martes, 7 de enero de 2020

Libertad para el siglo XXI: la renta básica








Vía: revista Agon

Economista y profesor en la Universidad de Barcelona, ​​Daniel Raventós es una de las figuras más destacadas del pensamiento republicano actual. Miembro de la revista Sin Permiso y presidente de la Red Renta Básica, ha publicado varios textos defendiendo filosófica y económicamente la implantación de una Renta Básica. Abordamos cuestiones como los fundamentos filosóficos de la tradición republicana, la definición de libertad y, como no, la Renta Básica. Hablamos con él en un bar del paseo de Sant Joan, Barcelona.

Tanto usted como Antoni Domènech, han sido pioneros en la investigación y divulgación de la visión republicana. Visión que ustedes dicen que recorre desde Grecia pasando por Roma hasta llegar a la Revolución Francesa y Norteamericana. ¿Cuál es el elemento que permite explicar todos estos fenómenos como herederos de una misma tradición política?

En primer lugar decir que el mérito mío comparado con el del Toni Domènech en la investigación y divulgación del republicanismo es extremadamente pequeño. Además hay otros autores y autoras que habría que incluir aquí, por supuesto, porque tienen muchos méritos en esta investigación.

La concepción de la libertad republicana tiene 2300-2400 años de historia. Evidentemente, todos estos puntos que has dicho, la democracia griega, la romana, la revolución francesa, la revolución americana, son realidades que han dado hechos muy ricos y pensadores muy diferentes. Pero si debiera apuntarse un hilo conductor entre ellos es una concepción de la libertad que está ligada a las condiciones materiales de existencia. Si esto era resaltado también por mi amigo y maestro Antoni Domènech es porque justamente el liberalismo histórico, es decir, el que nace a principios del siglo XIX, estipuló, y este es su éxito vista la realidad en la que estamos, que la libertad estaba desligada de las condiciones materiales de existencia. El republicanismo justamente hace indisoluble el vínculo entre la libertad y las condiciones materiales. Olvidarse de ello, por la manera ahistórica y ainstitucional que suele emplear la filosofía política mainstream, lleva a lo que Toni denominaba “cómicas tormentas en un dedalito de fluidos académicos”.

Republicanismos históricos ha habido dos: republicanismo oligárquico y republicanismo democrático. El oligárquico sería aquel que defiende que solo es libre quien tiene la existencia material garantizada, de ahí que solamente puedan ser libres los ricos. Y, por tanto, todos aquellos que dependen materialmente de otro no pueden serlo. Mujeres, trabajadores, criados, o esclavos (aunque los esclavos no son evidentemente ni ciudadanos, porque eran considerados simplemente como instrumentum vocale, es decir, un instrumento que tiene voz) no pueden ser libres porque dependen precisamente de otro.
El republicanismo democrático, en cambio, defendiendo la misma concepción de la libertad, quiere expandirla a toda la población. Pero en los dos tipos de republicanismos no encontramos una diferencia en la concepción de la libertad.

¿Qué autores se situarían en un lado y en otro?

De los clásicos, el máximo representante del republicanismo oligárquico es Cicerón. Pero antes es importante hacer la diferencia entre la tradición romana y la tradición ática. La república romana era oligárquica, la república ática (no griega en general sino la ática), era democrática en un sentido muy concreto: era el gobierno de los pobres libres que duró un siglo y medio. Aquel gobierno, aquella forma de democracia, Aristóteles que vivió los últimos años del gobierno de los pobres libres, la criticó en sus grandes libros Ética a Nicómaco o Política, porque está criticando la sociedad que vive, y él no es partidario de la democracia.
La democracia Aristóteles la define como el gobierno de los pobres libres, y la oligarquía como el gobierno de los ricos. Aquellos que dicen que la lucha de clase la inventó Marx sólo deberían leer un poco. Pero, entonces, con diferencias, los dos famosos republicanos oligárquicos serían Cicerón y Aristóteles, aunque mantienen diferencias respecto a su defensa de un gobierno de los ricos. El segundo es indiscutiblemente más ecuánime en su crítica a la democracia que le tocó vivir. Cicerón es literalmente un defensor de los más ricos.
Después estarían muchos otros. Como, por ejemplo, Kant, Locke, Adam Smith (que se tiende a caracterizar como liberal, como a los otros dos, aunque en la época en que vivió cada uno de ellos no existía el liberalismo). Estos formarían parte de lo que llamaríamos la tradición oligárquica o al menos no democrática. Ya digo, con todos los matices que deben hacerse cuando se trata de autores de una riqueza como los tres citados.

