domingo, 18 de octubre de 2020

Guía para entender por qué UPN podría no volver a gobernar Navarra




La derecha navarra consiguió aprovechar el conflicto vasco para transformar una polarización estatal que no le convenía, izquierda-derecha, en una batalla identitaria con tres 'quesitos' (tal y como repetía hasta la saciedad Miguel Sanz).

Esta anomalía, a la que contribuyeron la docilidad de HB ante los postulados de ETA y la relación del PSOE con los GAL, facilitó que UPN-PP se hiciera con el poder en 1991 de la mano de Juan Cruz Alli, que pudo reunificar a la derecha foral con la estatal tras doce años una distancia provocada por la polémica relacionada con la 'transitoria cuarta'.

Hace casi tres décadas el centro-derecha navarro, con menos de 103.000 votos, se hacía con el control del Palacio de Navarra gracias a la falta de acuerdo que se vislumbró en el bloque progresista, que sumaba 163.000 papeletas. 

Cambio de dinámica

UPN implosionó a mediados de los noventa y nació el CDN, que ensanchó el espacio electoral del centro-derecha, en parte gracias a su capacidad para asumir algunos elementos culturales vascos que tanta alergia provocan en las filas más 'españolistas'. 

La suma de UPN y CDN, en las cuatro citas forales convocadas entre 1995 y 2007, rondó los 150.000 apoyos. El centro-derecha desde hace trece años ni de lejos se ha acercado a los números que lograron esa heterogénea pareja compuesta por dos antiguos aliados y 'enemigos íntimos': Miguel Sanz y Juan Cruz Alli. 

La derecha navarra gobernó de prestado durante 23 años

Pero, a pesar de que el CDN amplió las filas conservadoras, el centro-izquierda pudo gobernar entre 1991 y 2015, es decir, 'siempre' desde que murió Franco. Al menos en 2007 en las filas progresistas comenzó a escucharse la señal de alarma porque Ferraz bloqueó la conformación de un Gobierno compuesto por PSN y una coalición que condenaba la violencia de ETA de forma inequívoca, Nafarroa Bai. 

Este hecho, propiciado por el interés de Zapatero de que el pacto en Navarra no le restase votos en otras zonas del Estado en las elecciones generales de 2008, dejó claro que UPN y los aliados madrileños del PP utilizaban una especie de chantaje para perpetuarse en el poder a pesar de que los números no les daban. 

Y es que en 2007, en el que la suma UPN-CDN alcanzó los 153.000 apoyos, el bloque del centro-izquierda superaba en la Comunidad Foral los 180.000 apoyos. Este hecho motivó que el PSN se rompiera por dentro y que algunos elementos progresistas comenzaran a trabajar en acabar con la anomalía de Navarra, 'cuestión de Estado'. 

Pero la derecha no advirtió que se había quedado 'sin centro', UPN mantuvo su discurso vascófobo y todavía no parecen haber comprendido a qué se debe su colección de caídas: el centro-derecha (UPN y PP, a los que se sumarían posteriormente Cs y Vox), cayó en las autonómicas de 2011 por debajo de los 140.000 votos, en 2015 tocó suelo con 115.000 y se elevó ligeramente en 2019 hasta los 128.000 (todavía lejanos de los 150.000 votos de los mejores tiempos).

Patxi Zabaleta también cambió la dinámica electoral de Navarra

Patxi Zabaleta es seguramente el político que mejor ha comprendido Navarra en los últimos cuarenta años. Este prestigioso abogado consiguió que HB dejase su estrategia frentista para hacer política en las instituciones, que la izquierda abertzale comprendiera que Aralar era el faro que había que seguir en el siglo XXI, y que el nacionalismo vasco debía unirse y agrandarse en la Comunidad Foral con elementos transversales.

Y así fue: Zabaleta, harto de que el nacionalismo vasco se presentara en listas diferentes, armó una singular coalición llamada Nafarroa Bai que se convirtió en la sorpresa electoral de las elecciones generales de 2004 al conseguir un escaño al Congreso que fue a parar a manos de Uxue Barkos.

El propio Zabaleta encabezó en 2007 la lista autonómica de una coalición en la que Aralar, escisión de HB, se unía con Eusko Alkartasuna y dos fuerzas tan extraparlamentarias como influyentes: el PNV y Batzarre. 

Y este 'invento' ensanchó el espacio del centro-izquierda navarro gracias a la propulsión del nacionalismo vasco, que no ha dejado de crecer desde que Nafarroa Bai en 2007 sorpassó al PSN. Hace trece años los nacionalistas superaron los 90.000 votos tras mejorar en 20.000 sus números de 2003.

La escalada electoral desde entonces ha sido imparable para las distintas coaliciones, hoy Geroa Bai y Euskal Herria Bildu principalmente: en 2011 sumaron 92.000 votos, en 2015 rozaron los 104.000 y en 2019 se acercaron a los 109.000. 

En definitiva, que desde que Zabaleta armó Nafarroa Bai a nivel autonómico han pasado trece años y el apoyo en Navarra al nacionalismo vasco, que se ha visto favorecido electoralmente por el final de ETA, ha roto su techo cuatro veces y ha crecido más de un 34%. 

El centro-izquierda navarro en máximos

La colección de récords del nacionalismo vasco gracias a su capacidad para abrevar en electorados no identitarios, ayer PSN y hoy Podemos, ha propulsado al centro-izquierda, que entre 1983 y 2003 se movió en una horquilla que osciló entre los 140.000 y 160.000 apoyos en las elecciones autonómicas. 

Pero en 2007, año en el que se estrenó a nivel autonómico Nafarroa Bai, el centro-izquierda ha superado siempre los 160.000 apoyos y en las últimas citas, 2015 y 2019, las fuerzas progresistas navarras superaron los 205.000 apoyos (UPN más el trío de Colón apenas alcanzó los 115.000 votos en 2015 y los 128.000 en 2019). 

Mayor diferencia incluso se aprecia en las elecciones estales: Navarra Suma (UPN, Ciudadanos y PP) y Vox sumaron en noviembre del pasado año 117.104 votos en Navarra. PSOE, Euskal Herria Bildu, Unidas Podemos y Geroa Bai alcanzaron casi el doble: 207.442 

Viendo estos números, resulta sorprendente que UPN, quizás por sus recurrentes 'triunfos' al ser la lista más votada entre tantas listas progresistas, haya conseguido fijar en el imaginario colectivo la sensación de que en la Comunidad Foral existe un 'empate técnico' a nivel electoral. Quizás por eso algunos intentan estirar el fantasma de ETA para intentar ganar en los despachos madrileños lo que les niega la ciudanía navarra.

Dos estrategias para compensar sus continúas derrotas en las urnas

UPN necesita, o bien ensanchar su espacio por el centro con el ánimo de acercarse a los loables 153.000 apoyos con los que se seguiría quedando lejos de los 205.000 progresistas, o bien eternizar el discurso del 'todo es ETA' que tanto rédito les proporciona hoy en día en Pamplona gracias al PSN, que permite que el centro-derecha, que no alcanzó siquiera los 45.000 votos en 2019, mande a la oposición a unas fuerzas progresistas que en la capital rebasaron los 60.000 apoyos. 

En ninguna otra autonomía del Estado se vislumbra siquiera la hegemonía progresista que se vive a nivel electoral en la Comunidad Foral de Navarra, donde en todas las localidades superiores a 6.000 habitantes que gobierna Navarra Suma (a excepción del pueblo de María Chivite, Cintruénigo), lo hace gracias a la fragmentación del centro-izquierda. Punto.

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