UPN exhibe músculo en Tudela con el tema tabú de fondo







El Día de Navarra asoma por el calendario y UPN, que presume de ser el guardián de las tradiciones navarristas, celebró ayer la vigesimonovena edición del 'Día del Partido' en el polideportivo Ciudad de Tudela.

No es un hecho baladí que los regionalistas hayan elegido la capital ribera, tras recuperarla en mayo por mayoría absoluta de mano de Alejandro Toquero, ni que hayan escogido esta instalación deportiva, utilizada por UPN como munición contra Eneko Larrarte por las famosas goteras.

Esparza arremete contra Sánchez

Más de mil afiliados, cargos públicos y simpatizantes comieron (jamón, queso, carrillera con patatas y tiramisú servidos por el restaurante Marisol de Cadreita), bebieron (vino, moscatel y pacharán), se vieron y se dejaron ver, se intercambiaron chismes, escucharon a Javier Esparza (no habló Toquero), aplaudieron en recuerdo de Tomás Caballero y José Javier Múgica, compraron lotería del partido, hablaron de la renuncia del portavoz de Navarra Suma en Corella, y departieron sobre la situación política, con especial atención hacia los pactos que prepara Pedro Sánchez tras haber interiorizado que esta legislatura autonómica la van a pasar en la oposición. Y todo por 20 euros. Solo faltó algo de música.

Esparza priorizó el discurso estatal, "Sánchez está dispuesto a hacer todo tipo de cesiones para ocupar el sillón" y soslayó el tema político de la semana en la Ribera: la polémica que comprometió la viabilidad del Consorcio Eder.

El conflicto, cierto es, lo había desactivado 24 horas atrás Alejandro Toquero, que dio marcha atrás sobre sus planes iniciales, aceptó que Abel Casado acabe su contrato (hecho que supondrá un ahorro económico al Consorcio) y llamó a rebato a sus homólogos riberos.

No firmó Manuel Resa de Valtierra porque su dependencia de Progresistas de Valtierra conlleva que este grupo independiente y cercano a Izquierda Unida lleve el control político del consistorio bardenero.

Pero Toquero afirmó en las redes sociales sentirse respaldado por UPN, que ha visto como su estrella emergente se empeñaba en empañar su 'semana grande', palmadas en la espalda por doquier, tras haber contribuido a desarticular una red de empadronamientos ilegales en Tudela para cobrar subvenciones de forma indebida.

La corrupción, solo a baja escala, parece enfadar a una derecha sociológica que con este tipo de casos multiplica sus apoyos, no lo olviden, gracias a abrevar en unos bebederos supuestamente progresistas.

Apoyos a Toquero

UPN intentó cerrar filas a pesar del bochorno generalizado que ha provocado la miopía del alcalde de Tudela, que arremetió en Facebook contra Bildu, Podemos y Geroa Bai por su escasa implantación en la Merindad sur (similar a la de sus dos socios: PP y Ciudadanos).

Toquero agradeció el gesto a los alcaldes de Ablitas, Azagra, Cadreita, Cascante, Cintruénigo, Fitero, Funes, Fustiñana, Marcilla, Monteagudo y Villafranca, que firmaron una nota de prensa revanchista contra PSN e I-E tras verse forzados a torcer el brazo al advertir que se quedaban en minoría en la Ejecutiva por el enfado de organismos como la AER al verse forzados a posicionarse políticamente.

Toquero evitó la votación, y su previsible derrota, y tras un duro intercambio de golpes dialécticos desmintió que fuese a dar un golpe de timón interno en Eder y aseguró que su hoja de ruta siempre contempló una salida pactada y justa.

El tabú

Esparza es consciente de que no despierta demasiada alegría a su alrededor, pero cierto es que el hartazgo entre los simpatizantes de UPN contra Pedro Sánchez y María Chivite compacta al partido y evita que se abra el tema tabú: su liderazgo.

Sus dos amargas victorias de 2015 y 2019 posibilitan que encadene ocho años por el desierto de la oposición. Al líder regionalista, tras la salida voluntaria de Íñigo Alli, no se le presume un rival interno tras la decisión de Enrique Maya de centrarse en Pamplona. Diez años atrás Maya quizás habría sondeado a los cuadros medios del partido...

Renuncias y votos 

En UPN no se ha producido la colección de dimisiones que se presumían tras el 26-M. Esparza había deslizado la idea entre su equipo de confianza que renunciaría si no conseguía formar Gobierno. Cierto es que los regionalistas recuperaron poder municipal y obtuvieron unos buenos resultados a nivel autonómico.

No renuncia Esparza y tampoco lo hacen las que hubiesen sido flamantes consejeras si el PSN hubiese mantenido su esclavitud moral respecto a UPN: María Jesús Valdemoros y Marta Álvarez, que aguardan a que lleguen tiempos mejores desde la oposición.

Pero el centro-derecha, a pesar de que UPN no lo reconozca, arrastra en Navarra un problema electoral desde el año 2000. Hace menos de dos décadas los regionalistas junto al CDN rozaban los 160.000 apoyos en Navarra. El 10-N, sumando a Vox, se conformaron con 118.000.

En las pasadas forales, no es únicamente un problema de Esparza, Navarra Suma y Vox alcanzaron un 37,88% de los votos en la Comunidad Foral. Este es el porcentaje más bajo de voto que alcanzan las fuerzas de centro-derecha en cualquier comunidad española (después de haber sido la tierra donde las fuerzas conservadoras obtuvieron su mejor resultado en febrero de 1936: 72% del voto).

Las cinco fuerzas del centro-izquierda navarro con representación en el Parlamento foral, del PSN a EH Bildu, superaron el 26-M el 59% del escrutinio. Con estos guarismos es harto difícil que UPN gobierne. O casi imposible después de que María Chivite haya enterrado el discurso de Sanz, 'los tres quesitos', que sigue vigente en el imaginario conservador a pesar de la democratización del Conflicto vasco.






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