La tradición democrática vendría de los grandes dirigentes de los proletarios o de los pobres libres de la democracia ática: Efialtes, Pericles, la gran Aspasia de Mileto (que casi no hay nada escrito conservado de esta gran dirigente de los pobres libres). Tradición que se ligaría con Robespierre, y la rama más plebeya de la revolución francesa e, incluso, a la rama más democrática de la revolución americana, como Jefferson. Aunque Jefferson es propietario de esclavos, lo que lo diferencia claramente de la concepción de Robespierre al que, según algunos historiadores de la revolución francesa, lo que le costó la cabeza fue precisamente cuando proclamó aún en el poder que el esclavismo tenía que acabar. Y Marx, por supuesto, sería la línea de continuidad del republicanismo democrático.

Ustedes y toda la escuela agrupada en torno a la revista Sin Permiso, han pensado el socialismo como una tradición política directamente vinculada con la tradición republicana. ¿Cuándo cree que el socialismo se desvincula de la tradición republicana y se produce el eclipse de la fraternidad?

Desgraciadamente, las cosas no se pueden responder de manera muy esquemática, ya me gustaría a mí que las cosas pudieran ser tan simples.
En los inicios del siglo XIX, la tradición socialista evidentemente era inexistente o era simbólica, lo que era revolucionario y te costaba el exilio o la cárcel en cualquier lugar de Europa era la defensa de la democracia. La democracia era el legado de la revolución francesa. La herencia de la revolución francesa provocaba un terrible miedo en las clases dominantes del momento en todas las monarquías existentes en Europa. Bentham confeccionó muy bien la ecuación que lo resumía (Bentham mismo detestaba los derechos humanos y las conquistas revolucionarias de 1789, especialmente las de 1793, claro está): derechos humanos = democracia = Robespierre = terror. Ecuación que dominó todo el siglo XIX. Antes de 1848 el “socialismo” era una palabra inofensiva en política. Para decirlo con las palabras de Arthur Rosenberg, en aquellos tiempos solo la democracia olía a sangre y barricadas. No el comunismo ni el socialismo. Esta era la tradición.
Recuerde que Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, dicen que ellos son una rama de la democracia. Me parece que esto no se entiende demasiado bien. Por eso, no tiene sentido hablar de democracia liberal o democracia burguesa, si entendemos que democracia es el gobierno de los pobres libres. Como insistía muchas veces Antoni Domènech, no se encontrará ningún escrito de Marx en el que hable de algo como la democracia burguesa. Es una denominación posterior que se puede entender, pero no tiene nada que ver con esta tradición.
El liberalismo ha sido enemigo histórico de la democracia, con breves y localizadas excepciones, por lo tanto tiene poco sentido hablar de democracia liberal. Toni decía en una entrevista, donde se expresaba con mucha gracia, que hablar de democracia liberal era algo así como hablar de madera de hierro, vaya que es una contradictio in terminis. Llega un momento, por supuesto, que el desarrollo del capitalismo separa el tercer del cuarto estado, y es donde Marx ya trabaja con las ideas socialistas en el sentido de que la clase trabajadora se ha separado completamente de la burguesía o, mejor dicho, la burguesía se ha separado del proletariado, en cuanto a los intereses comunes.

