Lectura recomendada: 'El euskera en La Ribera de Navarra'














Euskal Herria, como la Grecia clásica, más que una nación, es un mundo. Euskal Herria ha sido siempre un cruce de caminos, una confrontación de caracteres étnicos, un mestizaje de culturas. La imagen del lauburu es en este sentido arquetípica. Expuesto a los cuatro vientos, somos un pueblo siempre en la encrucijada. Pero somos el pueblo del euskera. Lo que nos une, lo que nos vivifica, es el euskera. Sin euskera no habría Euskal Herria. Tampoco habría existido -ni podría existir- una nación llamada Nabarra.


Al Sur y al Oriente de Nabarra / Euskal Herria, la Ribera participa de todos los caracteres generales de nuestro pueblo, con la añadidura de ser tierra fronteriza. Tantas veces invadida, es como un cruce de caminos por donde circulara demasiada gente. Pero los cruces de caminos siempre han sido, a pesar de todo, el espacio del pueblo. Han sido lugar de encuentro y de comunicación, espacio de la sabiduría popular, adonde las gentes por ejemplo llevaban sus enfermos en busca del conocimiento de la sanación que podían portar los transeúntes. Y en este cruce de caminos nuestro, unas veces más y otras veces menos, siempre se han podido escuchar los sonidos de la vieja lengua.


Este trabajo sólo aspira a poder recuperar las palabras que un ribero curtido y culto, Pedro Arellano Sada, escribía el año 1933: “El ya floreciente Renacimiento de la Cultura Vasca ha encontrado eco en aquel apartado rincón del País, y hay personas que se preocupan en recoger y conservar el espíritu del pueblo que lo habita. Aquí os expondré mi modesta contribución a estas tareas".

Vía: erribera (Javier Sainz)

Comentarios