viernes, 17 de enero de 2020

Adaptándose profundamente a un posible colapso







Adaptándose profundamente a un posible colapso: una agenda mejorada para activistas climáticos; 
por Jem Bendell. Traducido por Eva Calleja







El año pasado Penguin publicó un manual de Extinction Rebellion llamado “Esto no es un
simulacro”, que incluía un capitulo que escribí sobre la Adaptación Profunda, llamado “Destrucción y Florecimiento”. El manual tiene algunos capítulos importantes, y lo puedes comprar aquí. Mi capítulo fue editado por su extensión, así que aquí está la versión original que envié. Lo publico en mi blog para animar al debate sobre los movimientos de activismo climático, como XR, FridaysForFuture y Sunrise, que colocan a la adaptación al caos climático como un tema complementario a la neutralidad neta del carbono.

Hasta importantes asesores gubernamentales reconocen que la escala de medidas de los gobiernos para la ayuda humanitaria, la seguridad alimentaria, la reducción de riesgos de desastres, el apoyo
psicológico, y la transformación económica, es insuficiente para ayudarnos a todos a
adaptarnos a los daños por fenómenos meteorológicos extremos y sus efectos colaterales para
nuestros sistemas económicos.

¿Destrucción y florecimiento? Adaptarse profundamente a un posible colapso.
Versión original enviada para el manual de XR Esto no es un simulacro.
Nuestro clima está cambiando rápidamente, destruyendo vidas y amenazando nuestro futuro.
Debemos actuar ya para reducir los daños y salvar lo que podamos. Haciendo eso podemos
redescubrir lo que realmente importa. Es posible que no parezca un grito de guerra como pueda ser “esta es nuestra última oportunidad para prevenir el desastre”.

Pero creo que es
más sincero y será más duradero. También provocará menos desilusiones con el tiempo. Y
nos ayudará a cada uno de nosotros a prepararnos. Después de todo, cuando fallen las
cosechas, no nos comeremos nuestras pancartas. Dependeremos del amor que nos tengamos
los unos a los otros y de la manera en la que nos hayamos preparado.
Científicos y activistas llevan alzando la voz durante los últimos quince años sobre el inminente
desastre que estamos creando. Su último mensaje es que “solamente tenemos 12 años” para
prevenir un calentamiento desastroso de 1,5 grados, pero yo ya no me dejo convencer. Mis
lecturas de los datos más recientes me dicen que el cambio climático ha llegado demasiado
lejos, demasiado rápido, con demasiado ímpetu, que cualquier dialogo sobre prevención es
realmente una forma de negación de lo que realmente está sucediendo. Es una conclusión
difícil a la que llegar. Y una difícil con la que vivir. Tenemos muy poca resiliencia en nuestros
sistemas agrícolas, económicos y políticos para superarlo. Es hora de prepararse para el
desastre, tanto emocional como prácticamente.

Soy un científico social, no un climatólogo. Así que ¿quién soy yo para propagar el pánico y el
miedo cuando los científicos más importantes del mundo dicen que tenemos 12 años? Como
muchos lectores, asumí que la autoridad sobre el clima era el IPCC, Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático, pero resulta que han estado subestimando los cambios
constantemente. En 2007 dijeron que un Ártico libre de hielo sería una posibilidad para 2100.
Eso suena lo suficientemente lejano como para calmar los nervios. Pero las mediciones a
tiempo real están documentando tal perdida de hielo que algunos de los científicos climáticos
más importantes del mundo están diciendo que podría quedarse sin hielo en los próximos
años.

La subida del nivel del mar es un buen indicador del ritmo de cambio, porque está afectado
por muchos factores. En 2007 los datos de los satélites mostraron una subida del nivel del mar
de 3,3mm al año. Sin embargo ese año el IPCC ofreció una subida del nivel del mar de 1,94mm
al año como su estimado más bajo. Si, tienes razón: es más bajo de lo que ya estaba
sucediendo. Es como estar hasta las rodillas en el agua que ha inundado tu cuarto de estar,
escuchando al meteorólogo en la radio diciendo que no es seguro si el rio se saldrá de su
cauce. Resultó que cuando los científicos no se ponían de acuerdo sobre cuanto influiría el
deshielo de las capas de hielo polares en la subida del nivel del mar, no consideraban esos
datos. Sí, es tan patético que es casi gracioso.

