Mikel Saralegui ha firmado un interesante artículo sobre el impacto ambiental que está sufriendo la Ribera y la Zona Media a causa de la multiplicación de infraestructuras energéticas: "Durante estos 25 años hemos visto como en las cumbres de algunos montes emblemáticos iban apareciendo molinos eólicos, o las llanuras esteparias acogían a estos gigantes espigados".

"Y veíamos también como con ello aparecía la mortandad de aves a su alrededor, o se producía la apertura de grandes pistas y caminos, la desaparición de arboledas, los movimientos de tierras, o la desnaturalización de paisajes. Se puede decir que muchas zonas completamente naturales de nuestro entorno se han visto artificializadas por la aparición de estas moles", añade.

El presidente de Sustrai recuerda que "el Plan Energético de Navarra del 2012 indicaba ya que Navarra era una comunidad autónoma excedentaria en la generación de energía eléctrica. Motivos similares llevaron al Gobierno Foral a decretar una moratoria a la instalación de más parques eólicos en 1996. Desde entonces se ha pasado a consumir menos electricidad, por lo que en la actualidad producimos más de la que necesitamos, dado que hemos seguido añadiendo nuevas fuentes de producción, y no hemos eliminado ninguna de las existentes, como por ejemplo pudieran ser las ilegales centrales térmicas de Castejón".

Saralegui explica que "el Plan Energético de Navarra actualmente en vigor permite que las empresas instalen parques eólicos sin medida. El modelo que se potencia desde los diversos gobiernos favorece a las grandes empresas promotoras de estas instalaciones, y genera expectativas de enriquecimiento fácil para estas y también para ayuntamientos".

El activista señala que "hemos visto como incluso hay ayuntamientos que pleitean para pedir la aprobación de aquellos aerogeneradores denegados por Medio Ambiente, como medio para aumentar sus ingresos. Ha pasado, por ejemplo, en el impactante proyecto eólico de CAVAR, en la Sierra del Yugo, donde los ayuntamientos de Cadreita, Valtierra y Arguedas pusieron recursos o alegaciones ante la denegación de algunas de las máquinas por el impacto ambiental que generaban. La única razón que para ello esgrimían los ayuntamientos era la perdida de un recurso económico que esperaban como agua de mayo".

"De este modo, los gobiernos se han convertido en meras ventanillas a las que las empresas acuden a pedir en propiedad pedazos del medio natural navarro, entregando a cambio una pequeña parte de sus beneficios. Es parte del juego de este sistema Capitalista depredador, que ve los recursos naturales como parte del negocio de las empresas, del que pueden apropiarse sin ofrecer apenas compensación", denuncia.

Tras lo cual propone "ahorrar y reducir en el consumo energético, adoptar sistemas y modos de organización que aprovechen mejor la energía renovable disponible y que ahora no se puede utilizar, promover instalaciones de proximidad aprovechando las edificaciones existentes, apostar por la cercanía y por los modelos descentralizados".



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