El Ayuntamiento de Fitero ha impulsado la realización de un mural en el Cortijo de la villa que homenajea al célebre periodista, profesor y escritor local Manuel García Sesma, autor de multitud de variadas obras sobre la historia del municipio. 

Precisamente Sesma escribía en 'Poemario fiterano' (1969) sobre la historia de este lugar que ahora engalanará: 

El Cortijo es la calle más antigua de Fitero, pues se remonta hasta el siglo XII. Claro está que las casas actuales no son precisamente las de entonces; pero la traza tortuosa de la calle es la misma. Todavía se conservan en un rincón de ella restos de la antigua muralla del Monasterio. En aquella época, el Cortijo estaba también murado y fortificado y se comunicaba con la Iglesia por una puerta. Además tenía dos puertas de entrada, las cuales se cerraban por la noche, con gruesas cadenas y cerraduras. Durante el día, en caso de incursión enemiga, se tocaba una campa de la iglesia, para prevenir a los vecinos que se encontraban en el campo, y éstos regresaban presurosamente para encerrarse en el Cortijo y organizar la defensa, disparando contra los invasores saetas y piedras, y arrojándoles calderas de agua hirviendo.
Dado su trazado arcaico irregular, así como su historia legendaria, no es de extrañar que, en su ambiente, floten todavía, de vez en cuando, los duendes y las brujas de otros tiempos, producto de la imaginación calenturienta de la gente sencilla y crédula. Recuerdo que, en mi infancia, el vecindario anduvo efectivamente alborotado un año, con la historieta de un pretendido duende, que hacía misteriosos ruidos nocturnos, en una casa de dicha calle. Probablemente serían debidos a alguna rata que roía algún trozo de leña o a un cerdo que se rascaba contra la puerta de una pocilga, que chirriaba; pero los moradores y sus vecinos los atribuían a un duende tan misterioso como juguetón. Tal vez por este curioso caso, Luis Palacios M. Pelletier adoptó más tarde en La Voz de Fitero, el pseudónimo de El Duende del Cortijo.

En la misma obra García Sesma explica que "el simpático semanario duró casi dos años, muriendo asfixiado por el cerril caciquismo local". 'Poemario fiterano', que nació en el exilio mexicano "fruto de una crisis de nostalgia", reconocía el autor, también reflejaba una coplilla de García Sesma sobre una simpática leyenda que corrió por la villa hace un siglo: 

EL DUENDE DEL CORTIJO

En el Cortijo hay un duende,
al decir de las comadres.
¿Es blanco, amarillo o negro?
En verdad, nadie lo sabe.

Una vecina asegura
que tiene forma de gato
y que lo ha visto una noche,
corriendo por los tejados.

Otra dice que ha escuchado
sus lastimeros quejidos,
semejantes a los lloros
de un nicho recién nacido.

Y una vieja medio ciega
dice en serio que lo vio
colarse por la pared,
envuelto en un albornoz.

¿A cuál de las tres versiones
le concedemos más crédito?...
¿Es el gato, niño o fantasma?...
¿Es un vivo o es un muerto?...

El caso es que, en todo el pueblo,
sólo hablan los vecinos
de las extrañas hazañas
del ignoto duendecito.

Una devota ha pedido
al Párroco que exorcice
a los perros y a los gatos,
a los niños y tabiques.

Un matarife ha ofrecido
sus cuchillos y sus hachas,
para perseguir al duende,
lo mismo que a una alimaña;

Y un conejal ha propuesto
que la Guardia Civil sea
la que al misterioso duende
lo descubra y lo detenga.

Pero el médico asegura
que no hay tal duende ni duenda
y que todo es sugestión
de gente ignorante y crédula.

Mas, por si acaso, en las casas
embrujadas del Cortijo,
se derrocha agua bendita
y vela más de un vecino.

¿En qué por fin parará
este intrigante misterio?
¿Dará el tiempo la razón
a las comadres o al médico?

Mas el tiempo ha transcurrido
sin saberse la verdad
y al duende en paz han dejado
las viejas y el concejal.

Meses ha que en el Cortijo
nadie habla ya del fantasma,
pero sí de una mocita,
hace poco evaporada.

Y yo, ingenuo, me pregunto
si su desaparición
no habrá sido obra del duende
que todo el mundo olvidó...

México D. F., 9 de abril de 1953

La historia documentada del Cortijo la amplió Serafín Olcoz Yanguas en 'Fitero cisterciense: del monasterio a la villa'. 

Pelairea


El Ayuntamiento fiterano también ha realizado un mural en el Cortijo en homenaje al poeta de origen vasco y adopción ribera Alberto Pelairea. Sobre este heterodoxo artista García Sesma escribió un poema que pasamos a reproducir: 


ALBERTO PELAIREA

Unos ojos penetrantes;
a flor de labio, el ingenio;
un corazón bondadoso;
y... he aquí su boceto.

Era de esas personas
de natural simpatía,
en cuya grata presencia
hasta las penas se olvidan.