Una vez me di cuenta de que el IPCC no se podía considerar como el evangelio del clima, mire
más detenidamente algunos temas clave. El Ártico se erige imponente. Actúa de refrigerador
mundial al reflejar la luz solar de vuelta al espacio y al absorber la energía cuando el hielo pasa
de estado sólido a líquido. Una vez que desaparezca el hielo ártico y el mar oscuro comience a
absorber la luz del sol, el calor adicional global tirará por los suelos el objetivo global de 2
grados.

Las implicaciones de incluso pequeños cambios son inmensas para nuestra agricultura, agua y
ecosistemas. Solo un verano más cálido de lo normal en el hemisferio norte en 2018 redujo la
cosecha de cereal y de cultivos básicos como las patatas en aproximadamente un cuarto en el
Reino Unido. A diferencia de otros años, el tiempo excepcional se vio por todo el hemisferio norte, con descensos en agricultura de secano por toda Europa. A nivel mundial solamente
tenemos reserva de grano para 4 meses, así que unos cuantos veranos consecutivos como el
de 2018 y el regreso pronosticado de las sequias de El Niño en Asia podrían causar escasez de
alimentos a escala mundial.

Después de recopilar un montón de información como esta llegue a la conclusión de que
nuestra civilización tendría dificultades para mantenerse bajo esas condiciones. Escucho
muchas voces esquivando la desesperación con esperanzadoras historias sobre tecnología,
revolución política y despertares espirituales en masa. Pero no puedo poner mi esperanza en
esas cosas. Deberíamos estar preparándonos para el colapso social. Con eso quiero decir un
final desigual de nuestros modos normales de sustento, seguridad, placer, identidad, sentido y
esperanza. Es muy difícil predecir cuándo podría ocurrir el colapso, especialmente teniendo en
cuenta la complejidad de nuestros sistemas agrícolas y económicos. Así que mi suposición es
que en 10 años se habrá producido un colapso social, de alguna manera u otra, en la mayoría
de los países del mundo.

Después de haber trabajado más de 25 años en sostenibilidad medioambiental, me resulta
difícil aceptar que mi carrera no aportó nada; el concepto de mí mismo se vio sacudido porque
yo había creído que la humanidad “ganaría” al final. Hemos estado subiendo por un
deslizamiento de tierras. Me encontré arrepintiéndome de todas la veces que me había
conformado con cambios pequeños cuando mi corazón me pedía cambios mayores. Me apenó
pensar que puede que no llegue a viejo. Todavía me apeno por aquellos que me son cercanos,
y por el miedo y el dolor que puedan sentir a medida que sus sistemas alimentarios,
energéticos y sociales se desmoronen. Pero sobre todo, ahora me apenan los jóvenes, y el
precioso mundo que nunca heredarán.

Entender esto me hizo comenzar a sentir la impermanencia de todas las cosas de una manera
más tangible e inmediata que antes. Mi atención siempre había estado puesta en el futuro,
pero ahora estaba en el presente, y me hice más consciente que nunca de otras personas y
animales, del amor, de la belleza, del arte y de la expresión. Me hizo recordar lo que mi amigo
con cáncer terminal me había dicho sobre su experiencia de gratitud y de asombro, y de la
intensa calidad de nuestro último encuentro.

Durante el año pasado he conocido a mucha gente para la que una aceptación de la escala y la
inminencia de la crisis ha sido transformadora. Priorizan la búsqueda y el relato de la verdad,
la exploración interior y el auto descubrimiento, la auto expresión y la creatividad, la conexión
con otros y con la naturaleza, además de cultivar su capacidad para la bondad. Están
experimentando una capacidad renovada de vivir lo que podríamos llamar la “Presencia
Expresiva”.

No soy el primero en darse cuenta de este fenómeno. Los místicos llevan hablando de esto
durante milenios. El autor ruso Dostoevsky describió la deliciosa intensidad de los últimos
momentos antes de su falsa ejecución. Creo que todos necesitamos pasar ese proceso,
individual y colectivamente. Poner todas nuestras esperanzas en un futuro mejor puede
permitirnos llegar a compromisos en el presente mientras que desprendernos de un futuro
mejor puede permitirnos dejar atrás falsas esperanzas y vivir el presente con mayor integridad.
Puede que incluso haga más efectivo nuestro activismo.

