Escocia quiere ser escuchada





La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, había avanzado durante la campaña para el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea (UE) que si Escocia era forzada a abandonar el bloque comunitario en contra de sus intereses –es decir, si Escocia votaba a favor de permanecer en el club europeo pero el resto de los británicos optaban por el Brexit–, la posibilidad de convocar una nueva consulta sobre la independencia del país –dos años después de que los soberanistas perdieran el primero– estaría de vuelta en el tablero político. Y así ha sido.

No obstante, el Gobierno escocés no ha echado a correr y no se ha lanzado a una nueva aventura independentista a las primeras de cambio, aunque algunas encuestas han llegado a decir que el apoyo a una Escocia independiente era del 60% los días posteriores a la victoria de la opción del Brexit. En vez de eso, ha preferido sembrar el terreno, ir paso a paso, tomando decisiones irreversibles y mostrando confianza en lo que está haciendo.

Dos fueron las primeras decisiones que tomó Sturgeon tras el referéndum del 23 de junio. Por una parte, anunció que quería tener relación directa con Bruselas y, por otra, mandó adecuar la legislación para que, llegado el caso, Holyrood tenga el poder de convocar una nueva consulta independentista. Con estas propuestas se dirigió la primera ministra escocesa al Parlamento, donde obtuvo el respaldo de la mayoría de los partidos allí representados. Con el mandato de «defender los intereses de Escocia» bajo el brazo, Bruselas fue la primera parada en el camino para Sturgeon.

En la capital europea le esperaban el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. También se reunió Sturgeon, entre otros, con el expresidente belga y líder de los demócrata-liberales europeos, Guy Verhofstadt. El mensaje que llevó era claro: Escocia había votado por permanecer en la UE y su trabajo era defender el voto emitido en las urnas por los ciudadanos escoceses. Así, comenzó su andadura para explorar las opciones que tiene el país de continuar formando parte del bloque comunitario y entre las que, por supuesto, se incluye la independencia de Escocia.

De vuelta en el país, Sturgeon organizó un encuentro con una veintena de cónsules generales en Edimburgo. Con ello, toda Europa conocería los deseos de Escocia de continuar formando parte del bloque comunitario. Además, Sturgeon había logrado con estas reuniones abrir hilo directo con Bruselas y los países europeos, sin necesidad de hacerlo a través o con Londres. La primera ministra escocesa está siendo asesorada en todo momento por un grupo de expertos que creó los primeros días posteriores al Brexit.

En esta vorágine post-Brexit llegó la dimisión de David Cameron como primer ministro británico y su relevo por Theresa May, quien tendrá que lidiar con las negociaciones entre Londres y Bruselas. Sin casi tiempo para adecuarse al nuevo trabajo, May se encontró con una serie de condiciones impuestas desde Edimburgo. Sturgeon había decidido retar a la nueva jefa de Gobierno británica a defender la importancia de la unión, que tan presente estuvo en su discurso de toma de poder. Cinco son las condiciones que impone Edimburgo a Londres si quiere que Escocia siga formando parte del Reino Unido, condiciones tan simples como vitales para el futuro de la isla.

Atendida y respetada

Sturgeon quiere que, dentro de las negociaciones que Londres y Bruselas deben llevar a cabo para culminar el proceso que dejará fuera de la UE al Reino Unido, la voz de Escocia sea escuchada y respetada. A su vez, pretende que el país continúe teniendo acceso al mercado único y que la libertad de movimiento sea un hecho, frente a los deseos de Londres de restringir el acceso a su territorio. Además, el Ejecutivo escocés luchará para que los derechos sociales de sus trabajadores sean respetados y buscará el trabajo en conjunto con otros países de la UE en asuntos globales, como puede ser el cambio climático. Si Londres no responde satisfactoriamente a dichas peticiones, el segundo referéndum independentista en Escocia estará, si cabe, más cerca.

Visto lo visto, queda claro que el proceso independentista escocés irá ligado a las negociaciones que Londres y Bruselas deben llevar a cabo, negociaciones que no se esperan que comiencen en un corto plazo de tiempo. Y, por otro, dependerá de las respuestas que obtenga Nicola Sturgeon en los encuentros que está llevando a cabo con diferentes gobiernos europeos.

Una encuesta publicada por YouGov a principios de mes destacaba que casi una tercera parte de los escoceses prefiere esperar al acuerdo entre Londres y Bruselas antes de lanzarse a un nuevo referéndum independentista. Y parece que el Gobierno escocés ha tomado nota.

La última visita de Sturgeon a Berlín –donde se reunió con el ministro alemán de Asuntos Europeos, Michael Roth,– va en esa dirección. El Gobierno de Edimburgo continúa tratando de fortalecer su posición antes de que arranquen las negociaciones entre Londres y Bruselas, es decir, la primera ministra escocesa continúa con su labor para que la voz de Escocia sea escuchada y, en su caso, respetada.

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