Anda la sociedad dando muestras de un infantilismo superlativo. Mucha parte de la ciudadanía, harta de verse a sí misma, carga contra el Gobierno porque quieren plantar lechugas e irse a los parques a airear a los críos. 

En realidad, la salud medioambiental está mejor que nunca con los humanos encerrados y los niños están muy bien alejados de las áreas de esparcimiento. Porque de lo contrario comenzaremos a rebrotar antes de salir de la peor fase.

Pero las huertas y los críos son la excusa. Los que deben que poder salir ya son los señores y señoras con diabetes, esos que tienen que andar por prescripción médica. El resto son majaderías a las que se está apuntando con una inusitado interés la izquierda política del sur de Europa.
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