Por fraternidad el ala democrático-plebeya de la Revolución francesa entiende el ideal ilustrado de emancipación para el pueblo trabajador. Se produce el eclipse de los derechos humanos a lo largo de 154 años, desde la revolución francesa, más bien desde la contrarrevolución (1794) hasta 1948 cuando con la declaración de los derechos humanos de la ONU y la derrota del fascismo parece que hay una recuperación al menos formal de estos derechos.

El republicanismo ha sido una tradición muy importante a lo largo de la historia de los movimientos emancipatorios españoles (federalismo, socialismo, anarquismo, etc.). ¿Cree que sigue vigente esta tradición en las fuerzas de izquierdas o está más bien olvidada?

Yo creo que está olvidada, fundamentalmente. Con muchas excepciones, no quiero ser excesivamente tajante, pero está bastante olvidada. Incluso aquí en Cataluña que tenemos un gran movimiento republicano en general, me he encontrado con mucha gente que básicamente asocia el republicanismo con una forma de gobierno, y poco más. El republicanismo es fuera el rey, y ya tenemos república. Pero la idea propiamente de la libertad republicana, que significa como decía antes vincular la libertad con las condiciones materiales, yo creo que está, si no olvidada, eclipsada. Este eclipse lo podemos encontrar en algunos republicanos de izquierdas y, por supuesto, en las fuerzas republicanas de derechas, que también existen.

El republicanismo oligárquico y el democrático coincidían al menos en dos cosas. Que la propiedad era la condición indispensable para ser libre, y que fruto de la herencia del derecho romano y de los códigos napoleónicos, todo ciudadano era igual ante la ley. Es lo que ustedes han denominado una fictio iuris. Partiendo de esta base, y ubicando el crecimiento del neofascismo a nivel global dentro de la crisis del neoliberalismo, podemos entender que esta crisis ha generado un problema muy concreto, que es que el trabajo asalariado ya no es garante de derechos y, por tanto, se vincula la crisis del trabajo con la crisis de ciudadanía. Frente ello, se plantea una salida en clave regresiva en derechos como es el neofascismo actual (representado por Trump o Bolsonaro) cuando plantea excluir de la ciudadanía ya meramente formal a una parte de la población. ¿Cree que se podría encontrar un vínculo histórico entre este neofascismo actual y el pensamiento que Domènech llama Bohême D’or del siglo XIX?

Por supuesto, siempre se pueden encontrar elementos de continuidad entre todas las élites. Normalmente el factor común sería el desprecio por la canalla, por los pobres que republicanamente son la mayoría de la sociedad. Y esto se puede ver actualmente en muchas sociedades, en muchos movimientos políticos. Siempre ha habido este menosprecio de los ricos por los pobres (pobres en sentido republicano, no pobres como actualmente son concebidos, como una cuestión estadística, es decir, pobres republicanamente son los que no tienen la existencia material garantizada) porque al fin y al cabo siempre existe la necesidad de justificarte cuando estás en un lugar de privilegio, sea económico o político, son aspectos que van constantemente de la mano. Te lo mereces, te lo crees, y por lo tanto se debe justificar que “vales más” que los otros.
Esto ha existido siempre, y siempre ha habido lo que Gramsci llamaba peritos en legitimación. Estos peritos son los que siempre están dispuestos a establecer una justificación ideológica o incluso filosófica de las grandes desigualdades sociales. Hay muchos académicos que también están dispuestos a hacer esta justificación. Estos intelectuales no necesariamente toman partido a cambio de una remuneración inmediata como cierto pensamiento izquierdistas a veces explicó simplificadamente.

Otra de las propuestas que se han hecho para intentar salir de esta crisis de ciudadanía expresada por la crisis del trabajo actual, es la Renta Básica Universal dentro de un paquete de privatizaciones de servicios públicos. ¿Como evalúa usted esta propuesta?

