Tres décadas de pelea navarra por captar ETB







El 26 de marzo de 1985, la Delegación del Gobierno español en Nafarroa envió un aviso a la hospedería de San Miguel de Aralar pidiendo explicaciones tras haber tenido conocimiento de que en el tejado «se han colocado dos antenas y elementos complementarios, actuando de instalación reemisora de Euskal Telebista». El capellán no se arredró y le respondió: «La captación de Euskal Telebista no colisiona la libertad de ninguna persona y es un deseo mayoritario de los ciudadanos navarros». El religioso remata el argumento diciendo que «la reemisión [de la señal] es un derecho inherente a la libertad de expresión amparada por la Constitución» y aprovecha la ocasión para «saludar cordialmente» al delegado.

ETB empezó a verse en Nafarroa así, a base de pura desobediencia y sentido común. La ciudadanía iba dos pasos por delante. En aquel momento solo existían dos canales de televisión en Nafarroa y ninguno de ellos en euskara. Mientras en Araba, Gipuzkoa y Bizkaia se construían los cimientos de EiTB, en Nafarroa se eternizaba el debate sobre la viabilidad o no de lo que se llamaba «el tercer canal». Se constituyó Radio Televisión Navarra (RTVN) para ver las posibilidades de una televisión propia, pero la cosa no fue demasiado bien. El PSN lanzaba mensajes confusos. Por una parte, José Antonio Asiáin (entonces vicepresidente navarro y hoy todavía famoso por sus andanzas en la CAN) mandaba cartas al ministro de turno, también navarro y del PSOE, Javier Moscoso, pidiendo un canal propio. Pero no había una postura clara por parte de nadie, porque en el fondo existía un problema de financiación.

Con Nafarroa incapaz de mantener este tercer canal y las emisiones piratas en marcha a través de la red de repetidores desobedientes, un movimiento ciudadano exigía un acuerdo que formalizara las emisiones de EiTB de forma regulada tocando todas las puertas posibles. De este modo, empezaron las recogidas de firmas fábrica a fábrica y pueblo a pueblo. Y, con ellas, las mociones en los distintos ayuntamientos de manos de la Coordinadora Pro Euskal Telebista. A modo de ejemplo, la Junta de Veintena del Ayuntamiento de Antsoain aprobó que acudir a una manifestación el 16 de diciembre de 1985 para exigir una partida presupuestaria que permitiera «la captación de ETB en toda Navarra sin que se produzca ningún tipo de discriminación ni creación de ghettos lingüísticos». En esa misma junta, se aprobaba también una donación de 5.000 pesetas para que la lucha continuara.

Esta pelea altruista generó un apego especial en Nafarroa hacia «la ETB», no solo por el fondo, sino también por la forma de las dinámicas reivindicativas y el modo en que se comenzó a emitir. Revisando los documentos que generó toda esa pelea y que atesora Juanja Iturralde en un viejo archivador azul de la marca Fibro, se aprecia cómo el juego al gato y el ratón entre la Delegación y los grupos pro-ETB continuó durante años mientras el Gobierno navarro decía una cosa y hacía la contraria. Volviendo a Aralar, dos años después de recibir la carta de la delegación, el capellán de la hospedería de Aralar seguía defendiendo su antena a capa y espada.

En mayo de 1988, recibió una visita de trabajadores de EiTB al repetidor. Al parecer, les venía bien ampliar la instalación y le aseguraron que había un acuerdo con el Gobierno y que todo era legal. Pecaron de ilusos y el capellán les mandó a paseo. Así se lo relata en una carta al Arzobispo. «Estos señores [los trabajadores de EiTB] vinieron diciendo que todo está dentro de la Ley, pues en lo que obran lo hacen de acuerdo con las autoridades de Nabarra. Si esto es así, no tienen por qué venir a nosotros: ahí tienen en Artxueta repetidores en muchísimo mejores condiciones». En esa carta confiesa que puso la antena porque se lo pidieron los padres de la Ikastola Paz de Ziganda y, sobre todo, porque «no era posible llevar a cabo este proyecto por la vía legal, dado el antivasquismo visceral de nuestros gobernantes». El capellán cierra la carta a su superior con un aviso, que delata el genio y figura de Inocencio Ayerbe: «Yo estoy dispuesto a dar mi vida, si fuera preciso, por la promoción y difusión del euskera en Nabarra, pero me resbala la política y mucho más lo comercial».

La identidad navarra, en peligro

El partido más beligerante contra quienes colaban la señal de ETB por las ondas UHF fue UPN. José Ángel Zubiaur no se cortaba un pelo: «La captación de ETB puede afectar al ser, al modo de pensar y a la identidad de los navarros». Con su llegada al poder en 1991, cualquier opción de regularizar la situación se esfumó, si bien el apoyo ciudadano era tal que se hizo la vista gorda a las emisiones diciendo que eran «alegales». Al mismo tiempo, a Nafarroa empezaron a llegar los canales comerciales. Pero nunca le llegaba el turno a EiTB. El fin de la etapa analógica y el inicio de las emisiones por TDT fue la siguiente oportunidad. Les pilló de lehendakaris a Patxi López y Miguel Sanz y hubo acuerdo, pero nunca se puso en práctica. Prefirieron el apagón.

Han tenido que pasar tres décadas para que abandonaran la Diputación esos gobernantes con el «antivasquismo visceral» que relataba el capellán en 1988. El primer intento de Uxue Barkos e Iñigo Urkullu fue recuperar los repetidores alegales. Fracasó. Ahora, por fin, ha pedido «un múltiplex» a Madrid, que viene a ser algo así como aquel viejo «tercer canal» que no se solicitó en 1986. Porque ya era hora de dar finalmente el paso de la oficialidad, algo que la ciudadanía merece desde hace treinta años.

Vía: Naiz 


Comentarios