Anda la prensa sistémica cebando a Más País, que es el socio gubernamental deseado por el PSOE y por el IBEX35 porque Íñigo Errejón, que ha entendido mal el concepto hegemonía, no interpela a las élites ni exige los avances sociales que pide Unidas Podemos.

Errejón se dedica ahora a hablar sobre conciliación, salud mental y transporte. Y no es porque le interesen un rábano estos asuntos, sino porque las teles le aplauden su papel de 'Pepito Grillo' ante el Gobierno con asuntos cargados de 'sentido común' (hijo de la hegemonía, porque siempre es el sentido común de las clases poderosas). 

Seis años de patinazos

Errejón es la cabeza mejor amueblada de la izquierda española y demostró su capacidad de comprensión del populismo latinoamericano en la fundación de Podemos, que tumbó el reñido eje izquierda-derecha por el arriba-abajo en el que las posiciones conservadoras se encuentran KO.

El politólogo firmó en 2011 una brillante tesis doctoral sobre la hegemonía de Evo Morales en Bolivia y en 2014 adaptó en España las exitosas tácticas del Foro de Sao Paulo. Eso sí, lo pudo hacer porque su amigo Pablo Iglesias había lanzado 'La Tuerka', salía a hombros de las tertulias televisivas y había llevado a Podemos al éxito gracias a encauzar el descontento social hacia las instituciones. 

Iglesias barrió al Movimiento Red, Partido X y Equo (que pretendían rentabilizar electoralmente el 15M) y dejó tiritando al PSOE y a Izquierda Unida, que vieron como Alfredo Pérez Rubalcaba y Cayo Lara se prejubilaban para salvar ambas fuerzas. 

Errejón leyó muy bien España, puede haber un patriotismo de izquierdas sin rojigualda y las fuerzas progresistas no deben regalar a la derecha conceptos como 'seguridad'. Pero se equivocó en su papel de mano derecha porque el teórico siempre debe asumir que el líder carnívoro que emula a Lenin no puede ser arrinconado del partido.

Iglesias, que en 2014 combinaba Bruselas con La Sexta, advirtió que Errejón se le había quedado con el partido y, además, vio como su número dos en 2015 apostaba por formar un Gobierno a la baja con el PSOE que hubiera cortado cualquier opción morada de sorpasso. 

En 2016 Errejón se opuso a la fusión Podemos-Izquierda Unida, que dicen que fue un fracaso porque no superó al PSOE (pero seguramente la diferencia hubiese sido mayor en favor de Pedro Sánchez). La pirueta errejonista se completó con un pulso público en Vistalegre II cebado por el Grupo Prisa que Iglesias ganó (enterrando una táctica populista que había dejado de funcionar). 

Ahora Errejón quiere decir que Podemos se ha hundido electoralmente porque las bases no le hicieron caso. Pero obvia, de forma interesada, que la España de 2014 no es la España de 2018. Y obvia entre medias el terrorismo informativo que sufrió Pablo Iglesias por cuenta de Interior y los alicaídos multimedia con creciente dependencia al pesebre público. 

Fracasos y mentiras

Errejón aprovechó el quinto aniversario de Podemos para acuchillar al partido diciendo que se iba con Manuela Carmena, quizás la persona más desleal de la política española (porque le debía el sillón a Iglesias y, cuando la prensa lo empezó a 'matar', se hizo la apolítica).

Carmena, siempre a favor de la corriente, ha sido la mejor alcaldesa de Madrid de las últimas décadas. Pero este hecho no quita que en su intentona de echar a Podemos e IU, porque ella 'no tenía ideología', se acabó estrellando sin poder igualar siquiera los números de 2015 a pesar de tener toda la prensa a su favor. 

Errejón en 2019 prometía que con Más Madrid iba a recuperar la Comunidad de Madrid para la izquierda, patinó, y que iba a ayudar a Carmena a mantener la alcaldía, fracasó. Posteriormente, aburrido en la Asamblea de Madrid, aprovechó una repetición electoral para venderse como mediador del PSOE y Unidas Podemos con Más País, aberración que hizo el ridículo en noviembre de 2019 a pesar de que su líder se travistió de ecologista aunque no haya visto el campo ni por fotos.

El líder de Más País, además de dejarse adular por Ferreras y Zarzalejos y tuitear 'Operación Triunfo' para que le perdonen que es igual de rojo que Iglesias, debe saber cuál es su sitio. Y su sitio no es liderar nada sino susurrar al que lidera: Más Madrid ha sacado mejor resultado sin él que con él, en Vistalegre II patinó y con Más País se estrelló dejando una deuda millonaria que pagan los antiguos compañeros de Carmena con sus dietas. 

Errejón ha dejado de imitar al populismo latinoamericano que teorizó Ernesto Laclau para intentar adaptar en España a los Verdes, que triunfan en Escandinavia, se dispararán en Alemania gracias a su falta de colmillos y fracasan estrepitosamente en el anárquico sur de Europa. 

Es cierto que tras dejar atrás la 'década roja', con triunfos incontestables de la izquierda en el campo del discurso, a España viene una ola reaccionaria que girará al centro el tablero político (es por ello que el PSOE hace renuncias y Unidas Podemos cambia el agresivo discurso de Iglesias por el amable de Yolanda Díaz). 

Pero el problema es que Más País es un proyecto que rejuvenece la socialdemocracia, no la mejora. Errejón estará contento por tanta adulación mediática porque lleva seis años fuera de las fotos mientras sus compañeros de cuadrilla entraban en La Moncloa. 

Eso sí, que algunos digan que ha triunfado Errejón con 3 diputados en el Congreso (y persepectivas de alcanzar 7 u 8), evidencia que Más País es la izquierda alternativa que quiere la derecha porque es acomplejada y sumisa. 

El Mundo y Ana Rosa Quintana, que llevan siete años insultando a Podemos, ahora miman a Errejón porque sabe que el crecimiento de este garantizará que el PP regrese a La Moncloa mientras el PSOE se irá a la oposición con un centenar de escaños y Unidas Podemos sobrevive con doce. 

Si a Errejón le interesara el éxito de Más País y no pagar su ego, se haría a un lado y colocaría como candidata a Mónica García. O sea, que para triunfar deberá limarse lo que siempre le escupe Juan Carlos Monedero: su ambición. 


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