Editorial: El Reina Sofía como munición







El dolor que le supuso a la derecha navarra, UPN, la pérdida de poder va camino de convertirse en trauma. Y es que tras un cuarto de siglo de poder, la formación regionalista fue destronada tras verse salpicados hasta la médula de corrupción y demostrar sus dificultades para la gestión pública.

Por eso ahora UPN es consciente tras quince meses de Gobierno del cambio que su discurso vascofóbico ha perdido tanta fuerza que ya no es creíble ni para sus parroquianos. Hay que cambiar la munición. Y la más sensible que tenían a mano es denunciar "el descontrol" que reina en el Hospital Reina Sofía.

Debe olvidar UPN que desmanteló el centro ribero cerrando camas, encadenados despidos, remodelando tarde y mal urgencias o haciendo chapuceramente y a contrarreloj quirófanos por electoralismo. No recuerda UPN que dejó de subvencionar el autobús de la vida, que no respetó las huelgas de los trabajadores o que pretendió enviar el laboratorio a Pamplona.

Pero hay que entender a UPN: el partido tiene muchas cabezas para pocas boinas (su red clientelar ha mermado y sus medios afines están escuálidos por la falta de publicidad institucional). Además el partido está lastrado por el débil liderazgo de Esparza, al que no se le puede pedir más.

Y es que UPN pretendía escándalos del Gobierno del cambio, parecidos al burdel en el que convirtieron a la CAN, entidad que regentaron, sablearon y asfixiaron hasta su defunción. Por eso ahora intentan armar la marimorena por unas plazas en euskera, por unas ikurriñas o por cualquier excusa. Ja. Por desgracia, queridos, ya no cuela.




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