Alejandro Toquero aseguró el año pasado que su objetivo estrella para esta legislatura era conseguir la carta de capitalidad para Tudela. Navarra Suma, sin proyectos propios de envergadura en la capital ribera, podría consumir esfuerzos en la petición al Gobierno de Navarra para que dé luz verde a que Tudela tenga una financiación extra que UPN no fue capaz de otorgarle en 18 años (y que ni siquiera apoyó en el Parlamento de Navarra en diciembre de 2018).

La carta de capitalidad está justificada por un informe diseñado por el Ayuntamiento de Tudela y adelantado por e-Ribera.com que no obliga la ciudad ribera a justificar los costes que asume de otros riberos ni la compromete a asumir las competencias que supuestamente ofrece a los riberos mediante un convenio que tendrían que cumplir.

Es evidente que Toquero, que cada vez tiene más problemas para soportar una comparativa con Eneko Larrarte, está más cómodo pidiéndole financiación para Tudela a Chivite que hablando sobre la gestión de Navarra Suma en la capital ribera (cobro de dietas irregulares que tuvo que devolver, relación empresarial pretérita entre su mano derecha y un contratista, anulación temporal de la plantilla orgánica por parte del TAN, manifiesto firmado por 600 tudelanos para exigir que no se discrimine al euskera, concurso de la Mancomunidad encallado en los tribunales mientras la ciudad sigue con problemas de limpieza, gasto de personal y eventuales que se dispara un 68%, decisión de cortar la financiación del festival Lo que viene y de sustituir a cuenta del COVID a Villa Javier en el reparto de comida a personas mayores por una empresa de catering de comida a domicilio más cara, y la suma de una heterogénea y repetida colección de problemas de gestión: pérdida de subvenciones, errores de redacción de pliegos, ayudas que tardan en repartirse, alto porcentaje de inversiones sin ejecutar, etc). 

El Gobierno de María Chivite, que alardea de apostar por la vertebración territorial, quizás acabe siendo el Ejecutivo que más daño haga a la cohesión territorial. Para evitar semejante deshonor debe abstenerse de menguar el dinero que otorga a las administraciones 'pequeñas y medianas' para subírselo a las principales ciudades. Por mucho que no se llamen Pamplona.

De aquellos polvos

En 1997 el presidente foral Miguel Sanz otorgó la carta de capitalidad a Pamplona, que recibió 1.800 millones de pesetas (10,8 millones de euros). El vicepresidente Rafael Gurrea, ahora tan llorado por UPN, se mostró contrario a esta herramienta porque, decía, "no está justificada" y "abre la puerta para que otras localidades de la Comunidad Foral exijan fórmulas de financiación similares". 

La Ley Foral 16/1997, de 2 de diciembre de 1997, asegura que la carta de capitalidad ha obligado a Pamplona que sobredimensione servicios e infraestructuras. Tudela, en 102 páginas, no ha sido capaz de asegurar qué servicios en concreto se compromete a mantener, mejorar o promocionar. 

Aun así es evidente que los polvos pamplonicas serán utilizados por algunos dirigentes tudelanos como muleta con la que intentarán suplir lo insostenible que resulta intelectualmente que Gobierno de Navarra vaya a abordar la financiación de varias ciudades en vez de anteponer los problemas que tienen varias zonas deprimidas o pequeños municipios de la Comunidad Foral. 

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