De seguro que no tuvo
jamás enemigo alguno,
pues se mostraba cordial
y afable con todo el mundo;

y además dispuesto a dar
siempre su tiempo y dinero,
para aliviar a los pobres,
a los ancianos y enfermos.

En el Balneario Nuevo,
que administró muchos años,
era para los bañistas
un médico de sus ánimos;

pues para todos tenía
una ocurrencia jovial,
ya fuesen monjas, toreros
o damas de sociedad.

Sabía jugar a todo:
a la pelota, a las damas,
al dominó, al ajedrez,
al billar y a la baraja;

Y era capaz de alegrar
la mas seria reunión,
con sus chistes y sus cuentos
y sus juegos de ilusión.

Descollaba como vate
de inspiración natural,
derrochando las metáforas
de más colorido y sal;

y obtuvo más de un laurel,
en certámenes poéticos,
aunque nunca editó un libro,
con sus innúmeros versos.

Incluso para el teatro
escribió no pocas piezas,
cuyo escenario ordinario
eran Fitero o Tudela;

y nunca cobraba nada
por las representaciones,
destinadas a aliviar
escaseces o dolores.

Aficionado a la música,
tocaba con maestría
el acordeón y el piano,
la guitarra y la ocarina;

y ejecutaba a menudo
fragmentos de “La Bohème”,
por afinidad de espíritu
con Marcel y con Mussette.

De niño y joven, viví
junto a él, varios inviernos,
contagiándome su gusto
por la música y los versos;

y todavía recuerdo
aquellas gratas veladas
con su pimpante señora
y sobrina tudelanas.

La nieve caía lenta
sobre la Peña del Saco,
mientras él nos deleitaba,
con un nocturno en el piano;

O bien, sentados en torno
de la mesa de camilla,
nos leía con unción
una bella poesía.

No nació en Fitero; mas
amó y cantó a nuestro pueblo
y al morir, descansar quiso
en su humilde cementerio.

Lector que estas líneas lees:
si es que su tumba visitas,
no te olvides de dejar
sobre ella unas florecitas.


México D. F., 20 de mayo de 1963

El homenaje pendiente del Ayuntamiento de Fitero

Resulta inaudito que tras más de cuatro décadas de democracia el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Fitero siga sin autorizar la realización de un homenaje al medio centenar de republicanos asesinados en la villa, muchos de ellos miembros del consistorio. 

Manuel García Sesma escribió un magnífico discurso ante sus antiguos compañeros el 1 de mayo de 1988 que recogió la revista Fitexpress que editó la Agrupación Fiterana Independiente: 


Un año más venimos, en este Primer de Mayo de 1988, a recordaros y tributaros un cordial homenaje de agradecimiento y de respeto. No es, ni mucho menos, una ceremonia fácil acercarse a vuestra común tumba sin sentir una emoción profunda de dolor y de tristeza. ¡Os hicieron sufrir tanto! Y luego, para borrar vuestro recuerdo, esparcieron vuestros huesos por los lugares más lejanos y desconocidos. Y no quisieron inscribir vuestras defunciones en los libros municipales y parroquiales...¡Cómo si nunca hubieseis existido! Todo inútil: Aquí están reluciendo con letras de oro vuestros nombres queridos.

Pero demos de lado estas lúgubres evocaciones; porque hoy os traemos una gran noticia que, de haber vivido todavía, os habría colmado de alegría: la de que la Causa por la que luchasteis y moristeis no quedó definitivamente perdida como creyeron vuestros enemigos. Que vuestro Centro Obrero resucitó de sus cenizas y tenía actualmente cinco representantes en el Ayuntamiento del pueblo; que gobierna en España desde 1982 el Partido Socialista Obrero Español, fundado por vuestro viejo amigo Pablo Iglesias y que hoy, I de Mayo de 1988, se celebra en toda España el Primer Centenario de la Unión General de Trabajadores, a la que pertenecisteis vosotros. ¿No es un motivo de orgullo y de legítimo gozo? No, vuestro sacrificio no fue estéril e inútil, como el de tantos otros desgraciados del bando opuesto. ¿Quién se acuerda de ellos? Pero a vosotros se os recuerda y recordará siempre.

Permitirme evocar, en este día, una escenas risueñas de vuestra época. Era el año 1922. El país apenas si empezaba a despertarse de la horrible pesadilla del año anterior: el desastre de Annual y Monte-Arruit. Los socialistas tenían la mayoría en el Ayuntamiento de Fitero, presidido a la sazón por Donaciano Andrés, y Pablo Iglesias y su mujer, Amparo Meliá, habían venido a veranear un mes en nuestra Villa. Para eso alquilaron una casa del Paseo de San Raimundo: la del Tío Conrado y la de la Tía Faustina, que, complemente remozada posteriormente ostenta en la actualidad el número 22. Cerca de ella había en una bajera un pequeño taller de modistas o aprendices de costureras, con las que no tardó en relacionarse la señora Amparo Meliá, la cual por las tardes solía pasar algunos ratos en su compañía. Por su parte Pablo Iglesias, que por aquel entonces era Diputado a Cortes por Madrid -lo venía siendo desde 1910- y director del semanario EL SOCIALISTA, solía darse un pequeño paseo por el San Raimundo, en espera de su abundante correspondencia diaria. Al serle entregada por el cartero, se sentaba ordinariamente en un banco del Paseo, cercano al kiosko de la música. Los bancos de entonces no eran tan cómodos como los de ahora, pues eran tres bloques cúbicos de granito. Al atardecer, cuando refrescaba un poco, venían a sacar a Don Pablo a pasear por el campo Donaciano Andrés, Demetrio Andrés y otros incondicionales del Centro Obrero.

