Tierras comunales, patrimonio de tod@s








El Diario de Noticias de Navarra publicó hace unos días en su suplemento "Noticias del campo" un interesante reportaje sobre la importancia de las tierras comunales en nuestra tierra. Pasen y lean

n los últimos años se observa desde diversos ámbitos un interés creciente sobre los bienes comunales, que en Navarra han tenido desde hace siglos una gran importancia en el desarrollo de las sociedades y la economía rural, ocupando buena parte del territorio en sus diversas modalidades. Muchas veces el concepto de comunal tiende a confundirse con municipal y también con bien público, cuando tienen aplicaciones y significados diferentes. Por comunal se ha entendido históricamente un régimen especial de gestión directa por parte del vecindario de los bienes muebles e inmuebles que en las zonas rurales se ha aplicado sobre todo a la gestión de bienes naturales, ligados sobre todo a la agricultura y ganadería, necesarios durante siglos para la supervivencia. Actualmente, cuando hablamos de En el reparto de los bienes, las familias con menos recursos tienen prioridad gestión de comunales se refiere sobre todo a la administración de montes, bosques y pastos. La gestión de la tierra de labor también es muy importante. Hay que señalar también que los comunales son muy diferentes según su naturaleza y funciones, la evolución histórica que han tenido, cultura y particularidades de cada lugar donde se radican. Regulación Según fuentes de la Sección de Comunales del Departamento de Desarrollo Rural, los comunales ocupan en Navarra entre un 40 y un 50% de la superficie total, en su mayor parte monte y pasto. De esta superficie, aproximadamente el 13% está dedicado a tierras de labor. Estos bienes comunales se regulan por la Ley Foral 6/90, sobre la Administración Local de Navarra, donde se diferencian tres tipos de bienes y marca los términos en los que las entidades locales pueden disponer de ellos y su forma de administración. Como condiciones para acceder a los bienes comunales –generalmente tierras, pastos o leña–, se establecen como beneficiarias las unidades familiares y marca como requisitos el estar empadronado, residir en el pueblo y estar al corriente de las obligaciones fiscales. “Antes se decía que tenía que salir humo de la chimenea durante nueve meses al año, pero hoy en día ese criterio ya no sirve”, comentan en la Sección de Comunales, y también señalan que en el reparto de los bienes comunales “las familias con menos recursos tienen prioridad”, aspectos que se recogen en la actual ley foral que regula los comunales y en el anterior Reglamento Municipal, que databa de 1928. En cualquier caso, existen normas y ordenanzas locales para regular los diferentes comunales de cada zona, “y esto a veces es complicado porque siempre surgen cuestiones nuevas en las que se debe buscar cómo primar el interés general sobre el particular”. Comunales históricos En Navarra existen terrenos y montes comunales con historia secular en prácticamente todos los municipios y entidades locales –excepto en Cadreita, porque antiguamente era dominio del marqués del mismo nombre–, y son patrimonio de los vecinos de los pueblos. Como referentes podemos señalar el Monte de Limitaciones de las Améscoas y los comunales de Roncal, Baztan, Salazar o Aézcoa, entre otros. Sin embargo, hay comunales que son identificables por toda la ciudadanía –los denominados Comunales reales–, por estar ligados históricamente al dominio de la Corona primero y del Estado después, que desde 1987 son de titularidad de Navarra. Un ejemplo son la sierra de Urbasa y Andía, el monte de Lokiz o las Bardenas
Reales, cada uno con su propia idiosincracia y particularidades en la administración Las Bardenas constituyen el área comunal más grande de Navarra, ocupando una superficie total de más de 41.000 hectáreas. Durante siglos ha sido el destino más importante para los rebaños de ovejas del Pirineo, aunque en la actualidad el principal uso es el agrícola en detrimento de los usos ganaderos y de pastos. Como es conocido, la zona es administrada por una junta de 22 entidades congozantes y su carácter comunal data desde hace siglos. Por su parte, las sierras de Urbasa y Andía conforman uno de los montes comunales de referencia en Navarra. Desde hace siglos, cualquier ciudadano navarro puede aprovechar los pastos y la madera de estos montes que albergan uno de los hayedos más grandes e impresionantes del Estado. En conjunto suponen más de 16.000 hectáreas y junto a las 5.190 hectáreas que conforman el monte de Limitaciones de las Améscoas –a su vez comunal disfrutado por los 11 pueblos de esta zona desde hace siglos–, una de las zonas de pastos y aprovechamientos comunales más utilizada en Navarra, sobre todo desde primavera hasta mitad de otoño, cuando miles de cabezas de ganado pueblan los rasos y bosques de Urbasa y Andía. La sierra de Aralar, compartida por Gipuzkoa y Navarra, es otra de las zonas históricas de bienes comunales. Ocupa una superficie de alrededor de 2.800 hectáreas, que utilizan centenares de cabezas de ganado ovino y bovino para pastar. El monte está administrado por una mancomunidad formada por los 19 pueblos que se benefician y disfrutan del comunal. Vacas pastando en Sorogain, uno de los comunales del norte de Navarra.

