Alrededor de un centenar de personas se concentraron junto a las orillas del Ebro para homenajear a la activista Gladys del Estal en el 42º aniversario de su asesinato en el Puente del río a manos de un guardia civil cuando participaba en una sentada pacífica para protestar por la construcción de una central nuclear en la Ribera que nunca se llegaría a poner en pie.


Bardenas Libres y Gladys Gogoan convocaron el acto que se celebró bajo una ligera lluvia veraniega y la activista Noemí Solanas fue la encargada de leer un manifiesto que reproducimos a continuación: 


Gladys del Estal tenía 20 años cuando en el año 76, junto a otras compañeras y compañeros constituyó en Donosti el Grupo Ecologista de Eguía- Egiako Ekologista Taldea. Siempre fue una ecologista que tuvo claro que había que organizarse para ser más eficaz que trabajando en solitario. Gladys era una enamorada de la vida. Trabajaba en una tienda de ropa, en la Avenida de San Sebastián, manteniendo los sistemas informáticos de la tienda, pero su gran ilusión era empezar a estudiar Biológicas. 

Con ella sus compañeras y compañeros fueron descubriendo el significado de términos como " emisiones de CO2", "gases de efecto invernadero" y el significado de "calentamiento global" en fechas tan tempranas como 1977. Fue una militante muy activa, que viajaba de pueblo en pueblo, ayudando a crear comités antinucleares, con el objetivo de tener una costa vasca libre de nucleares. 

Gladys estaba absolutamente dispuesta a estudiar y a trabajar para que se antepusieran los valores de equidad y respeto a la vida y al interés común, de respeto a la Naturaleza y a las personas, frente a los intereses particulares de rentabilidad de las eléctricas y sus centrales nucleares. El día 3 de junio de 1979, en Tudela se había convocado una jornada reivindicativa y festiva, antinuclear, y contra el Polígono de tiro de las Bardenas, a la que acudieron Gladys y sus compañeras y compañeros. 

Tras las cargas policiales que se produjeron en el Paseo del Prado, se llevó a cabo una sentada pacífica para protestar. A la entrada de Tudela, a la altura del Puente del Ebro, el guardia civil José Martínez Sala, disparó a Gladys a bocajarro provocándole la muerte, arrebatándole la vida con la que tanta energía defendía. El mejor homenaje que podemos ofrecerle a Gladys hoy es continuar la lucha. Las agresiones a nuestra tierra siguen siendo cada vez más sangrantes. 

El Polígono de tiro de las Bardenas, las térmicas de Castejón, el TAV, el pantano de Yesa, y otros proyectos innecesarios y devastadores para nuestro territorio, como las huertas solares, los parques eólicos de Bardenas o el descabellado proyecto del campo del golf que la derecha pretende construir en Tudela. 

Nosotras y nosotros también compartimos las ideas de Gladys, la defensa de la naturaleza, de nuestra tierra, y la creencia de que sólo a través de la respuesta organizada se puede hacer frente a este tipo de barbarie. Explicar y denunciar la devastación y destrucción que implican estos megaproyectos energéticos es sólo el primer paso en esta lucha, aunar fuerzas y aprender a dirigirlas sin desgastarnos, para hacerle frente al poder económico que las impone es nuestra obligación. Continuar la lucha es nuestro mejor Homenaje, sin duda así lo decidió Gladys, hasta que la violencia de este absurdo capitalismo se la llevó por delante. Sin embargo, aquí seguimos. La llama de su lucha sigue encendida y a nosotras y nosotros sólo nos queda avivarla aún más. Gladys, tu recuerdo está presente en nuestra lucha cotidiana. ¡Gladys gogoan zaitugu!

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