Justo ahora hace 70 años. Fue el 9 de junio de 1951, en plena dictadura franquista, cuando se inauguró el Polígono de Tiro de las Bardenas, único polígono de tiro y bombardeo del Ejército del Aire español y el más importante de Europa para la OTAN. 

La llegada de la democracia cambió muchas cosas, pero todo permaneció inalterable con los gobiernos españoles de diferente signo político respecto al polígono de tiro, pese a las protestas y a las declaraciones institucionales de ayuntamientos y parlamento navarro pidiendo su desmantelamiento.

Recientemente, la Ministra de Defensa Margarita Robles nos ha recordado que el gobierno de coalición progresista al que pertenece, “no tiene previsto el desmantelamiento ni el cierre del polígono de tiro de Bardenas Reales”, porque “sirve a los intereses fundamentales de la defensa nacional”. Siempre hemos considerado una aberración su existencia. 

No compartimos esta lógica perversa consistente en que los intereses de la Defensa estén por encima de la seguridad de la población, invirtiendo ingentes recursos económicos para hacer ensayos guerreros y sus consecuencias de destrucción y muerte. 

Tampoco queremos el riesgo de esta infraestructura militar en nuestro entorno, máxime en la actual situación de tensión internacional. Vemos como sobrevuelan nuestras cabezas aviones cargados de bombas, en ocasiones con capacidad de fuego real y todo el peligro que conlleva. Las maniobras llevadas a cabo en mayo sin previo aviso a la población, las anunciadas y luego suspendidas a finales del mismo mes sin que supiéramos si iban a ser o no con fuego real, y tantas otras, son una prueba de lo que decimos. 

Son operaciones de entrenamiento cada vez más numerosas, intensas y de mayor peligro, que ponen y quitan a su antojo sin ningún tipo de control por parte de las autoridades civiles navarras y sin más explicación a la población que el cierre perimetral de caminos. Se trata también de defender nuestra propia seguridad ante los numerosos accidentes que se han generado a lo largo de estas siete décadas.

No queremos lamentar otros peores. Somos pacifistas y por ello somos antimilitaristas. Por eso creemos que los conflictos entre los gobiernos deben resolverse por vías dialogadas y no empleando el poderío militar de cada cual para machacar a la población del país que considera enemigo. 

Somos particularmente sensibles a las tremendas consecuencias que generan las guerras y el terrorismo en forma de dolor, muerte, destrucción, hambruna, destrozos ecológicos, desesperación y desplazamientos forzosos e inhumanos de millones de personas. A estos argumentos hay que añadir la especial situación que atravesamos como consecuencia de la pandemia que nos azota desde hace más de un año. 

La crisis sanitaria, social y económica nos obliga a replantearnos nuestro sistema de vida y las prioridades que hemos de establecer. En este contexto, el polígono de tiro y sus funciones aparecen como un sinsentido y se acentúa más la necesidad imperiosa y urgente de su desaparición. No necesitamos armas, sino personal sanitario, educativo, de atención a la dependencia… Hacen falta servicios públicos de calidad. 

Con los 107 millones de dólares que cuesta un caza F35 americano, o con el importe del Eurofighter, podríamos cubrir una buena parte de las enormes necesidades de las carencias sociales que soportamos. Por si fuera poco, el gasto militar en el mundo aumenta un 2,6 % durante la pandemia. El gobierno de España no solo ha seguido esa tendencia, sino que la ha superado con creces con un aumento del 9,41%. Tenemos más razones que nunca para exigir el inmediato desmantelamiento del polígono de tiro. No podemos sostener por más tiempo este agujero negro que, para más inri, está en medio de un Parque Natural y Reserva de la Biosfera.

Aunque respetamos otras opiniones, no reivindicamos someterlo a referéndum. Hace muchos años, la Asamblea Antipolígono ya recorrimos ese camino y llegamos a la conclusión de que no es procedente, porque consideramos que vivir en paz y clamar contra las guerras es un derecho y un deber que está por encima de un referéndum y de consideraciones económicas, políticas y militares que puedan llevar a algunas gentes a apoyar ese tipo de instalación militar. 

Queremos deshacernos cuanto antes de la aberración que supone utilizar un parque natural como lugar de entrenamiento para las guerras, y, teniendo presente que el 2028 finaliza el contrato de arrendamiento, centramos nuestras energías en que no vuelva a renovarse y en que el gobierno navarro arbitre medidas de financiación alternativas para las instituciones de las zonas afectadas, y que no tengan que depender económicamente de la existencia o no de esta instalación militar. Sabemos que para lograrlo es necesaria una respuesta social firme y sostenida. 

La Asamblea Antipolígono, llevamos décadas movilizándonos, lo seguimos haciendo y lo haremos hasta el final. En esta ocasión, la Marcha anual al polígono de tiro no se realizará por los límites que nos impone la pandemia. Esperamos con ganas poder retomarla. Este año no haremos la Marcha, pero, en su lugar, el domingo 6 de junio, a las 12 del mediodía, la Asamblea Antipolígono convocamos una concentración en la Plaza Nueva de Tudela. 

La concentración, en la que recordaremos a Gladys y volveremos a reivindicar el desmantelamiento del polígono de tiro y bombardeo de las Bardenas, se llevará a cabo teniendo muy presentes las medidas de seguridad que corresponden al momento sanitario que vivimos. La plataforma “No a la guerra” de Ejea y pueblos convoca a su vez otra concentración en la Plaza de la Villa, en Ejea, también a las 12h. Unos y otras, pese a la distancia, exigiremos con una sola voz, como hacemos todos los años, el desmantelamiento del polígono de tiro de las Bardenas. 

Fdo: Milagros Rubio y Eduardo Navascués, en representación de la Asamblea Antipolígono


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