Don Pablo tenía, a la sazón, 72 años y era un anciano venerable, bien conservado: alto, espigado, de barba y bigote blancos y con un pañuelo blanco al cuello en lugar de corbata. De ordinario llevaba un traje entero gris y se tocaba la cabeza con una gorra del mismo color. Por supuesto, no era la primera vez que Pablo Iglesias venía a Fitero, pues desde 1910 era un cliente bastante asiduo de los Baños Nuevos, cuyas aguas sentaban muy bien a su salud. Naturalmente siempre se daba una vuelta por el pueblo y, en esas visitas, hizo conocimiento con los obreros más conscientes del vecindario, los cuales, por por iniciativa del Abuelo, como le llamaban cariñosamente, fundaron primeramente el Centro Obrero, afiliado a la Unión General de Trabajadores, y más tarde una sección del Partido Socialista Obrero Español. Uno y otro se los llevó el temporal fascista temporalmente; pero aquí estamos los descendientes de los 50 muertos de 1936 defendiendo los mismos ideales de justicia y libertad, por los que ellos murieron. O mejor dicho, fueron muertos. ¡Viva el Primero de Mayo! ¡Viva la Unión General de Trabajadores! ¡Viva el Partido Socialista Obrero Español!

Cabe recordar que en los próximos meses se cumplirá el primer siglo de la llegada a la alcaldía en Navarra de un miembro del PSOE: Donaciano Andrés, de Fitero. Sobre el origen del movimiento obrero también escribió Sesma con motivo del primer centenario de la UGT, en 1988: 


Hace ya un siglo que fue fundada por Pablo Iglesias. Al principio su expansión no fue nada fácil, salvo en ciudades como Madrid o Barcelona, donde se estaban ya difundiendo entre los obreros las ideas socialistas de la Asociación Internacional de Trabajadores, constituida por Carlos Marx en Londres en el año 1864. Su penetración en las capitales de provincia fue más lenta y trabajosa. Y no digamos nada de los pueblos, que eran entonces unos cotos cerrados de los más brutos y cerriles caciques.

En Fitero empezó a cundir la idea asociacionista entre los trabajadores como medio de defensa eficaz de sus intereses de clase hacia la segunda década del siglo actual (por el pasado). Consta que en 1914 existía ya una Sociedad de Oficios Varios y que en 1915 esta Sociedad y Jenaro Aznar, con 47 vecinos más, se dirigieron al Ayuntamiento pidiéndole raciones o trabajo. El municipio acordó darles trabajo. El primer y verdadero representante de la UGT en Fitero fue el Centro Obrero, cuya fundación data de 1917. Su primitivo local de reuniones fue una cochera de Cristóbal Fernández, situada en el Cogotillo Bajo a la entrada del pueblo, en lo que es hoy la casa número 123 de la Calle Mayor. Más tarde se fueron de extremo a extremo de la misma Calle, o sea, al edificio número 1 que había sido Café del Tío Basilio (Basilio Larrea) y fue posteriormente farmacia. Hacia 1916 dio allí una conferencia Pablo Iglesias, con gran afluencia de público y gran contrariedad de los caciques. Por fin, en 1924, los ya numerosos afiliados de la UGT construyeron su edificio propio: el Centro Obrero, en el entonces número 113 de la misma Calle Mayor.

Este centro duró hasta el comienzo de la Guerra Civil de 1936-39, en el que fue primeramente saqueado, pues los socios tenían en él una pequeña cooperativa, y a continuación incendiado. ¡Memorable hazaña! ¡Se acabó para siempre el Centro Obrero!, pensaron los pillos y los tontos. Pero se equivocaron por completo. Aunque solo quedaron en pie, bastante maltrechas, las paredes maestras, el industrial Nicolás Tena creyó que podía utilizarlo como almacén y se lo pidió al Ayuntamiento, el cual se lo cedió gratuitamente en 1964 por el tiempo que quisiera. Pero no fue mucho porque en 1975 murió el General Franco y tras las elecciones legislativas de 1977, en las que no salió elegido ningún diputado falangista, el señor Tena comprendió que había terminado la era fascista y se apresuró a devolver el almacén al Ayuntamiento, y éste a su vez, a sus legítimos dueños: los socialistas. Con entusiasmo y desinterés, los hijos y nietos de los mártires del 36 lo convirtieron rápidamente en la actual Casa del Pueblo, digna sucesora del antiguo Centro Obrero. ¡Qué la vean floreciente como ahora nuestros nietos y nuestros tataranietos!  ¡Viva la Casa del Pueblo de Fitero! ¡Viva la Unión General de Trabajadores!



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