevidad. Desde ahí, podemos encontrar maneras nuevas y mejores de avanzar con la ayuda de nuestras tecnologías avanzadas, y un punto importante de esto es reconocer que somos parte de la naturaleza como la naturaleza es parte de nosotros. 

Esta investigación fue publicada en PNAS.

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