Y no sólo por la crisis del trabajo remunerado. Pero antes que nada: la Renta Básica es motivo de mucha confusión. Es propuesta tanto para gente de izquierdas como de derechas, sin entrar en más matices. La Renta Básica que propone la derecha es una redistribución de la renta de casi toda la población hacia los ricos, y la Renta Básica que propone la izquierda, o mejor dicho, lo que proponemos unos cuantos de izquierda, es justamente lo contrario: una redistribución de la renta de los más ricos al resto de la población. Entonces, ¿cuál es el secreto según el cual supuestamente derechas e izquierdas defienden la Renta Básica? Es muy sencillo, se trata de cómo se responde a la pregunta: ¿cómo se financia la Renta Básica? Según como se proponga su financiación encontraremos la gran diferencia entre la izquierda y la derecha.
Charles Murray es el ejemplo perfecto. Es un economista que escribe en el Wall Street Journal y hace años que es partidario de la Renta Básica y escribió un libro que se llama In our hands: a plan to replace the Welfare State. El subtítulo es clarísimo. La derecha quiere la Renta Básica dentro de un paquete de privatizaciones de servicios públicos, no la izquierda.

Por poner otro ejemplo. Hace poco me hicieron coincidir en Colombia con un economista ultraliberal, Michael Tanner del Cato Institute que, supuestamente, defendía la Renta Básica. Entonces, la universidad que nos invitó quería que él la defendiera desde su punto de vista de derechas y yo desde el punto de vista de izquierdas. Y ¿que pasó? No coincidimos en nada y, supuestamente, los dos defendíamos la Renta Básica. Él decía que debía ser una renta muy baja, porque si no los trabajadores no trabajarían, que no debería ir acompañada de otras medidas como una renta máxima, ni estar financiada mediante una reforma fiscal que cargara más a los ricos. En lo único que estuvimos de acuerdo es que la Renta Básica no trataría a los pobres como si fueran niños pequeños. Digamos que era lo único que yo intuí que podríamos estar de acuerdo. Pero la idea es esta: si deseas saber las diferencias entre una Renta Básica de izquierdas y una de derechas es saber cómo se financia y, después, aunque sea en segundo lugar, qué medidas acompañarán a la Renta Básica. La Renta Básica es una medida de política económica, pero no puede ser toda una política económica.

Comentaba que la renta básica es una medida de política económica y que va incluida en un paquete de medidas…

Esto es una de las grandes diferencias de las propuestas de izquierda y de derecha. Creo que la diferencia entre una propuesta realmente republicana socialista y las demás es con las medidas que deberían acompañar a la Renta Básica. Una sería la renta máxima, que es la que he defendido sobre todo con Toni Domènech. Para la concepción de la libertad republicana, no pueden existir poderes privados tan fuertes que condicionen la existencia material y en consecuencia la libertad de la inmensa mayoría. ¿Qué significa una renta máxima? Que a partir de una determinada cantidad, 100% de tasa marginal impositiva, es decir, nadie puede ganar más de eso. Desde la izquierda moderada seducida por el liberalismo aparecen estos mensajes que dicen que esto no puede ser, porque el capital se va, etc. Pues por esta lógica, hagamos trabajo esclavo y así atraeremos más el capital extranjero y se quedará el “propio”, ¿no?

Queríamos señalar en este sentido dos críticas ecofeministas: el reparto democrático del tiempo y de los cuidados; y las dinámicas de consumo masivo. Juntamente ¿con qué medidas debe ir acompañada la Renta Básica para transformar estos dos aspectos?

