María Chivite protagonizó esta semana un acto en la sede la Mancomunidad de la Ribera junto a varios miembros de su Gabinete, una veintena de alcaldes del sur de Navarra y los principales representantes de los organismos supramunicipales riberos de mayor relevancia. La intención de la presidenta navarra, tal y como explicamos en e-Ribera.com, era desmontar el argumentario de Na+ al anunciar una colección de inversiones en la Ribera.

Pero, repasando la letra pequeña y distanciándonos los flashes de la performance, lo cierto es que el Gobierno de Navarra aseguró a través de su Gabinete de Prensa que "Tudela y la Ribera recibirán cerca de 110 millones de euros para mejorar los servicios sanitarios y educativos". Y de eso... nada.

6 millones

Este anuncio es una obscena manipulación por parte del Gobierno de Navarra que lidera María Chivite. Y es que el Ejecutivo utilizó la cifra de gastos corrientes, que incluye los sueldos de los propios sanitarios y la conservación de las instalaciones públicas, como parte de la 'mejora' de los servicios sanitarios. 

En realidad, los gastos de capital o inversiones reales de Gobierno de Navarra en asuntos sanitarios apenas llegan al 5% de la cantidad anunciada a mejorar la sanidad ribera: 108 millones, que es una cantidad con la que se podría levantar un hospital de similares características al siniestro Zendal. 

Lo cierto es que el Ejecutivo foral invertirá 2,8 millones en reformar y ampliar las instalaciones de hemodiális del Reina Sofía, que ya era hora. Y desembolsará 400.000 euros en renovar equipos médicos del mismo hospital; 1,1 millones de euros en reformar el centro de salud de Santa Ana de Tudela; licitará el centro de salud de Cascante; ampliará y mejorará los de Villafranca, Cabanillas y Milagro; y aportará 95.000 euros para financiar el transporte oncológico de Cruz Roja de Tudela a Pamplona.

Inversiones

Las citadas inversiones son muy loables al igual que la mejora de varios centros educativos o el arreglo del Puente de Tudela. Pero el contraste entre la 'brillantina' del acto gubernamental y la realidad de las inversiones, sobredimensionadas por Gobierno de Navarra, hacen que Javier Esparza no ande desencaminado a la hora de decir en SER Tudela que María Chivite bajó "a vender humo". 

El hecho que de Navarra Suma haya decidido el mantra pueblerino con el que hicieron fortuna los miembros de 'el clan de la boina' y utilice los bajos instintos riberos para azuzar una guerra norte-sur con una mirada catastrofista de la Ribera y muy dulce del norte, vayan a la Sakana o el Prepirineo y pregunten a qué hora pasa el autobús o cuándo viene el pediatra, no da derecho al Gobierno de Navarra a intentar placar el infantil argumento de sus adversarios, que apenas hicieron nada por la comarca en un cuarto de siglo en el poder, con una estridente performance que tiene un interés puramente electoralista para el PSN-PSOE, consciente de que la Ribera es clave para repetir plata y poder en 2023.

Y tampoco tiene derecho Gobierno de Navarra a utilizar canales de comunicación públicos que se nutren con personal pagado con dinero público para lanzar titulares amarillos. Las administraciones públicas se dicen muy preocupadas por la crisis reputacional del periodismo, lastrado por el clickbait, los bots, la endogámica relación entre poder y periodismo, y, sobre todo, por la precariedad relacionada con modelos de negocio en extinción. Pero las instituciones y sus representantes, vean al 'Nietísimo' Felipe VI pontificando sobre la libertad de expresión a unas horas de que Pablo Hásel ingrese en prisión, deberían predicar con mejores ejemplos. 

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