No tenemos que ser futurólogos para saber que tenemos por delante unas semanas de histeria colectiva, que sufriremos restricciones similares a las de Italia, y que si seguimos la buena trayectoria de China, el Covid-19 no alcanzará este país siquiera en en 2020 los 6.0000 muertos que provocó la gripe común en 2019. En tres meses, calor mediante, la situación puede atenuarse.

No tenemos que ser sociólogos para creer que la ciudadanía no tiene que vaciar supermercados como adolescentes caprichosos, que los medios no deberían emitir una especie de reality-show en el que falta que pongan paneles con el número de muertos, que no debemos bloquear de forma innecesaria las instalaciones sanitarias (principal temor del Gobierno) y que la juventud debe aprender a gestionar sus emociones en vez de escenificar pataletas infantiles porque se suspenden fallas, fiestas, toros, fútbol y demás opio del pueblo. Es hora de guardar las fiestas de guardar.

No tenemos que ser politólogos para saber que el Gobierno fue laxo ante el 8-M, que los ultras de la oposición no pueden dar lecciones tras el circo de Vistalegre, que los neoliberales dan vergüenza ajena al mostrar su pesar por el hundimiento de esa tragaperras especulativa llamada Bolsa de valores y que no hay motivo hasta la fecha para desconfiar de las instrucciones de las instituciones.

Es hora de informarse por los cauces perceptivos en vez de consumir y compartir porquería por WhatsApp. Es hora de simplemente preocuparse en vez de aterrarse, porque la preocupación te ayuda y el miedo te bloquea. Y es hora de tener cierta altura de miras, observar la historia y ver que el ser humano ha sobrevivido sin problemas a dificultades mucho mayores que estas.


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