Un líder político contestatario vale lo que pesan sus enemigos. Y Pablo Iglesias, a pesar de sus contradicciones, autoritarismos, bandazos y enchufismos, ha sido el dirigente comunista más importante de España desde la Guerra Civil. 

Y es que el líder de Podemos consiguió, nada más irrumpir en política, que el bipartidismo se agrietara, que Juan Carlos de Borbón abdicara, que la regeneración inundase todo y que el Ibex35 se muriera de miedo. Y para muestra, un botón: los periodistas que cenaron con Emilio Botín la noche antes de morir aseguraron que el banquero no dejó de hablar muy preocupado del 'Coletas'.

Es decir, Iglesias logró convertir la indignación popular en cambio político y enfadar a toda la chusma madrileña que domina España como si fuera su cortijo particular. Y esto no lo pueden decir ni Santiago Carrillo, que tragó con una Transición infame; ni el honrado Gerardo Iglesias, que nunca pintó nada; ni el ejemplo ético de Julio Anguita, utilizado por la derecha mediática para tumbar al felipismo; ni Gaspar Llamazares, cuyo bagaje político causa bochorno; ni Cayo Lara, incapaz de aprovechar el 15M en favor de IU. 

Pablo Iglesias pegó una patada al tablero, asustó a la oligarquía, triunfó en las europeas de 2014, arrasó en las municipales de 2015 (Madrid y Barcelona), rozó el sorpasso sobre el PSOE en las generales de diciembre del mismo año y, cuando todo parecía propicio y firmó pacto con IU... no llegó el sorpasso en junio de 2016. 

Aquel día murió Podemos como proyecto que aspiraba a sustituir al PSOE y comenzó una nueva etapa en la que la formación ha ido achicando su espacio electoral a la vez que rentabilizaba su creciente peso estratégico. 

Es decir, Unidas Podemos influía menos con 71 diputados en 2016 que con 35 diputados ahora (véase el 'escudo social' y un Consejo de Ministros donde, además de argumentarios de lobbies como preámbulo de puertas giratorias vía PSOE, llegan reivindicaciones de colectivos sociales). 

Fin de ciclo

Podemos, en contra de otras fuerzas contestatarias como el PCE, HB o ERC, ha logrado alcanzar La Moncloa. Es decir, ha tocado el BOE y ha pisado moqueta con sus zapatillas sucias sin perder la vena contestataria. 

Iglesias ha logrado que una fuerza marxista y con aires antisistemas haya amargado los besamanos del chusmerío rojigualdo. Es cierto que al final fueron muchas las renuncias, desde intentar tumbar a la monarquía para mantenerse en el Consejo de Ministros a derribar la 'ley mordaza' o la reforma laboral. 

Pero aun así la vuelta histórica del comunismo al Gobierno central tras ocho décadas quizás merecía que Iglesias, que había logrado lo más difícil, aguantase el temporal y se dejase de miedos o estrategias tras siete años de brega. 

Nadie sabe si Iglesias, que ve demasiadas series, ha dado un paso al precipicio madrileño por temor a la vuelta de una guerra sucia de las cloacas del Interior, que ya dispararon contra él, o porque quiere aspirar a vicepresidir una autonomía tras renunciar a vicepresidir un Estado. 

¿Luces?

Ciudadanos, como siempre en venta al mejor postor, está al borde de la implosión y Podemos ha decidido cambiar el ritmo de juego mediante una jugada arriesgadísima que puede acabar con Díaz Ayuso gobernando junto a Vox mientras Iglesias, tal y como le pasaba a Errejón, acabe como diputado raso y aspirante a jefe de la oposición madrileña (con permiso de Ángel Gabilondo). 

Dicen los que conocen al líder morado que las encuestas estatales no remontaban y que Yolanda Díaz, que practica el carmenismo (origen comunista y destino socialdemocráta) puede ser la herramienta perfecta para evitar que el PSOE, tal y como ocurrió en los ochenta, se quede con todo el pastel.

Iglesias, al igual que le pasó a Santiago Carrillo tras ceder los trastos de matar a Gerardo Iglesias tras la debacle del PCE 1982, quizás pretende que Yolanda Díaz sea su marioneta ya que el todavía vicepresidente estatal ni se plantea renunciar por ahora a la secretaría general de Podemos. 

Pero su marcha, se supone que para intentar echar a ese mal chiste llamado Isabel Díaz Ayuso, puede hacer que Unidas Podemos se quede sin colmillos y se convierta, de forma definita, en una alicaía muleta del PSOE. Es cierto que hubo desgaste al llevar la teoría a la práctica. Y también que bonito mientras duró...

7 claves del golpe de timón

1- Las previsiones estatales de Unidas Podemos les hacen moverse en alrededor de 22 diputados, trece menos que los de ahora. Yolanda Díaz tiene mejor valoración tanto en los votantes de la coalición como en los del PSOE. ¿Eso implica que va a conseguir mejores resultados que los que lograba Iglesias? No y no es fácil que los obtenga porque los peores números del nuevo candidato madrileño son mejores que los que lograron en sus mejores tiempos Carrillo o Anguita. Aun así la dinámica era negativa. 

2- Las previsiones autonómicas de Unidas Podemos en la Comunidad de Madrid eran nefastas: rondando el 5% del voto y jugándose sacar entre 0 y 7 diputados de la mano de Isa Serra, que podría ser inhabilitada por su actuación en un desahucio. Aun así había otras opciones, Alberto Garzón o Irene Montero, que hubiesen facilitado superar la barrera sin que Iglesias tuviese que dimitir. 

3- El PSOE se había lanzado al centro con su OPA a Ciudadanos vía Murcia. En Podemos se enteraron por la prensa, al igual que del pacto entre Sánchez, Casado y Zarzuela para buscar vías para promover la transparencia de la Casa Real. Es decir, para reforzar la monarquía. 

4- Díaz Ayuso ha disparado sus previsiones electorales y caminaba hacia un triunfo incontestable que podría implicar el primer pacto de Gobierno entre PP y la ultraderecha de Vox, que aspira a la vicepresidencia madrileña con Rocío Monasterio. 

5- El giro a la derecha de Ayuso choca contra el acercamiento de Pablo Casado al centro. Pero el derrumbe de Ciudadanos facilita que PP y Vox tengan posibilidades de crecimiento mientras el PSOE se vendía como único salvador del pacto conservador madrileño que puede ser estatal si Ayuso se lanza al cuello de Casado. 

6- Unidas Podemos, con su cambio de estrategia, busca cambiar la dinámica demoscópica y cortar el crecimiento estatal del PSOE, derrumbar al PP quitándole su joya de la corona, dejar sin moqueta a Vox y evitar una posible resurrección de Más Madrid/Más País. La jugada contra el bipartidismo y la ultraderecha es arriesgada, pero Iglesias quizás cree que este es el último gran combate político que tiene que emprender. 

7- La Comunidad de Madrid está orillada hacia el centro-derecha. El bloque conservador superó en tres puntos al progresista en un momento muy favorecedor para la izquierda estatal, mayo de 2019, y ahora la clave está en que Ayuso y Monasterio ahuyenten a parte del centro; Ángel Gabilondo se coma parte de la tarta de Cs; Pablo Iglesias movilice todo el voto de la izquierda alternativa al grito de "¡No pasarán!"; y Más Madrid, si Errejón no acepta pacto, no caiga del 5%. Veremos...

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