Un ex jugador de la Real es acusado de quemar su casa de Castejón para cobrar el seguro










José Miguel Zúñiga Martiarena, de 55 años y apodado Kiko Zúñiga, fue un estupendo centrocampista de la Real Sociedad entre 1984 y 1989, del Oviedo y del Castellón, que luego de la retirada montó una escuela de fútbol a su nombre y cuyos avatares siempre han girado en torno al balón, hasta entrenar a equipos de categorías inferiores en el Atlético de Madrid o Brunete y tomar hace cinco años la decisión de viajar a China a coordinar escuelas deportivas. El periplo asiático lo inició después de un enrevesado asunto ocurrido en la localidad navarra de Castejón, donde Zúñiga poseía una casa que compró a sus padres hace décadas para que pasaran los días de vacaciones. En noviembre de 2011, dicho inmueble, una humilde morada, sufrió un tremendo incendio intencionado y que obligó a desalojar a nueve vecinos. Ahora, la Fiscalía le acusa de haber provocado dicho incendio para cobrar el dinero de la póliza de seguro de la vivienda, 100.000 euros, que estaba a punto de expirar. Además, se le suman los delitos de denuncia falsa (multa de 2.400 euros) y de tentativa de estafa (3 meses), porque el Ministerio Público entiende que se inventó una historia -las amenazas de unas personas de etnia gitana que le amenazaban por haberles denunciado previamente por robo- y a los que acusa, sin concretar quiénes, de que le recibieron en su vivienda armadas con cuchillos y una pistola y que le dieron de arder a la casa con él en la puerta. El juicio arrancó ayer en la Sección Primera de la Audiencia de Navarra y termina hoy con las declaraciones de peritos.

EN LA TELE, ARRUINADO La acusación, tanto de Fiscalía como del seguro, entienden que Zúñiga atravesaba una paupérrima situación económica en aquella época (de hecho apareció en televisión en 2010 siendo técnico de un equipo cadete del Atlético de Madrid, en el que decía que sobrevivía con 200 euros al mes y con una pensión de invalidez por una lesión con la que no podía ni pagar la manutención de sus hijos). Al año siguiente, el exjugador entrenaba al juvenil del Brunete, localidad en la que vivía en un piso compartido, pero dijo que “ganaba 3.000 euros al mes. Cuando la Policía me preguntó por mi situación, no pensaba que se refería a lo económico, dije que era mala porque no conseguía trabajar como entrenador profesional”, dijo para justificar que no andaba tan precario como para dar de arder su casa con la intención de la que se le acusa.

El 5 de noviembre de 2011, la fecha del incendio, Zúñiga se dirigió en una scooter Kymco de 125 cc. desde Brunete a su casa de Castejón para “llevar unas fotos”. Declaró que aparcó la moto “a 200 metros”, pero que ya en el portal se encontró con dos gitanos armados y me llevaron para dentro. “Ellos es como si vivieran allí. Han vaciado el barrio. Me tuvieron en la cocina, me decían que ya me habían avisado que me iban a quemar la casa conmigo dentro (eso fue lo que denunció un mes antes) y uno le dijo al otro que fuera a por la gasolina. Volvió con varias botellas de plástico con líquido, empezaron a esparcir ropa por la casa y salimos. Deja al payo que es buena gente, le decía uno al otro, al tiempo que encendió una cerilla y provocó la explosión. Ellos salieron huyendo y yo cogí la moto (aunque ningún testigo le vio) y me volví a Brunete con la cara y las manos quemadas. En lo único que pensaba es en que me perseguían. Estaba aterrado. Solo paré en Soria para cargar el móvil y efectuar una llamada en el baño de una gasolinera”. Zúñiga hizo ese recorrido sin detenerse en ningún hospital, para ser atendido, aunque sí acudió a uno para curarse de madrugada, ni ante ninguna comisaría para denunciar los hechos. Según su versión, “para qué iba a denunciar si antes no habían hecho nada cuando denuncié las amenazas. ¿Me compensaba?”, se preguntó. Fue la Policía Foral la que le convenció de hacerlo. Y así presentó una denuncia 24 días después.

Las sospechas comenzaron por que el acusado había firmado un año antes la póliza de la vivienda, con una cobertura de 100.000 euros para una casa de mucho menos valor y “que antes no estaba asegurada”. Para dicha cuantía “me asesoró el corredor de seguros, yo no puse la cifra y cómo voy a inventarme esto y reclamar al seguro si antes, cuando denuncié un robo, denegaron la reclamación”. El procesado tuvo unos meses de alquiler a unos vecinos gitanos y afirmó que le robaron objetos de gran valor, como cámaras, máquinas de cine, una antena parabólica, una nevera, aparatos que superaban incluso los 15.000 euros de continente que reflejaba su seguro. Se desestimó esa cobertura.

LA DENUNCIA ANTERIOR CUESTIONADA Sobre el parte del incendio, el acusado dijo que le informó a su corredor, pero le advirtió de que el asunto estaba en manos de la Policía, y “entendía que bien la Policía o el seguro contactarían entre sí”. La investigación se centró en el acusado después de que en una de sus denuncias anteriores por robo y amenazas su teléfono reflejara que estaba posicionado en Brunete y no en Castejón. “Fue porque le dejé el móvil a mi compañera de piso. No me lo llevé”. Las acusaciones resaltan que las quemaduras en manos y cara son compatibles con el hecho de poder ser la persona que desparramara combustible e iniciara luego el fuego y la Policía no cree verosímil su huida en moto y herido ni las justificaciones que ofrece para no denunciar el siniestro. Algunos vecinos que se quedaron sin casa testificaron ayer que antes de la explosión no escucharon nada ni vieron a nadie y recordaron que salvaron la vida por los pelos, algunos saliendo por la ventana con sus bebés y otros atravesando las llamas.

Un reportaje de Enrique Conde en Diario de Noticias

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