Veganos: la ética está en la mesa










Hay un libro que muchos veganos citan como factor determinante en su cambio de estilo vital: 'Comer animales', de Jonathan Safran Foer (Seix Barral). Este escritor estadounidense decidió escribirlo cuando iba a ser padre, para investigar qué comería su hijo, y es una mezcla de autobiografía, reportaje de investigación y ensayo donde relata la forma (devastadora) en la que son tratados los animales hasta que llegan a nuestro plato. "Llevaba tiempo planteándome hacerme vegetariano, pero ese libro me impulsó a convertirme en vegano", explica el escritor y periodista Javier Morales, autor de El día que dejé de comer animales (Sílex).

Y es que el veganismo no tiene tanto que ver con la saludcomo con un compromiso ético para evitar el sufrimiento animal. Quienes lo practican consideran que la producción de carnes, embutidos, lácteos, huevos o prendas de piel supone un maltrato a los animales. Y el debate no está ya solo sobre la mesa de los hogares veganos: tras la reciente emisión de un programa de Salvados en el que se desvelaban las terribles condiciones de una granja porcina de una conocida marca cárnica, todos nos preguntamos por el origen (y la moralidad) de lo que comemos. Buena prueba de ello son eventos como el ciclo Agricultura, alimentación y salud, que se desarrolla durante abril en La Casa Encendida.

Mientras, el número de quienes optan por este tipo de estilo de vida no deja de crecer: el 0,2% de los españoles son veganos (no comen productos de origen animal); el 1,3%, vegetarianos (toman vegetales, huevos o leche, pero no carne o pescado); y el 7,8%, flexitarianos (comen productos animales a veces), según el estudio The Green Revolution (2016), de la consultora Lantern. Además, hay 800 restaurantes veganos en nuestro país, el doble que en 2011, y la creciente demanda de productos veggies es evidente en los supermercados. Muchos creen que este tipo de alimentación tiene carencias. Pero, según Irene Bretón, presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, "una dieta vegetariana puede aportar los nutrientes para una alimentación sana y completa, si los vegetales se combinan bien. Solo debe ingerirse suplemento de vitamina B12". Nuestros protagonistas aúnan compromiso ético y alimentación saludable, y aseguran que su dieta nace del respeto al mundo animal y el medio ambiente, y de una empatía natural hacia los seres vivos.
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¿Por qué nos horroriza que se maltrate a perros y gatos, pero miramos a otro lado cuando hablamos de animales de granja o de laboratorio? Las diferencias en el trato que creemos que merecen distintas especies son culturales -en otras sociedades, por ejemplo, se comen a los perros y cuidan a los cerdos- y no tienen base: todos son seres sintientes, con el mismo derecho a que se les evite el sufrimiento. Este es uno de los puntos centrales de la filosofía vegana, que afirma que hay consenso científico sobre la capacidad de sufrimiento animal. "Para nosotros, éticamente, es lo mismo un perro de compañía que un animal que está más lejos en la escala evolutiva", explica el biólogo Sebastián López.

Javier Morales: 'La pregunta no es por qué vivir sin carne, sino por qué comerla si no hace falta'

"No lo hago por mi salud, sino por la salud de las gallinas". Javier Morales cita esta frase del escritor Isaac Bashevis Singer para explicar por qué decidió hacerse vegetariano y, un tiempo después, vegano. "Los humanos no tenemos por qué comer animales, no los necesitamos -afirma-. Está demostrado. Por eso, creo que la pregunta que hay que hacerse no es por qué vivir sin carne, sino por qué comerla si no es necesaria".

Él no come productos de origen animal. "Todo lo que necesitamos desde el punto de vista nutritivo lo encontramos en las legumbres y las verduras, salvo la vitamina B12, que tomo como complemento alimentario. Si mantienes una dieta equilibrada, algo que hay que hacer en cualquier caso, no hay ningún problema". ¿Y las plantas, no son también seres vivos? "Claro que sí. La diferencia es que responden a estímulos como la luz, pero no sienten, como lo hace una vaca o un pulpo.


Los animales tienen una vida más compleja de lo que pensamos y, sobre todo, sufren cuando les hacemos daño, cuando les retiramos a sus crías o cuando los matamos. Por eso, creo que tienen derechos y que hay que reconocérselos; ellos no los pueden demandar, pero son seres vivos, que sienten, que comparten nuestro presente y nuestro pasado en la Tierra".

La sensibilidad de la sociedad en este asunto va en aumento, según cree Javier. "Cuando salgo a comer fuera, la mayoría ya no ve raro que yo no pida carne; al revés, están abiertos a no comerla ellos en ese momento". Javier es padre de un adolescente cuyo plato favorito son las hamburguesas y salchichas. "Me gustaría que fuera vegetariano o vegano en el futuro, pero es una decisión que debe tomar él", apunta. El primer paso es fomentar la empatía. Y Antón, el pequeño schnauzer gris que convive con la familia, forma parte de ese primer paso. "Nuestra familia es impensable sin este compañero silencioso y tierno. Criarle nos ha enseñado a ver el mundo de otra forma".

