‘La Chacha’: “He sido muy feliz en este quiosco”








Por su interés reproducimos el brillante reportaje elaborado por Plaza Nueva sobre el cierre de uno de los

Una silueta aparece por la puerta del salón de un pisito de la calle Roso. Es la de Mercedes Lapuente Lázaro, ‘La Chacha’. Viene de pintarse los labios, porque quiere salir guapa en la foto. Aunque lo que realmente resalta de su rostro es el cutis, suave y luminoso. “Me preguntan que cómo hago para tenerlo así de fino a los 80 años”, asegura. ‘La Chacha’, su trayectoria, su persona, tienen un significado popular incalculable en su Tudela natal, gracias fundamentalmente a las más de tres décadas en las que ha regentado el quiosco de chucherías de la céntrica plaza San Jaime. Ahora, tras meditarlo, la familia ha tomado una decisión dura pero inevitable: echar el cierre.

Pese a intentar buscar una fecha concreta con cálculos mentales, el esfuerzo es infructuoso. Ni ella ni su hija mayor, Mapi Salcedo, recuerdan con exactitud cuándo se plantó el quiosco en la emblemática plazoleta del Casco Antiguo. Al menos el quiosco original, una construcción de madera que tuvieron que modificar debido al arreglo de varias calles en los inicios de la década de los 90. Precisamente en 1990 se instaló el quiosco actual, una construcción de cemento cuya puesta a punto estuvo marcada por la inconcreción del Ayuntamiento a la hora de financiarlo. “Me dijeron que debía cambiarlo, que presentase un proyecto con unos buenos albañiles. Lo llevé al ayuntamiento y me dijeron que no podían pagarlo, que era muy caro. Así que me lo pagué yo. A mitad de construcción volvieron del consistorio y me dijeron que sí, que finalmente lo pagaban ellos. Pero yo entonces les dije que no, que no me daba la gana”, recuerda ‘La Chacha’ con una sonrisa en su cara, desprendiendo el sentido del humor que siempre le ha caracterizado.

Quizás esa facilidad para dejar huella entre tudelanos y visitantes hizo que la peña Ciudad Deportiva le propusiera ser Tudelana Popular en el año 1987, algo que aceptó con gusto e ilusión. “Fue muy bonito, vinieron la charanga y los gigantes a buscarnos a casa para ir al homenaje”. Además de por esa efeméride, a ‘La Chacha’ la rodean multitud de anécdotas y momentos divertidos relacionados con las fiestas de Santa Ana, durante las que engalanaba su quiosco y vendía velas y albahaca. “A mi Santa Ana que no me la quiten”, se apresura a decir, reivindicando su fervor.



El paso de los años
El quiosco, originalmente propiedad de sus padres, Marcelino Lapuente y Pilar Lázaro, pasó a sus manos. Contó también con la ayuda de su hermana Dolores, ya fallecida. Toda la familia, directa o indirectamente, tenía relación con el mundo de la venta de dulces u otros productos para comer por la calle (cañamones, chufas…) , ya que habían contado con puestos de castañas y de helados que estuvieron en diferentes puntos de la ciudad, como la Plaza de los Fueros o junto a la Iglesia del Carmen.

El negocio de las chucherías fue el modo de vida de Mercedes hasta bien entrada la década inicial del siglo XXI, pero en ese momento la tendencia cambió. “No ha sido un tema nuestro solamente, sino general. Hoy en día encuentras todo tipo de productos en cualquier tienda y también el ambiente comercial de San Jaime fue desapareciendo con el paso de los años”, recuerda con algo de melancolía Lapuente. La decisión definitiva la tomaron hace unos meses. “Si por mí fuera me lo habría quedado, porque he pasado muchos años de mi vida aquí”, comenta su hija Mapi, quien sin embargo alude a la poca proyección económica que da un negocio de este tipo como razón ineludible.

‘La Chacha’ rememora cómo algunos padres que de niños iban a comprar pipas al quiosco después llevaban allí a sus hijos. Con tantas generaciones que han pasado por allí, es inevitable que se emocione. Soltando alguna lágrima, Mercedes da las gracias “a todos los tudelanos, a quienes se fueron Tudela pero siempre que volvían se pasaban a saludarla” y a todo el mundo que le ha dado el mismo cariño que ella ha repartido entre tantísima gente.

“He sido muy feliz en el quiosco. A veces me asomo al balcón de casa y me entra cierta pena. Pero estoy encantada de la vida. Nunca he reñido con nadie, nunca he mentido a nadie… bueno, cuando me preguntan por lo del cutis sí”, señala. “Les digo que me lo lavo con jabón Lagarto”, dice esbozando una sonrisa. No puede evitar reír. “Algunas incluso lo prueban, pero luego me vienen otra vez con que a ellas no les da resultado”, cuenta. Un sentido del humor que se echará de menos en el quiosco, pero que seguirán disfrutando sus amigos, vecinos, conocidos y sus familiares. Sus hijos Mapi y Chucho y sus nietos, Pilar, Enma e Ismael.

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