Buñuel, dinamismo en la Ribera; por Bittor Arbizu



 





En este artículo vamos a tratar del futuro de los pueblos. Vivimos una realidad compleja, pues a las crisis económicas que condicionan la vida de los pueblos se suceden otras, como la inesperada pandemia que padecemos. Pese a la angustia y dolor por las muertes acaecidas, hay esperanza en la vacunación. Mientras llega debemos extremar cuidados, ya que actos de irresponsabilidad pueden acarrear más muertes. Además del temor a contagios, queda incertidumbre por el impacto en la economía. 

Ante las crisis la alternativa es reinventarse. Aunque no es fácil, hay que intentar sacar provecho de los recursos. Cuando la agricultura dejó de ser rentable en los caseríos, algunos baserritarras han salido adelante con la venta de sus productos en los mercados, ya sea queso, hortalizas. 

Una imagen que me marcó fue ver la demolición del astillero Euskalduna-Bilbao, símbolo de una industria puntera. Curiosamente, la ciudad se reinventó con el Guggenheim, volviéndose más atractiva y mundial, que ha conllevado recuperar hostelería y comercio. 

Pero hablemos de Buñuel, una sorpresa, tal como señalé en el artículo Buñuel, ilusión en la Ribera el pasado año. Saltó a los medios con motivo de uno de los partidos de pelota más relevantes del Campeonato de Parejas, Ezkurdia-Martija/Irribarria-Rezusta. 

En prensa la noticia llenaba páginas, con titulares como Buñuel, la envidia de toda la Ribera navarra por un día. La repercusión vino precedida por un reportaje de ETB donde intervenían un vecino pelotazale, un entusiasta dinamizador y la alcaldesa, que con simpatía hablaba de un sueño logrado. Era la primera vez que un partido de pelota de ese nivel tenía lugar en la Ribera. Comentaron el partido J. Urkiola y el pelotari Barriola. En euskera citaban a Buñuel como pueblo especial, ambiente increíble, frontón lleno, emoción e ilusión a rebosar, se escuchaba euskera. 

Algunos que no pudimos ir al partido fuimos al día siguiente. En Buñuel destacan sus campos de hortalizas con la Bardena al fondo, muralla natural. Entre las montañas predomina el Cabezo del Fraile, también llamado Castillo de Sancho Abarka, y en Buñuel conocido como el Orgullo del Sur, al ser símbolo de resistencia a la invasión castellana. Hasta Buñuel llegan los rebaños del Roncal, teniendo la grata ocasión de estar con dos pastores protagonistas de la milenaria trashumancia. 

En el pueblo el ambiente festivo era grande. Nuestro amigo Alfonso Bordonaba, entusiasta defensor/divulgador de Buñuel y su patrimonio, nos guió en una emotiva visita. Vimos el trinkete local, donde ya se jugaba en 1694. Se construyó tras caerse la torre de la iglesia románica, contra cuya pared jugaban a pelota en siglos precedentes. 

Quedan piedras con marcas de cantero de la vieja iglesia. Junto a ella estuvieron los Antiguos Graneros del rey Sancho VII el Fuerte (1194-1234), nombre que mantienen los vecinos. En la plaza unos leños apilonados iban a servir para la hoguera que mantienen toda la noche. Tradición de siglos, se hace tres veces al año, dando esos días a los necesitados pan, queso y vino. 

Hay fotografías de la presa romana del Ebro, la antigua barca, presente en el escudo del pueblo, necesaria para atravesarlo antes de existir el puente. El Ebro fertiliza la huerta de la Ribera, ofreciendo una verdura deliciosa. Ha sido medio de transporte hasta el delta del Ebro, como las épicas almadías con la madera del Pirineo. Proporcionaba barbos y anguilas, que además de alimento era medio de vida para los pescadores que lo vendían por los pueblos. En sus orillas las lavanderas hacían su tarea, a la vez que era la piscina natural de los niños, aunque peligrosa. 

Cuando fui me comentaron que iban a venir un grupo de turistas catalanes, interesados por Buñuel, con su acceso a la Bardena y a otras localidades riberas. Están digitalizando su Archivo Histórico, que va de los siglos XIV a XVII, donde están apareciendo enriquecedores datos de la Historia de Nabarra. Por ejemplo, documento del año 1494 de los reyes nabarros dando orden para que Tudela recuperase Buñuel. Emociona leer "El Rey y la Reina... quel castillo e lugar" y sus firmas. 

Está la adquisición del castillo por Sancho VII el Fuerte en 1220. Como comentan, es una verdadera joya histórica. En arqueología investigan y cuidan los yacimientos, apareciendo alguna moneda del emperador Adriano, cerámica, huellas de villas romanas- Además, trabajan la poesía, música, deportes, rutas por el Ebro, dando a conocer atractivos de pueblos cercanos como Ablitas, Ribaforada. Todo esto lo hacen posible un joven grupo de gobierno municipal con eficacia y altruismo, y que ante obstáculos la alcaldesa ha respondido con firmeza, datos y transparencia.

 En Buñuel quedan nombres en euskera como Muga, Guelbenzu, Latalor y cerca Mugablanca, Oñate (oin pie, ate puerto), Modorra, Leoz. Alguno quizá apellido, procedencia roncalesa o cuestionable, otros creo que propios. Está la campaña a favor de ofrecer euskera a los niños, Buñueldik zerura! (de Buñuel al cielo), regálales el euskera y llegarán muy alto del Gobierno de Nabarra. 

Una acertada apuesta de futuro y un valor añadido a la localidad. Me comentaron que a Senda Viva acuden en torno a un 60% de vascoparlantes. Una lengua más enriquece, y más siendo la propia, lingua navarrorum (lengua de los nabarros), tal como el rey se refería al euskera en 1167. Buñuel cuida sus raíces e historia y trabaja el presente mirando al futuro. Una localidad atractiva y hospitalaria que merece ser visitada.