Tenemos que ser muy cuidadosos porque muchas veces se ponen muchos -ismos (feminismo, ecologismo, marxismo …), pero no por poner más -ismos eso te disculpa o te libera de tener que justificar ciertas cosas. La autoproclamación de cualquier cosa no exime de la argumentación racional, sólida y empíricamente fundamentada. Una de las personas que ha trabajado la propuesta de financiación con Jordi Arcarons y conmigo es Lluís Torrens, que desde hace muchos años es un economista decrecentista. Él liga la renta básica con el decrecimiento y la reducción de la jornada laboral.
La Renta Básica es una propuesta con unos objetivos concretos. La Renta Básica es una cosa y los objetivos decrecentistas, ecologistas y feministas son otros. La Renta Básica puede en algunos casos ayudar a estos otros objetivos, sin duda. Ahora bien, es obvio que la Renta Básica no acaba con la opresión de la mujer, por destacado ejemplo. La Renta Básica debe ir acompañada de otras medidas. La Renta Básica no acaba con todos los problemas que tenemos presentes, tampoco con todos los económicos, como, por destacado ejemplo, el control de la política monetaria. Si no hay un control público de la política monetaria, se permite que con las tarjetas de crédito los bancos hagan las barbaridades que hacen con los tipos de interés, entre otras muchas.
La Renta Básica puede servir para todo un importante cúmulo de problemas (acabar con la pobreza, un incremento del poder de negociación de las trabajadores y trabajadoras, un aumento del poder y la libertad de muchas mujeres …), pero, por otra parte, la Renta Básica no afecta al poder de las multinacionales, no afecta al control de la política monetaria. La Renta Básica es una medida de política económica, pero no es toda una política económica. Para decirlo de otro modo, como me han preguntado de forma antipática alguna vez, “si usted fuera ministro de economía …”, no lo seré nunca pero si yo fuera ministro de economía, por supuesto que implementaría la Renta Básica y otras medidas republicanas socialistas como las citadas: renta máxima, control público de la política monetaria. Entre otras.



Srnicek y Williams, en su libro Inventar el futuro: postcapitalismo y un mundo sin trabajo, señalan a la Renta Básica universal como el medio necesario para forzar una automatización progresiva de la producción, con el objetivo final de construir formas sociales que desatan el acceso a la subsistencia económica del trabajo asalariado. ¿Cuál es la relación entre Renta Básica y el trabajo asalariado? ¿La entiende como un instrumento para desvincular la subsistencia económica del trabajo asalariado o, por otro lado, como un estímulo para trabajar?

La Renta Básica permitiría que muchas personas pudieran renunciar republicanamente a determinados trabajos precarios, cuando actualmente están forzados a aceptarlos. Cuando estás obligado, por necesidad material, no tienes alternativa: no puedes rechazar un trabajo si no tienes alternativa material. El liberalismo por contra proclama que tu eres libre de aceptar un trabajo de mierda o de no hacerlo.
La Renta Básica, en este sentido, desde el punto de vista de los trabajadores, serviría para decir no a situaciones que actualmente estás obligado a decir que sí. Serviría para que muchas mujeres que dependen actualmente de sus maridos o amantes, como mínimo, tendrían unas condiciones materiales para decir que no a una situación en la que actualmente no tienen, por desgracia, otra alternativa. Me han ilustrado mujeres que han trabajado en casas de acogida que dicen “hombre, por supuesto, que la problemática es muy grande y muy diversa, pero muchas mujeres tras ser agredidas vuelven con el marido, y cuando les preguntas, la respuesta puede variar, pero si tiene un denominador común es: ¿de qué viviré?”.
En los años que hace que defiendo la Renta Básica, una de las cosas que me han impresionado mucho es que muchos jóvenes que políticamente podrían situarse entre la extrema izquierda y la derecha, y que por tanto divergían en muchos otros aspectos políticos y sociales, coincidían en este punto: “Nosotros con una Renta Básica no aceptaríamos estas condiciones de mierda”. Esto es muy significativo.
La pregunta nos lleva a otra: ¿cuál es el papel del trabajo asalariado? El trabajo asalariado es algo que republicanamente tiene un papel instrumental. Republicanamente, la virtud es estimar las cosas por ellas mismas. Y lo contrario a la virtud no es el vicio, sino lo instrumental. Si yo te quiero a ti, no tiene sentido que me preguntas “por qué te quiero”. Si yo te quiero porque me das dinero, digamos que por lo pronto es un poco extraño. Te quiero por ti mismo, no por un fin instrumental.
Por tanto, el trabajo voluntario se debe ver desde esta forma virtuosa, bajo la óptica republicana pero, en cambio, el trabajo asalariado no. Tú trabajas como instrumento para hacer algo, es decir, vivir (pagar un alquiler, comprar comida, etc.). Entonces, cuando se pregunta a los trabajadores la utilidad o el sentido de su trabajo es muy curioso que no dicen lo mismo que lo que dicen algunos académicos, que el trabajo dignifica. Cuando se les pregunta a los trabajadores dicen cosas diferentes. Por ejemplo, una encuesta en el Reino Unido, muestra que un porcentaje muy grande de trabajadores considera que su trabajo no tiene ningún tipo de utilidad. No es que lo encuentre poco gratificante o aburrido, es que no le encuentra ningún tipo de utilidad. Incluso, gente que gana mucho (entre ellos, algunos brokers, por ejemplo). Lo que dignifica republicanamente la vida es tener las condiciones de existencia material garantizadas, y aquí es donde la Renta Básica viene a ayudar.

