El consejero de Desarrollo Económico del Gobierno de Navarra, Manuel Ayerdi Olaizola, escribía recientemente el artículo de opinión “Reducir la temperatura del planeta es una prioridad” en varios periódicos de Navarra. En él nos informa de la insostenibilidad del consumo energético en nuestra comunidad, y nos ofrece tan sólo una solución, casi mágica, como es la de producir más energía renovable.

Así, el consejero reduce la oposición existente a los proyectos renovables a cuestiones paisajísticas o a preocupaciones como la biodiversidad, que puede ser sacrificada, según afirma. Minusvalora el autoconsumo, las comunidades energéticas o la generación cercana a los puntos de consumo. Finalmente, cree que es necesario un impulso decidido en favor de los grandes polígonos industriales de captación de energía eólica y solar fotovoltaica presentados por la iniciativa privada en Navarra.

Nos encontramos en un momento histórico marcado por la emergencia climática: hay que cambiar las fuentes energéticas en un planeta donde los combustibles fósiles y los minerales se agotan, las cadenas de suministro no están garantizadas y el modelo económico imperante requiere del crecimiento constante para no entrar en crisis. Frente a tamaña complejidad, la receta del consejero es “sencilla”: hay que aumentar la cantidad de parques solares y eólicos en Navarra, así como desarrollar e implantar sistemas para el almacenamiento de la electricidad que estos producirán. Y ya está. No hay más problema. Y si tienen impacto ambiental… no hay más remedio que asumirlo como mal menor.

A esto se resume el largo artículo que el señor Ayerdi remitía a la prensa escrita del fin de semana. Artículo que contiene algunas verdades, pero que no están completas, dado que no describe el conjunto de problemas que implican. La fundación Sustrai Erakuntza lo ha intentado, y en los próximos días presentará un informe que aborda los grandes retos que supondría una verdadera transición a un mundo impulsado por energías renovables.

El consejero informa que actualmente ya consumimos aproximadamente un 20% de energía renovable (lo que implica que el 80% restante es fósil); pero olvida comentar que también consumimos sólo un 20% de energía en forma de electricidad. Y como las renovables producen mayoritariamente electricidad, para realizar esa transición sería necesario abordar una transformación de todos los sectores de la economía para que puedan ser impulsados por el fluido eléctrico. Y éste es un cambio de tal magnitud a nivel mundial, que, en opinión de quienes investigan este proceso de transición, será imposible realizarla si queremos conseguir el mismo consumo energético que tenemos en los países del primer mundo.

Y éste, guste o no guste, es el meollo de la cuestión que el señor Ayerdi no menciona. El nivel de consumo energético y de materias primas que realizamos en Navarra, basado mayoritariamente en los combustibles fósiles, es insostenible. Pero además es insolidario, dado que impide que otros territorios puedan cumplir sus objetivos medioambientales. Y tampoco podrá ser sostenido en el futuro con energías renovables si no abordamos otros cambios: modelo económico, social, agrícola, movilidad, ocio, consumo…

Por este motivo, el Capitalismo Verde que nos quiere vender el consejero en su artículo no es materialmente posible. Y de intentar llevarse a cabo supondrá un gran impacto ambiental, tanto a nivel de Navarra por la extensión de los polígonos de captación de energía renovable, como en otros países por la extracción de materias primas necesarias para construirlos. No conseguirá hacer frente a la crisis climática y ecológica global, que se verá agravada por la destrucción de ecosistemas tanto aquí como allá.

Por todo ello, recomendamos al señor Ayerdi que lea el informe que va a publicar Sustrai Erakuntza. Porque estamos seguros de que le abrirá los ojos sobre el futuro, y le guiará hacia las transformaciones necesarias que se tendrán que dar. Los problemas complejos no se resuelven con respuestas simplistas como las que se proponen en su artículo.

Martín José Celaya García, miembro de la fundación Sustrai Erakuntza.
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