A medida que el clima colapsa, preguntamos: ¿Cómo viviremos entonces?





Por Dahr Jamail y Barbara Cecil. Truthout
Traducido por Eva Calleja


Esta es la primera entrega de una serie mensual de Dahr Jamail y Bárbara Cecil, titulada “¿Cómo viviremos entonces? Encontrando nuestro camino y la paz en nuestros corazones en medio del colapso global.”
A pesar de que el viento
sopla terriblemente aquí,
la luz de la luna también se filtra
por entre las tablas del techo
de esta casa en ruinas.
—Izumi Shikibu

Esta crónica es la primera de nuestra serie, “¿Cómo viviremos entonces? Encontrando nuestro camino y la paz en nuestros corazones en medio del colapso global.” Trata de la luz de la luna que se filtra por entre las tablas del techo de esta casa en ruinas.

No está escrito para convencer a nadie de nada, o para volver a poner las cosas en su sitio. No es un manual de supervivencia. Lo que tenemos que decir no está escrito en sintonía con el miedo.
Dahr lleva nueve años en primera línea buscando la verdad que rodea la alteración del clima. Antes de eso, paso más de un año en Irak informando, por su cuenta, sobre como la ocupación estadounidense de ese país estaba afectando a la población iraquí.  Más recientemente, ha tenido que digerir información climática abrumadora antes que el público general, exponiéndose a sí mismo a un desfile de sentimientos que van desde el descredito, la pena, la ira, la impotencia a la desesperación.  Describe esta crónica como “la conclusión inevitable de todos mis reportajes sobre guerras, política, medioambiente y clima.”
Durante 20 años, el trabajo y los escritos de Bárbara han guiado a la gente a superar transiciones vitales, con la atención puesta en una razón de ser más profunda y en el significado que hay detrás de los capítulos de la vida que están terminando.  Su comprensión de lo que se requiere para cambiar, de manera fundamental, ha sido una estructura para la mega transición necesaria para todos nosotros a medida que el mundo con el que contábamos se desvanece.
Lo que tenemos que compartir está escrito en una onda portadora de amor por lo que honramos.  Ese amor, saliendo al mundo a través de nosotros, es la luz de la luna.  Lo que escribimos aquí es para aquellos con el valor de un kamikaze que aceptan los hechos de un caos climático que se intensifica, de una creciente desigualdad económica, del derrumbe de la biodiversidad, del crecimiento del fascismo, de la burbuja de la deuda mundial y de los escenarios de extinción que ya están entrando por la puerta principal.  Es para aquellos que están sintiendo las implicaciones de todo eso en la boca del estómago, incluso antes de llegar a ser totalmente conscientes de los cambios radicales necesarios en nuestras vidas personales y colectivas.
Es para aquellos que, con todo lo que está colapsando, están arriesgando imágenes valiosas del futuro, y aventurándose en conversaciones sobre adaptación, y no solo sobre mitigación.  Es para aquellos que van de puntillas hacia lo impensable con una pregunta en sus labios: “¿Cómo viviremos entonces?” O quizá, para ser más precisos, “¿Cómo viviré yo?”
Puede que estemos (o no) un paso delante de ti en el camino hacia la aceptación de la posible desaparición de la biosfera, que descubre la mentira sobre la invencibilidad de la civilización occidental.  Hemos aprendido que encontrar maneras de actuar, incluso a pequeñísima escala, previene contra la depresión y el cinismo.
Dahr, por ejemplo, además de usar su trabajo para difundir concienciación sobre la crisis, vive en una casa alimentada con energía solar y trabaja para reducir su huella de carbono anualmente.  Juntos, hemos creado un jardín que nos suministra la mayor parte de nuestros alimentos.  También, ambos estamos comprometidos a apoyar a las generaciones más jóvenes a través de formación en la tierra que compartimos, además de organizar retiros para líderes jóvenes interesados en la sostenibilidad personal y en el liderazgo en tiempos inciertos.
Lo que intentamos con esta serie no es discutir datos de nuevo, sino compartir como estamos asimilando el declive global y encontrando una base sólida dentro de nosotros mismos y dentro de nuestra vida diaria.  Esperamos que nuestra forma de pensar y nuestras elecciones inspiren a los lectores a sopesar lo que solamente ellos tienen que hacer.  La profundidad de nuestra crisis requiere volver a comprender lo que significa la esperanza.  Al final de cada artículo, incluiremos referencias comentadas del material que respalda nuestra propia percepción de manera fiable e integral.
Nuestro camino hacia la aceptación de la realidad actual cruza una serie de fronteras que conllevan cambios de mentalidad y agujeros negros emocionales.  Los reconocemos ahora como  salidas hacia una sanación de final abierto y sin precedentes y hacia una investigación generativa.  Este trabajo interior viene unido al importante trabajo exterior de construir relaciones a prueba de bombas que nos apoyen en estos tiempos, una comunidad cerrada, práctica y de apoyo, de adaptación local, y de acciones dignas.