Este es un libro (Esto no es un simulacro) sobre una rebelión global para detener la rápida
extinción de especies y evitar la posible extinción de la nuestra. Ser más bondadoso y estar
más conectado es maravilloso pero puede parecer un poco vago e inconsequente. ¿Qué
podemos hacer como ciudadanos públicamente involucrados?

Si nuestra opinión es que el colapso o ruptura social es ahora posible debido al cambio
climático, ¿podríamos difundir nuestra opinión lo más ampliamente posible sin ofrecer un
conjunto de “respuestas” y una agenda de medidas? Al hablar con individuos o con pequeños
grupos, he sido testigo, una y otra vez, de que la gente tiene mucho que ganar al sentirse
perdidos y desesperanzados primero para luego recomponerse en sus vidas personales,
profesionales y políticas. Pero hablar al público en general a través de los medios
convencionales es otra cuestión diferente. Las limitaciones de una estrategia superficial y
combativa desde los medios de comunicación son bien conocidas por aquellos que deseamos
un público más informado e involucrado. Pero con este tema, tenemos un problema adicional.
Nuestra cultura dominante esconde el tema de la muerte y del debilitamiento de la vida diaria.

El sentimiento de que somos parte de una sociedad y de una especie que está continuamente
mejorando ayuda a contener nuestro miedo a la mortalidad personal. Sin alguna forma de
apoyo bondadoso, una aceptación repentina de que el colapso es ahora posible o inevitable en
un futuro no muy lejano, puede desencadenar malas respuestas a emociones difíciles. Una
forma silenciosa de histeria podría derivar en una efusión de culpa introspectiva, y de
tendencias destructivas. Algunos dicen que esto ya está sucediendo a medida que la gente
intuye como la historia del progreso de la humanidad ha perdido su poder estimulante (o
adormecedor).

En mi opinión, normalizar los debates sobre la manera de prepararnos y suavizar el colapso
beneficiará a la sociedad. Solo los preparativos colectivos tienen una oportunidad real de
funcionar. La adaptación profunda al cambio climático implica preguntarnos a nosotros
mismos y a nuestros líderes estas cuatro preguntas.
“¿Cómo mantenemos lo que realmente queremos mantener?” es la primera pregunta que
plantear a medida que buscamos la resiliencia, la capacidad de adaptarse a las circunstancias
cambiantes, para sobrevivir con normas y comportamientos valiosos. Para ilustrarlo, aquí hay
algunas ideas que podemos considerar para la resiliencia. Primero, un colapso posible de la
agricultura de secano significa que los gobiernos necesitan prepararse para encontrar la
manera de racionar algunos alimentos básicos además de ayudar a la rápida expansión de
producciones de cultivos de regadío clave como las patatas. Segundo, la manera en la que
nuestros mercados financieros responderán cuando entiendan las conmociones climáticas es
impredecible y el riesgo está en que nuestros sistemas tanto de crédito como de pago puedan
congelarse.

Esto significa que los gobiernos necesitan asegurar que tenemos formas de pago
electrónico fuera del sistema bancario privado, para que el comercio pueda continuar si hay un
colapso financiero. Tercero, hay respuestas hacia la resiliencia que pueden llevar más tiempo.
Por ejemplo, y desafortunadamente, la construcción de plantas de desalinización puede ser
clave en el sur de Europa. Cuarto, deberíamos intentar comprar más tiempo. Muchos planes
de geoingeniería son extremadamente peligrosos y poco prácticos. Pero uno tiene sentido
ahora mismo. Deberíamos estar sembrando y haciendo más brillantes las nubes sobre el
Ártico de manera inmediata, como una respuesta global de emergencia, en una escala similar a la reacción que se produciría si un meteoro del tamaño del Armagedón se estuviese dirigiendo
a la Tierra.

Una segunda cuestión que debemos preguntarnos es “¿Qué necesitamos abandonar para no
empeorar las cosas?” Esta cuestión nos ayuda a explorar el abandono, por el que la gente y las
comunidades abandonaran ciertos activos, comportamientos y creencias que, de retenerlas,
podrían empeorar las cosas. Ejemplos de esto incluyen la retirada de las costas, cerrar
instalaciones industriales vulnerables, o abandonar las expectativas de ciertos tipos de
consumo. Habrá un reto psicológico sobre la forma en la que ayudar a la gente que sienta
temor, pena y confusión. Puede que muchos de nosotros nos veamos profundamente
afectados por el derrumbe de nuestras creencias de progreso o estabilidad. ¿Cómo
planificamos nuestras vidas ahora? Eso supondrá grandes retos comunicativos si queremos
facilitar todo lo que sea posible las respuestas compasivas y colaborativas. Una tarea
importante será ayudar a la gente ofreciendo apoyo psicológico para abandonar algunos
apegos y aspiraciones.