¿Qué relación ve usted entre la Renta Básica y el Trabajo Garantizado?

Lo que le he dicho a más de uno y de diez defensores del trabajo garantizado muchas veces. Primero se trata de garantizar la existencia material de la gente y después de que la gente sea libre para elegir. Si hay personas que no aceptan el trabajo que se le asigna, ¿qué pasará? ¿las dejarás morir de hambre? Un amigo que he mencionado antes, Lluís Torrens, explica la situación del paro, de las condiciones laborales, y dice “las alternativas son trabajo forzado o Renta Básica”. Yo el trabajo forzado lo encuentro horrible, pero parece que si le metes “garantizado” ya queda más pasable. La Renta Básica la defendía Izquierda Unida, hace 6 o 7 años, e incluso la han defendido en el Parlamento español. Hay un proyecto de ley, hace unos años, que está en el diario de las Cortes que lo presentó Joan Tardà de ERC, junto con -supongo que debería ser- Alberto Garzón. Esto lo digo porque IU estaba a favor de la Renta Básica.

Pero es que lo que los experimentos de Renta Básica (sobre los que tampoco hay que sacar demasiadas conclusiones, porque son experimentos temporales y con la gente en muchos casos desconectada entre sí) explican en algunos casos cómo la gente se quita la angustia de la existencia cotidiana y una vez en esta situación, la gente tiene mucha más iniciativa para hacer cosas que antes no tenía la capacidad de hacer, es decir, estimula la creatividad y la iniciativa.

Los neoliberales contrarios a la Renta Básica como Juan Ramón Rallo (de la escuela austriaca de economía) nos dicen que no hacemos el cálculo dinámico y no contamos con los cambios que deberían detraerse de la actividad económica. Pero lo que es interesante es que estos quídams sólo se fijan que nosotros no hacemos el cálculo dinámico de esta actividad, pero no se fijan en lo que la Renta Básica ahorraría al Estado en salud mental, en prisiones, en salud física. Son aspectos que hay que tener en cuenta. O el aumento de la capacidad de consumo que luego revertiría en las arcas del Estado en forma de impuestos indirectos. Cantidades que no permiten calcular nuestro estudio de financiación de la Renta Básica. Ah, pero eso no lo destacan.

Como decimos los republicanos, la financiación de la Renta Básica siempre es una decisión política. La población puede o no puede tener decisión sobre muchas cosas, y actualmente la población no decide casi nada. Con una Renta Básica, como mínimo, se garantiza la existencia material de toda la población y esta es una condición previa a tener cualquier capacidad de decisión. Después te encuentras con los fundamentalistas que dicen “no, es que la Renta Básica no acaba con el capitalismo”. ¡Qué reflexión más profunda!

Basta leer a Marx. A veces he citado un párrafo de Marx sobre el trabajo asalariado, donde habla de que “El carácter extraño del trabajo se evidencia en el hecho de que tan pronto como no existe coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste”.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/sobre-republicanismo-socialismo-trabajo-asalariado-libertad-renta-basica-entrevista

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