En Europa hay un gran interés en defensa de los valores asociados a esta forma de gestión Las Bardenas es el comunal más grande de Navarra, con alrededor de 41.000 hectáreas En la zona pirenaica la tradición comunal también es secular. Las diferentes zonas de pastos se administran por medio de juntas. Entre los más utilizados están la sierra de Abodi, el monte Aezkoa y el puerto de Roncal. En Quinto Real, la parte comunal ocupa unas 2.500 hectá- reas que se destinan a aprovechamientos ganaderos y forestales. Está administrado por una mancomunidad constituida por el valle de Erro y el de Baztan. Otros comunales de importancia en la zona norte son el de Sorogain, administrado por el valle de Erro, y los comunales de Lizartzu, Erdiz y Belate, en Baztan. Interés creciente en Europa Tierra y bienes comunales existen en todo el Estado. En territorios como Álava, La Rioja, Soria o Galicia –con los montes de mano común– el porcentaje es incluso mayor que en nuestra Comunidad. A nivel europeo los bienes y terrenos comunales tienen gran importancia en países como Reino Unido, Suiza, Irlanda y Francia, pero hay ejemplos en muchos más. Aunque en las últimas décadas la defensa del procomún ha estado casi en el olvido, en los últimos años ha cambiado la tendencia y se han constituido en numerosos países grupos de trabajo, estudio y asociaciones que defienden la importancia de los bienes comunales. Así, entre el 15 y 17 de noviembre pasado se celebró en Bruselas la primera European Commons Assembly, que reunió a más de 150 especialistas en bienes comunales procedentes de 21 países diferentes. En el Estado español destacan entre otras, Iniciativa Comunales y la Asociación Trashumancia y Naturaleza. A nivel europeo también se han desarrollado proyectos similares como Territories of Commons y European Forum for Natura Conservation and Pastoralism, aunque la lista sería extensa y abarca numerosos ámbitos además del natural, agrícola y ganadero. Estos grupos consideran que los bienes comunales, que han perdurado en el tiempo y han mantenido altos valores ambientales en muchos casos, son una reserva de cultura de los valores colectivos frente a los individuales, una reserva de formas de participación y gobernanza y un acervo de conocimiento de la conservación de los recursos naturales. Asimismo, estas iniciativas quieren denunciar la invisibilidad de los territorios comunales en las políticas agrarias regionales, estatales y europeas. Finalmente, y como fruto del interés por los bienes comunales, se está produciendo una extensa bibliografía sobre sus diferentes implicaciones sociales, económicas y políticas. Se puede destacar el libro de la premio Nobel de Economía en 2009, Elinor Ostrom, El gobierno de los comunes, y Pensar desde los comunes, del pensador y escritor estadounidense David Bollier.

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