La recreación de los Cascos Históricos, en Tudela











Los cambios propiciados por la globalización en nuestras ciudades tienen en los cascos históricos su campo de batalla más visible. Ahí se cruzan las líneas más críticas del patrimonio, la identidad y la memoria de las poblaciones, la presión del turismo, los negocios hoteleros, las urgencias del urbanismo, la renovación o reutilización de los edificios históricos… Para reflexionar sobre el tema y llevarlo a nuestra realidad cotidiana, hemos previsto un programa formado charlas y mesas redondas, proyecciones, una exposición fotográfica y dos visitas guiadas por el Casco Viejo de Pamplona, bajo el título La recreación de los Cascos Históricos / Alde Zaharren Birsorkuntza. Se trata la cuarta edición de unas jornadas sobre patrimonio, paisaje y globalización que venimos celebrando desde el 2015.

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Durante estos tres años hemos analizado la importancia y el valor de elementos societarios tales como Pa trimonio (en general y específicamente el Industrial, hoy en crisis y debate), el Paisaje, la Memoria, etc.; y en el último celebrado pusimos toda esta reflexión bajo el tamiz del fenómeno de la Globalización, que está transformando nuestro modo de vida hasta extremos imprevisibles. En esta ocasión, queremos abordar estas cuestiones desde un ángulo pragmático, un terreno de juego en el que estos conceptos se hacen visibles, tema de debate público, presión para los arquitectos y las autoridades municipales, desesperación para los vecinos, desmemoria para los historiadores, oleadas de visitantes y servidumbre del turismo, subida de precios de las viviendas, destrucción de yacimientos de un incalculable valor arqueológico, monumental o paisajístico, etc.

En efecto, el ámbito de los cascos antiguos de las ciudades se han convertido en el campo de batalla de grandes intereses y fuerzas económicas, sociales, urbanísticas, vecinales, en disputa. Por un lado, para muchos el negocio es el negocio. Por el otro, en esos barrios está en juego un enorme valor patrimonial: identidad, edificios con solera, lugares de memoria, vida colectiva, fiestas, tradiciones… Pero también surgen preguntas: ¿se puede conservar todo? Y en el terreno de los desaguisados ya cometidos, ¿no se puede reconstruir el patrimonio perdido? Si cambia el paisaje, el horizonte visual de estos barrios, ¿no cambia con ello la propia vivencia de sus gentes? ¿Dónde empieza y dónde acaba un paisaje urbano?

Si el paisaje es, como apunta Joan Nogué, “el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza, es la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado”, ¿dónde queda el valor del paisaje propio de una comunidad, sedimento de siglos en esos cascos históricos, cuando lo sustituimos por un simulacro para el turismo?

Vía: Nabarralde

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