“¿Qué podemos reintroducir para ayudarnos con las dificultades y las tragedias futuras? Es la
tercera cuestión que sugiero guie nuestras conversaciones sobre Adaptación Profunda a
nuestra tragedia climática. Nos ayuda a explorar la restauración de actitudes y planteamientos
de vida y organización que nuestra civilización alimentada de hidrocarburos ha erosionado.
Ejemples de esto incluyen la resilvestración de paisajes, para que aporten más beneficios
ecológicos y requieran menos manejo, cambiar las dietas para adecuarlas a las estaciones,
redescubrir formas de juego no electrónicas y aumentar la productividad y el apoyo a nivel
comunitario.

La cuarta cuestión que te invito a considerar es “¿con qué me puedo reconciliar para disminuir
el sufrimiento?” a medida que contemplamos finales, nuestros pensamientos se vuelven hacia
la reconciliación: con nuestros errores, con la muerte, y algunos podrían añadir, con Dios.
También podemos buscar formar parte de reconciliaciones entre personas con distintas
afiliaciones políticas, religiones, naciones, genero, clase y generaciones. Sin esta Adaptación
Profunda interior al colapso climático nos arriesgamos a destruir la sociedad.
Todavía son necesarias medidas valientes de reducción de emisiones y de secuestro de
carbono para reducir lo más posible la extinción masiva y el sufrimiento humano por el cambio
climático, pero también debemos prepararnos para lo que es ahora inevitable. Esta agenda de
Adaptación Profunda nos lleva más allá de la narrativa e iniciativas convencionales sobre la
adaptación al cambio climático, ya que dejamos de asumir que la sociedad tal y como la
conocemos pueda continuar.

Enfrentados a estos escenarios, algunas personas reaccionan pidiendo hacer lo que sea
necesario para detener dicho colapso. Eso es, intentar cualquier medida draconiana que
pueda recortar las emisiones y secuestrar carbono por si eso pudiera detener el desastre. El
problema es que esa perspectiva puede llevarnos rápidamente a que aquellos con poder lo
impongan a los que no lo tienen. Porque los poderosos están haciendo lo que creen necesario
para satisfacerse sin importarles las implicaciones para las vidas y el bienestar de los demás.
Ahora queda claro que habrá que tomar decisiones difíciles en el futuro. Pero en lugar de
sugerir que podemos sacrificar nuestros valores por una oportunidad de sobrevivir, podemos hacer que el amor universal sea nuestra brújula, a medida que nos adentramos en un terreno
físico y psicológico completamente nuevo.

La gente me pregunta a menudo dónde está la esperanza en mi oscuro análisis de nuestra
situación, qué visión ofrece la Adaptación Profunda a sus seguidores. Sinceramente no puedo
esperar un futuro mejor, así que en su lugar espero un presente mejor. Estoy ganando menos
dinero pero estoy comiendo mejor y sintiéndome mejor. No voy a comprometer mi verdad
porque no tengo nada que perder. Estoy durmiendo mejor, disfrutando más y amando más.
En este sentido, mi vida no es todo pesimismo. En su lugar, el pesimismo es complementario a
mi experiencia diaria. El activismo climático se puede convertirse fácilmente en enojo,
tristeza, sermones morales y auto sacrificio, pero eso no debe ocurrir con Extiction Rebellion.
Con tan poco futuro para tener esperanza en esta rebelión no merece la pena nuestra tristeza
y dolor.

Al enfrentarme a nuestro problema climático, he aprendido que no hay manera de escapar de
la desesperanza. Pero parece haber un camino a través de la desesperanza. Es el amor, amar
más que lo que tememos a la muerte. Ese amor es la razón por la que experimentamos la
perdida y la pena. Después de la perdida y la pena todavía hay amor. Así que, a medida que
las cosas se hagan más difíciles en los próximos años, espero seguir preguntándome, ¿A qué
me invita el amor ahora?

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