sábado, 9 de mayo de 2020

Domingo de confinamiento, lunes de after hour y martes de resaca







España cierra mañana el tramo serio del confinamiento tras casi dos meses de encierro global. A partir del lunes 11 cualquier ciudadano podrá acudir al bar de la esquina a pesar de que estamos en plena crisis sanitaria.

Por lo tanto, lo único que pasa a estar prohibido es formar corrillos en las calles. El Gobierno central ha decidido anteponer el economicismo sobre el humanitarismo y su prioridad, no vaya a ser que les llamen comunistas, es mantener el tejido productivo a cualquier precio.

Tardanzas y precipitaciones

El Gobierno central no supo anticiparse a la riada vírica, ha antepuesto la comunicación a la gestión, ha mentido de forma reiterada, y ha utilizado medios públicos para crear climas de opinión favorables a sus intereses.

Sánchez e Iglesias pueden encontrar tres justificaciones con las que no eluden sus responsabilidades: Fernando Simón y el resto de técnicos han demostrado una inutilidad ridícula (su capacidad para decir una cosa y la contraria es digna de estudio); las administraciones gobernadas por la derecha tampoco se anticiparon (Isabel Díaz Ayuso no compró ni un respirador, test o mascarilla antes de decretarse el estado de alarma); y los recortes populares en materia sanitaria han dificultado el envite.

Eso sí, la hemeroteca de Sánchez e Iglesias en relación a la crisis del ébola dificulta que desde los aledaños del PSOE y Unidas Podemos ahora se tenga una especie de hipersensibilidad respecto a las críticas que lanzan los partidos de la oposición.

Casado y Abascal

Es cierto que el PP y Vox pueden realizar todas las críticas del mundo, les pagamos para ello y la teoría de la oposición constructiva es digna de mentes profundamente antidemocráticas. Pero Casado y Abascal no pueden mentir.

Y no han hecho otra cosa: no es de extrañar en el Partido Popular, que ha puesto en riesgo de forma miserable e irresponsable la desescalada con una abstención en la votación del pasado miércoles que demuestra que el mantra de 'partido de Estado' es una más de las muchas mentiras que han fijado en el imaginario colectivo.

Casado y compañía, acostumbrados a ver la política como una actividad de la que servirse en vez de servir, han demostrado ser una banda de sujetos peligrosos que han llevado la crisis en la Comunidad de Madrid hacia un combate partidista liderado por Isabel Díaz Ayuso, saco de chapuzas dialécticas.

Vox no se queda atrás. Y no es de extrañar en un partido que antepone la rojigualda sobre el sentido común, que lanza mensajes venenosos contra los débiles (mujeres maltratadas o inmigrantes), y que no ha sido capaz en seis años de trayectoria de elaborar un discurso social siquiera digno para sus compatriotas (que las van a pasar muy putas y no pueden desayunar bandera todos los días).

Precipitación

El Gobierno central se ha equivocado al precipitar la desescalada. La falta de test en España obliga a utilizar la herramienta del confinamiento como el único método útil para contener al virus. Pero la euforia colectiva egoísta y el rugido de la derecha, a la que parece importarle más el cierre de un bar que la muerte de sus conciudadanos, ha contribuido a ello

La única esperanza que puede tener el españolito medio es que el recetario social de PSOE y Unidas Podemos garantiza que nadie se quede atrás... por el momento. Porque es evidente que un país tan endeudado como España va a pedir dinero y Europa le va a poner unas condiciones leoninas.

Estas obligaciones, marca de Bruselas, supondrán un test de estrés para Podemos, que quizás haga saltar la legislatura por los aires para salvar sus principios. O tampoco. Es evidente que vamos a un estadio político con elecciones a finales del 21.

Y en ese escenario el actual Gobierno podría contar con varias ventajas: el PSOE podría aumentar voto porque en etapas de inestabilidad la ciudadanía apuesta por valores conocidos, el discurso social de Podemos es la única doctrina viable para la ciudadanía, y el PP y Vox, lastrados por un populismo que les alejó del centro y les llevó por cinco veces a la derrota en 2019, no deja demostrar su miopía al ver comunismo en medidas proteccionistas tomadas por países escasamente bolcheviques como los Estados Unidos.

Comunismo

Cada vez que la derecha habla de comunismo demuestra dos cosas: o que son unos malvados que pretenden asustar al personal más iletrado, o que son unos idiotas que no saben lo qué es el comunismo occidental del siglo XXI (mezcla de populismo cristiano, socialdemocracia de finales del XIX, humanismo marxista, ecofemismo rejuvenecedor, cultura postmodernista, europeísmo social y un globalismo escasamente reflexivo).

El resto son tonterías que demuestran que odio que profesan hacia el comunismo, que nació como un movimiento que emancipó al ser humano (eliminando la esclavitud, apostando por una antropolatría que mataba al Dios severo y creando el Estado del bienestar).

¿Millones de muertes? La Inquisición mató a mucha gente y tendríamos que ser muy ignorantes para asegurar que la Biblia obligaba a matar al discordante, cosa que tampoco dice El Capital. Pero el PP y Vox lo saben y quieren criminalizar a una ideología que hace 75 años acabó con el nazismo y que lleva siglo y medio escupiendo a diario sobre el señoritismo golpista que irradian.

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