"Hacerse vegano no es tirarse a la piscina; hay que informarse-dice el biólogo Sebastián López-. Yo lo hice por un compromiso ético con los animales y el medio ambiente. Era muy carnívoro y pensé que lo echaría de menos; pero los sabores que antes me apetecían ahora han cambiado por otros". Lo primero que dejó fue el paté de oca; después, la carne y el pescado y, luego, la leche y los huevos. "Vivía en el campo. Allí ves muchos perros abandonados y eso me hizo implicarme. Adopté uno y empecé a colaborar con un refugio de animales. Y comencé a investigar. Cuando cambias la mirada sobre el entorno, es difícil no hacerte activista. Le dedico todo mi tiempo libre.

El maltrato animal, en circos o fiestas de pueblos, es parte de nuestra mentalidad y eso es lo que intento cambiar". López aborda la principal causa de desconfianza hacia la dieta vegana: "Hay mucho miedo a la falta de proteínas. Pero cada proteína es específica de una especie; las fabrica nuestro cuerpo a partir de los aminoácidos. De hecho, la vitamina B12, lo único que los veganos no podemos obtener, tampoco la tienen los animales que no se crían en el pasto". Pero, ¿no es lo natural comernos a otras especies? "Los depredadores actúan por instinto -dice Sebastián-. Pero los humanos podemos elegir. Lo natural no siempre es bueno; y muchas veces lo que creemos natural es solo una costumbre".

Antonio Alonso: 'En el fondo todos sabemos que no es justo lo que hacemos a los animales'

Cuando decidió hacerse vegano, hace dos años, tuvo que cambiar la forma en que ejercía su profesión de cocinero. "Lo más duro fue arrinconar técnicas de la cocina tradicional y empezar de cero a cocinar sin productos animales", cuenta. Hoy trabaja en un restaurante italiano que cocina sin gluten. En él, Antonio se esfuerza por demostrar que hacer un menú vegetariano variado y sabroso es posible.

No es vegano estricto. "Suelo tomar lácteos y, si como en casa de mi madre, no rechazo los huevos -explica-. Ella, que no es vegetariana, dice que solo hay que comer carne una vez al mes, y lo dice por puro sentido común. La verdad es que hoy comemos mucha más carne de la que necesitamos".

Él, como la mayoría de veganos, decidió dejar la carne gracias a las experiencias de otros: una compañera de piso vegetariana le incitó a buscar información. "En el fondo, creo que todos sabemos que no es justo lo que pasa con los animales, y que miramos hacia otro lado. Pero el ser humano no puede tomar todo lo que quiera, y de cualquier manera, como si fuera suyo. Debe tener respeto por la naturaleza, que le ha precedido en el tiempo y que seguirá cuando él desaparezca".

Ruth Montiel: 'Me ha cambiado la forma de ver el mundo; es como quitarse una máscara'

Esta gallega afincada en Madrid se hizo vegana el día después de su cumpleaños, hace 10 años. Llevaba tiempo dándole vueltas y el regalo de un amigo -el documental Earthlings, sobre el maltrato animal- fue decisivo. "Me cambió la forma de ver el mundo; es como si te quitaras una máscara y vieras la realidad de frente", asegura.

Eliminó de su dieta los alimentos de origen animal, y no fue fácil. En Madrid no había ni un solo local con carta vegana; solo una pequeña tetería del centro elaboraba croquetas y hamburguesas veggies. "Hoy todo ha cambiado: hay nutricionistas, hay diseñadores de ropa que investigan nuevos materiales...". Incluso más productos en el supermercado. ¿Resulta caro seguir esta dieta? "Algunos productos pueden ser más costosos, como el queso vegano, a base de anacardos, levadura y especias -dice Ruth-. Pero, de hecho, nuestra dieta resulta más barata que la habitual: mucha legumbre, fruta y verdura, frutos secos o tofu para obtener proteínas... Puede que algunos consuman superalimentos caros, de países lejanos, pero son una minoría".

Esta es una filosofía de vida: "Es difícil estar con una persona que no comparte tus valores. No podría tener una pareja que no fuera vegana", afirma Ruth, que usa su arte como forma de denuncia y de concienciación. "Muchos lo ven como un ataque y no quieren escucharte. Es difícil aceptar que todo lo que has hecho en tu vida está equivocado. Pero otras veces es alentador ver que tus argumentos estimulan un cambio de perspectiva".

Vía: Mujer Hoy

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