Pacifismo frente al polígono










Los horribles atentados de Barcelona y Cambrils ponen de manifiesto que estamos en una terrible escalada de violencia donde se conjugan diferentes intereses. Condenamos estos atentados terroristas y sentimos dolor por las víctimas y por la utilización de la violencia y el terror. Nuestro profundo sentimiento pacifista nos lleva a pensar que la no violencia es la mejor manera de salir de esta escalada bélica en la que estamos inmersos. Prepararnos para la guerra no nos va a hacer más libres o seguros. El emotivo abrazo del padre de un niño de tres años fallecido en el atentado yihadista en Barcelona, marca nuestro camino.


No, no me he caído de un guindo. Lo digo abiertamente, sin dudas, sin tapujos: soy pacifista. Y ese sentimiento se hace cada vez más grande, más firme. Siempre he repudiado las armas, siempre he creído en la no violencia como mejor forma de resolver los conflictos. Puede haber personas que crean que en algún momento puede ser necesaria la existencia de una fuerza, de un ejército que nos defienda y proteja. Y que para eso hay que destinar ingentes cantidades de nuestros recursos. Pero yo veo un arma y me pongo a temblar. Me dan miedo. No sólo por lo que pueden hacer, quitar la vida, sino porque suponen una forma de dudosa “resolución” de conflictos drástica y brutal.


Puede que este planteamiento a muchas personas les parezca naïf, incluso ridículo. Y dicen: ya, ya, nadie queremos armas o ejércitos, pero alguien tendrá que defendernos. Defendernos de qué, esa es la pregunta. Habrá quien nos diga que de amenazas exteriores. Muchos que digan que es un mal menor que nos protege de una amenaza mayor. Aún así, y con todo, las armas me siguen dando pavor y no me hacen sentir seguro.


Nunca me atrajo el olor a pólvora, ni la disciplina militar. Sin duda, recordando ese eslogan de los años 70, creo que es mejor hacer el amor, que la guerra. Pienso que el vuelo de los pájaros es cien mil veces más bonito que el vuelo de un avión de guerra, dónde vamos a comparar. Por eso me duele que se ridiculice este sentimiento pacifista profundo y verdadero.


En lo concreto, nuestro sentimiento pacifista nos lleva a reivindicar el desmantelamiento del polígono de tiro de las Bardenas. Sentimiento que se suma a nuestro ecologismo. Y es que seguimos trabajando y soñando con unas Bardenas en paz y para la paz. En una instalación desmantelada. Y en que sus 2200 hectáreas se conviertan en una Reserva Integral.


Este pacifismo verdadero nos lleva a trabajar de forma incansable desde hace 30 años dentro de la Asamblea Antipolígono. Una parte de nuestras vidas está ligada a esta reivindicación que con actos de diferente índole se está, por desgracia, convirtiendo en una de las movilizaciones más longevas de España. Dentro de los diferentes actos que se preparan con la mejor de las voluntades está una moción que se presenta en gran parte de los Ayuntamientos de Navarra.


"La moción de todas las primaveras" la ha calificado algún representante ridiculizando y ofendiendo nuestro profundo sentimiento pacifista. Cada uno y cada cual elige su propia fe, metas e ilusiones. La mía es soñar y trabajar por un mañana mejor. En paz, con el mayor respeto posible hacia todos los que habitamos el planeta Tierra. Y todo esto creo que lo hago con la mayor coherencia posible. Creo que sin ofender a nadie. Por eso me duele que me ofendan a mí. Pero en fin, siempre habrá gente más papista que el Papa. Y que diga una cosa y haga la contraria, por incoherencia, resignación o hipocresía.


Por eso, y que le quede claro a todo el mundo, nuestro sentimiento y todo nuestro trabajo es claro, nítido, sin fisuras. No hay ambigüedades en nuestro mensaje. Queremos unas Bardenas para la paz. No planteamos el desmantelamiento porque sea el español el ejército que es titular de la instalación. Sino porque simplemente es un ejército. Y nuestro total y absoluto sentimiento pacifista nos lleva a estar contra las armas y contra quienes las usan. Sean del color que sean. Lleven la bandera que lleven. En este sentido a nosotros nos da igual que sea el ejército español. Nuestra meta no es esa, como sí ha sido y puede ser la de otros. Al fin y al cabo, verdad, las banderas van sujetas a mástiles o palos. Palos que unas veces van contra los otros o contra los propios. Es decir, las banderas como símbolos que recogen sentimientos pueden estar bien. Pero lo que no están bien son los palos. Nosotros que hemos estado en contra de todas las violencias lo tenemos claro. Claro no, clarísimo.


Por todo ello vamos a seguir trabajando. Porque las armas, y el Polígono de Tiro de las Bardenas en vez de aportarnos seguridad nos crean malestar moral y desazón. No sólo se trata de los accidentes, y posibles accidentes. No sólo se trata principalmente de en qué se convierten las maniobras que aquí se realizan. Es decir, en guerras, sufrimiento y miseria. Sino, y esto también es relevante, que esta forma de resolver conflictos y atender intereses carece de toda legitimidad moral. Nunca la barbarie se resolverá con más barbarie, así lo creo.


Como todas las metas elevadas alcanzarlas resulta difícil. Cómo no lo vamos a saber. Si llevamos años esperando ese momento. Pero como dijo Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz, referente de entrega y constancia: “Todo parece imposible hasta que se hace”. Por eso, porque nuestro sentimiento pacifista no es una pegatina, una chapa de quita y pon, sino algo profundo que se vive de forma constante seguiremos trabajando todas las primaveras, todos los días del año para hacer posible ese momento. Y si no llega por lo menos lo habremos intentado, siendo coherentes, tratando de tener nuestra conciencia tranquila.



Eduardo Navascués

Portavoz de Landazuría-Ecologistas en Acción de La Ribera

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