Hace unos días la Consejera de Economía y Hacienda, Elma Saiz, publicó un artículo en el que consideraba que no era el momento para grandes reformas fiscales. A pesar de que sus propios datos prevén una caída de la recaudación de 538,6 millones de euros. A pesar de que Navarra tiene una presión fiscal 1.675 millones menor al año que la media de la Unión Europea. A pesar de que siete de cada diez euros que se recaudan por impuestos directos son rentas del trabajo. A pesar de que Navarra es el territorio del Estado donde menos se recauda a través del Impuesto de Sociedades. A pesar de todos los pesares la Consejera lo tiene claro; los impuestos no se tocan.

Lamentablemente, esta postura de la Consejera es una postura consensuada con los partidos que componen el Gobierno de Navarra (PSN, Geroa Bai y Podemos). El anteproyecto de Presupuestos está condicionado por la negativa a reformar la fiscalidad, y por la política de austeridad antisocial que defiende el Gobierno de Chivite al mantener una tasa de referencia del déficit del 2,2%, aún cuando la Unión Europea ha anunciado la suspensión de las reglas fiscales para 2020 y 2021. Además, se trata de unos presupuestos totalmente continuistas (prevén un incremento del gasto de solamente el 1,9%) que parecen elaborados como si no hubiera pandemia, y que no van a ser suficientes para cubrir las necesidades sociales y sanitarias que se han multiplicado por el Covid19.

El Gobierno tiene prácticamente asegurada la aprobación de los presupuestos con el voto favorable de Izquierda-Ezkerra, y la abstención de EH Bildu tras el acuerdo que alcanzaron a mediados de noviembre. La única medida concreta de ese acuerdo (más allá de compromisos de hacer estudios y declaraciones de intenciones) es la reserva de una partida de algo menos de 2 millones para enmiendas parciales presentadas por EH Bildu. Esos 2 millones suponen un 0,04% del total del gasto, por lo que es evidente que ese acuerdo no consigue modificar la orientación antisocial de los Presupuestos.

En las valoraciones que han hecho los firmantes del acuerdo se subrayan valores como la responsabilidad y la capacidad de influencia (aunque solo se modifique el presupuesto en un 0,04%). La irrelevancia de UPN se celebra como una gran victoria pero lo cierto es que hace seis años que UPN salió del Gobierno y tenemos prácticamente la misma fiscalidad. Dicho de otra forma, a las grandes fortunas y a los lobbies empresariales y religiosos de siempre no les afecta gran cosa que ahora no gobierne UPN. El resultado es casi el mismo: la nueva política ‘progresista’ apenas les produce molestia alguna.

Por otro lado, el acuerdo entre el Gobierno de Navarra y Bildu recoge el compromiso de realizar tres estudios sobre el Impuesto de Sociedades, la fiscalidad verde y las pensiones (el acuerdo no implica que el Gobierno se comprometa a tomar medidas, sino simplemente a elaborar dichos estudios). Con ese tipo de acuerdos se crean falsas expectativas, dando a entender que el Gobierno está dispuesto a tomar medidas en fiscalidad, medioambiente y pensiones cuando la realidad es muy diferente. En la política lo realmente importante son los hechos, y no el compromiso de hacer estudios. Y los hechos son que la única medida fiscal de este Gobierno ha sido eliminar el Impuesto al Patrimonio Empresarial, que el Gobierno sigue apostando por construir el TAV, y que tres de los partidos que componen el Gobierno (PSOE, Unidas Podemos y PNV) acaban de firmar las recomendaciones del Pacto de Toledo, unas recomendaciones que van a suponer un nuevo recorte en nuestras pensiones.

Las organizaciones sociales que queremos transformar la sociedad necesitamos contar la verdad a la gente. Conocer los datos que sustentan la realidad (más allá de la propaganda) es condición necesaria para cambiar esa realidad, pero no es suficiente: hay que movilizarse y presionar a quienes pueden asignar aquí o allá el caudal presupuestario, orientándolo hacia la igualdad social y no hacia el mantenimiento de los privilegios. Por todo ello, también es imprescindible una izquierda política que ejerza como tal y, sobre todo, que no confunda a la gente, porque no todo debe parecer lo mismo.

Imanol Pascual Ariz, coordinador de ELA en Navarra. 
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