El barroco corellano: Inquisición, contrabando y tráfico de esclavos





Por Jabier Sainz:

Este fin de semana se celebraron en Corella las decimoquintas Jornadas Barrocas. No tengo nada, vaya por delante, contra estos eventos surgidos de las actividades de las Oficinas de Turismo, que en los últimos años van tomando auge en la geografía de nuestro entorno. Suponen, supongo, una promoción turística para las diferentes localidades, se realizan actos culturales que de otra manera no se harían, y si la gente se lo pasa bien, eso es lo más importante, pues estupendo.


Sin embargo tienen una vertiente que no me acaba de convencer y es cierto encasillamiento de la historia de cada localidad en un periodo concreto de su historia, como si la historia de cada localidad pudiera acotarse a una característica o circunstancia exclusiva, pero ni Fitero es sólo su monasterio, ni Cascante es sólo su época romana, ni Corella es sólo su Barroco. Se puede aceptar que es este un mal menor que se podría subsanar con otro tipo de actividades culturales. Entiendo que resulta más sencillo, por ejemplo, explicarle al turista, al visitante, el auge económico de Corella en el siglo XVIII a la vista de los palacios barrocos que todavía se mantienen en pie, que explicarles la importancia que tuvo el castillo de Corella para Navarra haciendo una visita a la Conejera, que es un espacio hoy degradado, aunque fuera en su día el nucleo fundacional de lo que a los siglos llegaría a ser Ciudad.


Lo que acepto peor es que este tipo de eventos sirvan para falsear la Historia. Parece existir cierta tendencia a blanquear la Historia, a despojarla de sus claroscuros, a esconder a sus verdaderos protagonistas. Esto es lo que he sentido al leer en la prensa las declaraciones de una edil corellana, cuando en la presentación de estas jornadas se le preguntaba qué tiene de especial el Barroco en Corella. La respuesta era "Debemos recordar que durante el año 1711 Felipe V, su familia y la Corte Real fijaron su residencia en Corella debido al posicionamiento de ésta a favor de la dinastía de los borbones en la Guerra de Sucesión; ello tuvo un impacto social, cultural, económico y político importantísimo para la ciudad". Esto es absolutamente falso.


En primer lugar la llegada de Felipe V y su séquito a Corella fue un hecho totalmente fortuito y de ninguna manera fue la causa del desarrollo económico de Corella. En todo caso supuso algún beneficio para algunas familias nobles pero para la mayor parte de la población solo molestias. Corella ya había experimentado un gran auge demográfico y económico durante el siglo XVII: había comprado su título de Ciudad, había comprado su parte en el congozo de Bardenas, había erigido una nueva parroquia, había reconstruído y ampliado la iglesia de San Miguel (financiadas con impuestos sobre los consumos), había sido sede de las Cortes de Navarra, etc...


Desde luego Corella no se posicionó a favor del pretendiente francés en esa guerra llamada de Sucesión, fue la Diputación del Reino por miedo a ver desaparecer sus Fueros como ocurrió en Aragón y Cataluña. El pueblo solo sufrió calamidades y muchos de los navarros obligados a enrolarse a favor del ejército francés optaron por la deserción. Se pueden hacer todos los teatrillos que queramos, pero estos no deberían ocultarnos la realidad histórica. Si hoy, trescientos años después recordamos y exaltamos aquel hecho es solamente por una elección ideológica. ¿Porqué no se recuerda aquella asamblea de 1429 en que los corellanos y corellanas supervivientes juraron reconstruir su pueblo delante de las ruinas de una Corella arrasada por los ejércitos castellanos? Sin aquella valiente decisión hoy no existiría nuestra Ciudad. ¿Por qué se enaltece la figura de un monarca absolutista, déspota cruel, que simplemente estuvo de paso por nuestra Ciudad? No es difícil de dilucidar.


El Barroco es parte de nuestro patrimonio histórico y arquitectónico, sí, reflejo de un poderío económico del que conviene también conocer las causas y las circunstancias. El Barroco, como su pintura, tiene muchos claroscuros.


Casi todos los palacios barrocos son del siglo XVIII, pero desde luego no toda la población de Corella vivía en palacios. Estos los levantaron una élite de nobles y comerciantes ennoblecidos que debieron su fortuna a un hecho definitorio de la historia de Corella, la frontera con Castilla. Si en siglos anteriores la frontera había supuesto la guerra, los conflictos, la destrucción, en el siglo XVIII aquella frontera trajo la riqueza a los oligarcas corellanos y a los comerciantes llegados de fuera. ¿Qué hizo aquella época tan especial? Corella era la aduana de la ruta de contrabando más importante de Europa en aquél siglo, que unía Cervera del Río Alhama y Bayona. Quien quiera profundizar sobre el tema puede leer los trabajos del historiador de la Universidad de Zaragoza Fco. José Alfaro Peña. Como él dice "en apenas unas décadas algunas personas amasaron inmensas fortunas que repercutieron en el arte, la ostentación, el lujo y como no, en la desigualdad". Desigualdad que quiere decir pobreza y también represión contra los pobres. Porque aquellos comerciantes además de ostentar el poder local contaban con un instrumento que, inventado para imponer la ortodoxia por medio del terror, era al fin y al cabo el medio idóneo para controlar a la población. Manuel Sagaseta de Ilúrdoz, Pedro Nolasco, Miguel de Escudero, Díez de Ulzurrun, los Sesma, los Sanz, aquellos comerciantes ennoblecidos que construyeron palacios barrocos, eran alguaciles y familiares de la Inquisición, que mantenían el orden por medio de la constricción y la tortura.


También llegaron fortunas desde América, amasadas con la explotación de sus naturales y el expolio de sus riquezas. Y en el caso de una familia que ha dado mucho que hablar, los Aguado, presumiblemente amasada con el tráfico de esclavos.


Disfrutemos de estos días de celebración barroca, cómo no, pero dejémonos de blanquear la Historia, nuestra Historia.

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