Todo esto te daré; la última joya de la ''cirbonera'' Dolores Redondo








Dolores Redondo ha tejido en su última obra una deslumbrante novela sobre Galicia: Todo esto te daré. En algunas entrevistas la escritora ha declarado que su quinto trabajo, galardonado por el Planeta, supone un homenaje a su marido.

Y ahí lo vemos a él: ocupándose para ella de las pequeñas tareas de orden práctico que tan bien asume el personaje de Álvaro para el muy atareado Manuel, obstinado con sus novelas mientras mira el mar, sin ver o sin pretenderlo la realidad cotidiana que le rodea.

Dolores deja atrás los bosques de hayas y helechos del Baztán, cicatrizados por innumerables riachuelos, para refugiarse en más de seiscientas páginas de fácil lectura en el aguacero gallego, más concretamente en la Ribeira Sacra. Desde ahí viajamos en un intenso relato por la Galicia profunda, esa que tan bien satirizó Valle-Inclán en Divinas Palabras: esa donde los pazos de la nobleza se conjugan con los bajos fondos en pozos negros, puertas cerradas, armarios encharcados y secretos que se heredan como joyas; de generación en generación.

Con Manuel contenemos la respiración en medio de una atmósfera cargada de humedad tropical y amargura, paseamos por hogareñas tabernas con menos algarabía que las de A Esmorga, pero con el idéntico aroma a manjares en forma de vino y queso, y atisbamos con respeto las costuras de una sociedad cargada de meigas, obediencia medieval y folclore, rodeada de una atmósfera impregnada por la naturaleza salvaje y dotada de una sabiduría infinita.

El lector, disipada cualquier duda de que va a contemplar el eterno juego de tácticos enredos de la novela negra, modelo Agatha Christie, disfruta con una historia barnizada por una hiriente lucha de clases, inspira vida entre los verticales bancales de la zona, se deja seducir por la socarronería y bonachonería local y en algunas fases paladea homenajes a Juan José Millás que se asoman por encima de la sábana: de las confesiones íntimas de Papel Mojado a la escritura como método para cauterizar heridas de El Mundo, pasando por el comienzo del desenlace de Letra Muerta.

Hay que valorar en su justa medida a Dolores, que desdeña el final facilón, cosido previsiblemente por el adorable sobrino y su amigo invisible, para poner en pie una despedida más barroca. Un final que hace justicia a una obra redonda de indispensable lectura. Disfrútenla.


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