martes, 14 de abril de 2020

¡A por la tercera!





Vía: Mauricio Valiente en Mundo Obrero

Cuando desde el PCE defendemos el proyecto republicano para la España del siglo XXI no lo hacemos por añoranza del pasado o por justicia histórica, una especie de desquite colectivo ante el asalto oligárquico y del fascismo internacional que acabaría triunfando en 1939. Hay motivos para la añoranza y razones, más que sobradas, para reivindicar esa República de los trabajadores, como se calificó en su Constitución de 1931. Pero defendemos la necesidad de una ruptura democrática, de un nuevo marco constitucional, democrático de raíz y hasta la máxima magistratura del Estado, por el potencial revolucionario que conlleva, porque es imposible concebir el protagonismo ciudadano de la mayoría social trabajadora de este país que este proceso requiere sin la garantía de los derechos económicos, sociales y culturales que el actual desarrollo del capitalismo le niega.

La reivindicación de la república, por lo tanto, no es un apartado del programa de memoria democrática que defendemos, es un elemento central del proyecto político por el que luchamos.

Pero la política no es sólo proyecto, correlación de fuerzas, táctica y estrategia. La política, como decía el Che, tiene que ver también con la consciencia colectiva, con la moral de un pueblo, con su auto identificación como sujeto de cambio. Para todo ello, los símbolos, el relato de su desenvolvimiento histórico, las efemérides como el 14 de abril son imprescindibles. Son el recuerdo colectivo de las razones de nuestra lucha.

Al igual que las celebraciones de la Primera República, cada 11 de febrero, fueron el símbolo para todos los que querían cambiar la España de la Restauración y la Dictadura de Primo de Rivera, el 14 de abril es el símbolo de todas las personas que queremos transformar nuestra sociedad actual.

La Segunda República fue un periodo complejo. Con más avances que retrocesos. Libertades conquistadas, derechos apenas garantizados y represiones sin cuento, y no sólo las del bienio negro. El PCE comenzó combatiéndola y acabó siendo el principal bastión de su defensa ante el embate fascista, envoltorio que encubría los intereses de una minoría social privilegiada. No fue un proceso lineal. El PCE cambió sus posiciones, se movió, aprendió, al igual que lo hicieron otros actores del momento. El principal mérito de su dirección colectiva en este viraje, con José Díaz y Dolores Ibárruri La Pasionaria a la cabeza, fue su capacidad de interpretar los reclamos y las necesidades de la mayoría social.

Lo más relevante de la Segunda República fue su espíritu creador, las energías que desató. La enorme movilización que forzó un cambio de régimen de forma pacífica, el avance cultural y educativo para hacer de los hombres y mujeres sujetos activos en la vida social, la enorme capacidad de resistencia de un pueblo que se alzó durante la guerra ante quienes le querían someter. Por paradójico que sea, Manuel Azaña, un dirigente al que se le agotó en el momento más dramático de la guerra, fue quien mejor expresó este espíritu en el momento inicial del periodo. Precisamente en un acto para conmemorar la Primera República:

La política consiste en realizar. La política se parece al arte en ser creación. Una creación que se plasma en formas sacadas de nuestra inspiración, de nuestra sensibilidad, y logradas por nuestra energía. La política es, pues, confianza en el esfuerzo, optimismo. No hay política de hombres desengañados, de hombres tristes; no hay política de hombres circunspectos, que no quieren arriesgarse a fracasar; no hay política de hombres fútiles; la política está reñida con el esnobismo. Nosotros hemos rebasado aquella etapa decadente del espíritu español que contaba por meses y aun por días el tiempo que le faltaba para desaparecer. Desechamos la opresión del pasado y las añoranzas históricas. De frente a la realidad, por adversa que parezca, hemos de modelarla con nuestras propias manos.


Esta es la Segunda República que recordamos este 14 de abril. Las mujeres y hombres que la trabajaron no se dejaron llevar por las circunstancias, que fueron muy adversas. Esa voluntad de construir, de arriesgar, de crear, es la que necesitamos para afrontar lo que se nos viene encima, para seguir avanzando en unidad popular, para defender los avances que se consigan en el gobierno y seguir reclamando lo que queda por alcanzar, para frenar a una derecha extrema en sus distintas expresiones que representa lo mismo que quienes conspiraron contra la Segunda República: la marcha atrás en el camino emprendido, la reacción y la anulación de la creatividad de la mayoría social trabajadora.

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