Cada persona choca con umbrales propios a su cultura de origen, historia familiar, su exposición a traumas, edad, composición familiar, marcos religiosos, ubicación y demás.  Esperamos que el terreno de nuestro propio cuestionamiento profundo apoye tu camino particular.  En cada reflexión, describiremos algunas de las prácticas que hemos encontrado que pavimentan nuestro camino hacia un futuro honorable y gratificante e incluso hacia la satisfacción –otro rayo de luz de luna filtrándose a través de las grietas.
Hemos escrito esta serie juntos porque es casi imposible soportar la inmensidad de este momento en solitario.
Finales
Diariamente nos enfrentamos a cosas que ya han terminado.  Los finales se suceden rompiendo el corazón, una y otra vez.  Muchas personas en el mundo ya se están enfrentando el final de tener garantizado el agua potable, aire respirable, alimentos que son seguros y saludables, la permanencia de un hogar físico, la seguridad financiera, la viabilidad de ir a la universidad, las jirafas, las abejas, etcétera.
Por ejemplo, el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno ha estimado que 1,68 millones de americanos fueron desplazados internamente por desastres en 2017, y un estudio realizado por la Universidad de Georgia predice que solamente la subida del nivel del mar podría desplazar hasta 13 millones de americanos para el año 2100.
Más cerca, vientos de cambio están soplando en nuestras relaciones, trabajos y hogares que hacen que muchos de ellos sean inviables.  Todos sabemos que ya hay muchos lugares en el planeta que han quedado inhabitables debido a los efectos del cambio climático, a derrames tóxicos o a la industria.  Las creencias fundamentales sobre la familia y la crianza de hijos están tambaleándose.
Quizá simplemente sean los árboles que están quedando desnudos en otoño lo que te produce tristeza.  La mayoría de los finales nos hunden en el pozo de la pena.  Cuando caemos en ese pozo, las fuentes de la pena, en apariencia diferentes, están mezcladas en las profundidades.
Hay una segunda clase de pena que nos envuelve en los momentos en los que realmente entendemos lo que hemos hecho como humanos.  Preguntas sobre como viviremos en el futuro inherentemente requieren una confrontación honesta con “¿Cómo hemos vivido?”
¿Cómo hemos llegado aquí, totalmente separados de la red de la vida, violando completamente el equilibrio y la reciprocidad que es natural a todas las formas de vida, para terminar comportándonos violentamente entre nosotros? ¿Cuál ha sido mi parte en esto, en mi pensamiento y en los estilos de vida que he dado por hechos? Se ha quitado el tapón de los mitos del crecimiento y del progreso.  El abuso a la tierra y de aquellos que han vivido en armonía con Ella ha quedado al descubierto.  Toda nuestra de avaricia y complicidad cae como una sentencia de muerte.  Esta pena y este remordimiento son enormes.
Unas prácticas simples pueden prepararnos para más finales generalizados que están al acecho.  Podemos desarrollar la resiliencia que necesitamos trabajando incremental y deliberadamente con la sucesión de pérdidas que están sucediendo en nuestras vidas en estos  momentos.  Sugerimos anotar y nombrar sistemáticamente las cosas que están terminando en tu vida.  Una estrategia es tener un diario privado y sin censuras y vaciar nuestros corazones a medida que oleadas de entendimiento y tristeza nos golpeen.
Presta atención a los micro finales personales que están erosionando nuestro sentido del control y de la esperanza.  Sigue preguntando, “¿Qué está terminando?” “¿Qué ha terminado?” ya sean tus preciadas creencias, comodidades que has dado por hechas, imágenes del futuro de tus hijos o nietos, o cualquier otra cosa.  Quizá sea que la juventud se nos está escapando, o la salud, o la perdida de una persona o un animal cercano a nosotros.  Con el nombramiento valiente y sagaz llega el corazón roto.  Sigue respirando. 
Un cuenco bonito colocado cuidadosamente en tu casa puede designarse como guardián de las estaciones y los ciclos que se están retirando gradualmente. Visita el recipiente tantas veces como necesites, sujetándolo con cariño, sintiendo el apoyo de la vida a tu ternura.
Con la ayuda de nuestros jóvenes amigos, Colin y Maura, hemos construido un altar en un bosque de cedros cerca de nuestro jardín, un viejo tocón hueco se abre para recibir trozos de plumas, piedras, lavanda, sueños, cenizas de salvia quemada, nombres de amigos que están preocupados y lágrimas que se colocan en silencio en el corazón hueco para que la vida los guarde.  Visitamos el altar del bosque cuando la insolubilidad de los retos de la vida se hace insoportable.
