miércoles, 26 de febrero de 2020

La jubilación dorada de Del Burgo: 3.100 euros mensuales sin haber cotizado nunca





Cuenta El Mundo que "las Cortes gastan seis millones al año para que un grupo de parlamentarios cobre la pensión máxima. Tres ni cotizaron nunca a la Seguridad Social: Cristina Almeida, de IU, que percibe 2.792,38 euros; Pablo Castellano, del PSOE, y Jaime Ignacio del Burgo, del PP, 3.102,65 euros".

Jaime Ignacio del Burgo, según Floren Aoiz en 'Tres tristes trileros'

Jaime Ignacio del Burgo estaría encantado de que lo presentáramos como el maquiavélico tipo archiodiado por el abertzalismo, el gran defensor de la Navarra foral y española que condensa nuestras fobias. Esto es, que ensancháramos su ego un poco más, si es que eso es posible. No es eso precisamente lo que hago en mi semblanza crítica del personaje. Ha sido importante en nuestra historia reciente, claro, pero no tanto como él pretende, y donde él quiere vender inteligencia y firmeza hay sobre todo mediocridad, ventajismo y oportunismo.

A fin de cuentas, los suyos han tenido que apartarlo de la primera fila y no una, sino varias veces. Entre ellas, y de manera estrepitosa, cuando dirigía la Diputación foral y fue acusado de un escándalo de corrupción del que lograría salir airoso en términos judiciales, aunque no políticos. Que no espere por tanto que lo juzguemos más benévolamente que sus propios compañeros de filas. No tenemos la menor intención de salvar su biografía tomándolo más en serio de lo que corresponde. De hecho, mi lectura de Jaime Ignacio del Burgo está escrita a mala leche, en la acepción del término que tiene que ver más con el humor mordaz que con la ira o el odio.

En ese sentido confieso que no he podido resistirme a la tentación de enfangarme en los berenjenales del psicoanálisis amateur y lanzar una mirada a los Del Burgo desde el «retorno de lo reprimido», interpretando su obsesión antivasca como una desesperada manera de huir de su propio pasado, que es el pasado de una derecha que fue más vasquista que nadie y que tantas veces sobreactúa para ocultarnos sus orígenes.

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