El centro-derecha sigue teniendo un problema en Navarra. Y es que en la Comunidad Foral se produce un fenómeno que no se asemeja siquiera en ninguna otra autonomía española: más del 60% de sus ciudadanos votan a opciones que, al menos, son consideradas progresistas. 

Y este hecho obliga a Navarra Suma a agitar el fantasma de ETA para que el PSN-PSOE, tal y como está haciendo en Pamplona, 'compre' un ajado juego de los 'quesitos' que implica que, pase lo que pase, el poder está en manos conservadoras aunque no las vote siquiera ni el 40% de la población. 

Encuesta

El Parlamento de Navarra ha vuelto a encargar un sondeo a la UPNA, que ha elaborado un nuevo Navarrómetro que pronostica que el bloque de centro-izquierda, a pesar de su fragmentación, seguirá gobernando en la Comunidad Foral con treinta escaños de cincuenta posibles. 

El PSN-PSOE capitalizaría su liderazgo del Ejecutivo con un crecimiento de casi dos puntos que le aportarían un escaño extra. La lista liderada por María Chivite obtendría doce parlamentarios, Geroa Bai bajaría de nueve a ocho tras perder más de un punto, EH Bildu perdería más de medio punto pero seguiría con siete parlamentarios, y Podemos e I-E, que en 2023 presumiblemente estarán unidos, seguirían con dos y un representante. 

Por otra parte Navarra Suma volvería a ser la primera fuerza de la Comunidad Foral y repetiría resultados: 20 escaños. Javier Esparza cedería dos décimas respecto a las elecciones de 2019 y esta ligera caída iría a parar a manos de Vox, que aun así necesitaría doblar votantes para siquiera acercarse a tener representación en un tierra en la que ni siquiera cuenta con un solo concejal. 

Aun así Vox no ceja en su empeño y en las últimas horas ha sido noticia que llevará a los tribunales al portavoz parlamentario socialista Ramón Alzórriz, que, tal y como aseguraron fuentes cercanas al Ejecutivo a e-Ribera.com, se precipitó a culpar a la formación ultraderechista sobre las pintadas de Cintruénigo.
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