También hemos reunido un círculo seguro de amigos con los que tratamos cuestiones que afectan al corazón, preguntas imposibles y dilemas personales sobre acciones justas.
La profundidad de nuestra pena es la medida de nuestro amor; su otra cara es la veneración por todo lo que consideramos sagrado, bañado en la luz de la luna.  Todas las noches antes de cenar, cada uno de nosotros en la mesa decimos una cosa por la que estamos agradecidos y una manera en la que hemos servido a la Tierra ese día.  Nunca dejamos de pasarnos por el mundo de lo que es más preciado para nosotros.  De hecho, en el curso de la perdida, lo que más valoramos se hace más vívido.  Todo esto son maneras con las que invitamos a la luz de la luna a “filtrarse por entre las tablas del tejado.”
Detrás de la pena, con el corazón limpio y abierto, somos capaces de pensar con más claridad.  Hay cosas que hacer, ahora, en este corto periodo de tiempo que requieren un pensamiento fresco y claro.
Los próximos artículos incluirán distintos tópicos: cómo encontrar una base sólida en medio de la incertidumbre crónica, cómo mantener una relación sana con las noticias (cómo metabolizar todo lo que leemos y descubrimos), el activismo en un contexto de sistemas que colapsan (qué es lo más ventajoso que hay por hacer y porqué), y cómo criar y educar a los niños en preparación para el mundo que están heredando, entre otros.
Perspectiva a largo plazo
La estructura de este artículo es el producto de una conversación entre nosotros que comenzó hace dos años y que ha seguido día tras día a medida que editábamos, leíamos y escribíamos noticias.
Lo escribimos durante un ayuno de oficina, nada de pantallas durante cinco días, en el estado de Washington en la unión entre la tormentosa costa del Pacífico y un bosque denso y verde.  Tuvimos tiempo de leer y escribir diarios, o simplemente de mirar al mar y escuchar desde dentro.  Creamos espacio para conectarnos con los mares agitados, con los árboles cubiertos de musgo, con el pensamiento original y con la surgencia de la luz de la luna desde dentro.
Fuimos llamados a seguir señales que nos llevaron al mundo de la Pícea de Sitka más grande del mundo y al abeto de Douglas más grande del mundo y a la sabina colorada más grande del mundo.  Cada encuentro fue imponente y sirvió para poner nuestro enigma global en perspectiva.  Hablamos en susurros ante la presencia de ancestros de más de 1.000 años que, a su vez, crecían de sus raíces ancestrales.
Dispersos por el suelo había algunos gigantes caídos, descomponiéndose lentamente bajo la lluvia.  Los científicos nos dicen que los años que tardan en descomponerse igualan a los años que han vivido.  Estos árboles no están realmente muertos.  De hecho se conocen como “troncos niñera” porque su rico suelo y su vida micótica suministran nutrientes para muchas otras especies además de para sus propias semillas.  Prosperan gaultherias y arandanos, sabinas jóvenes, abetos, cicuta, arces, y una multitud de otras especies, sus raíces buscando la riqueza del árbol madre caído.
A medida que se descompone, las otras formas de vida crecen.  Algunos de esos brotes puede que lleguen a vivir mil años, para luego tumbarse y criar a la próxima generación.  La fase de crianza de estos gigantes estaba al final de sus vidas en lugar de en su plena juventud.  Quizá esto tenga algo que decirnos acerca del valor de los verdaderos ancianos en estos momentos (más sobre este tema próximamente).
Hay tanto que simplemente desconocemos sobre la continuidad de la vida.  Quizá la sabiduría que más necesitamos esta justo delante de nuestros ojos en la impresionante maravilla del mundo natural, y todo lo que necesitamos hacer es abrirnos a ella.
Referencias comentadas:
La otra historia de los Estados Unidos (A People’s History of the United States) de Howard Zinn.  La historia de Zinn es un recuento más preciso de la historia de EE.UU. que la que se enseña normalmente en nuestras escuelas.
    El panorama completo (The Big Picture) de Richard Heinberg.  El extenso análisis de Heinberg de nuestra situación actual, sus orígenes y de nuestra resistencia para soportarlo está magistral y fácilmente  asimilado en este artículo.  Su propia vida está llena de luz de luna que se filtra, sugiriendo maneras de vivir más sostenibles.
    El olor de la lluvia sobre el polvo (The Smell of Rain on Dust)  de Martin Prechetel.  Esta visión nativa de la pena nos ayuda a dar la bienvenida a lo inevitable y en las inmersiones necesarias a estás profundidades.
    Los Comunicados sobre la alteración climática (Climate Disruption Dispatches) de Dahr Jamail.  Las actualizaciones regulares de Jamail sobre la ciencia del cambio climático son fuentes fiables de verdad científica.

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