Sobre el origen del nombre de Corella







Del nombre de Corella se han dado variadas interpretaciones. De hecho, yo no sé si en el famoso Libro Guinness de Récords hay un epígrafe dedicado al nombre de población con mayor número de etimologías, pero si lo hubiere, seguro que Corella podría aspirar a figurar en sus páginas. Además, cada vez que un folleto o un artículo trata de explicar la historia de Corella suele aparecer toda la retahíla de explicaciones que sobre el nombre de Corella se han ido ofreciendo a lo largo del tiempo, sin presentar una mínima crítica de ellas y obviando que si se dan varias explicaciones alternativas una de ellas debería ser la correcta y las demás erróneas, aunque suele suceder también que de hecho todas las explicaciones dadas sean erróneas.

Pudiera parecer pretencioso que, como el lector intuye que voy a hacer, a continuación yo dijera: “En este artículo yo os propongo la verdadera explicación del nombre de Corella”. Y tal vez lo sea, pero en todo caso yo no me quiero salir de la esfera del pensamiento científico en la que toda verdad es provisional por definición. Se trata de buscar la explicación más económica y coherente con los datos históricos, arqueológicos y lingüísticos que disponemos. Por lo tanto voy a exponer la hipótesis en mi opinión más verosímil, que, además, nos sirve para entender algunos aspectos de la historia de Corella. “Corella: Nombre de antigua villa o hacienda hispano-romana derivado del nombre de su propietario, Corellius”. Esta es, en breve, la etimología propuesta por el filólogo Esteban NIETO BALLESTER en el libro Breve Diccionario de Topónimos Españoles, publicado en 1997. Según este autor el nombre se “ha formado sin sufijo sino tan sólo con formación femenina derivada, Villa Corellia [léase Vil-la Corel-lia], que fonéticamente ha evolucionado hasta Corella sin problemas de mayor relieve. El antropónimo y el topónimo derivado se encuentran en otros casos del tipo Coreglia Ligure(Génova, Italia), etc.”. Este origen latino del nombre de Corella no presupone que antes de la llegada de las legiones romanas al territorio donde hoy se asienta nuestra ciudad éste no estuviera habitado, ni mucho menos. Los restos arqueológicos hallados en el término municipal, los llamados ‘talleres de sílex al aire libre’, son vestigios de un tipo de hábitat que perduró durante milenios. 

Consistía en asentamientos estables en el territorio de comunidades familiares productoras de gramíneas y carne, formados por cabañas aisladas de planta circular, rodeadas de estructuras de combustión y de silos donde se guardaban alimentos. A partir del año 1000 a. E. este modelo de poblamiento cambió radicalmente y se generalizaron en el valle del Ebro y el área circumpirenaica los poblados de caserío agrupado con un urbanismo diseñado ya antes de levantar el poblado, que disponían de un sistema defensivo compuesto de murallas y fosos. Solían estar situados en altura, controlando el territorio, junto a las vías de comunicación fluvial y de intercambio de mercancías. Este tipo de poblamiento se asocia a la que los historiadores llaman “cultura de campos de urnas” y corresponde a la época denominada Edad del Hierro. También encontramos en nuestro término vestigios de este tipo de hábitat, en concreto en Araciel que, según el arqueólogo Javier Armendáriz Martija, es “uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la comarca tudelana”. 

Tal como explica este especialista en la Edad del Hierro en Navarra es muy probable que también en el casco urbano de Corella, en su núcleo medieval, estuviera ubicado un castro prerromano similar o incluso de mayor entidad que el de Araciel, puesto que las características topográficas son semejantes y el devenir histórico de ambos lugares fueron paralelos, aunque sin realizar sondeos arqueológicos urbanos esto no pueda ser verificado.

En el año 218 a. E. Roma desembarca en la península Ibérica e inicia su conquista. Pocos años después, en el 179 a. E. el cónsul Tiberio Sempronio Graco funda la ciudad de Gracchurris sobre el poblado indígena de Ilurcis. La ubicación de esta ciudad, que hasta no hace mucho era discutida, corresponde al yacimiento arqueológico de Las Eras de San Martín en Alfaro, todavía en proceso de excavación. El efecto más inmediato de dicha fundación, que suponía el asentamiento definitivo de Roma en el Valle Medio del Ebro, fue seguramente el abandono de los castros indígenas cuyos habitantes pasarían a engrosar el censo de la nueva urbe. En cualquier caso el modelo de ciudad romana era el de una comunidad cívica integrada por un espacio urbano donde estaban los edificios nobles y la administración y un territorio explotado intensivamente y muy habitado, con granjas y pequeños poblados. A partir del siglo I a. E. aparecen muchas villas que representan un modelo específicamente romano de explotación agraria. 

La villa consta de una parte edificada y del correspondiente terreno que es objeto de explotación desde ella. La parte edificada tiene una función residencial pues en ella viven el propietario y su familia y también los trabajadores de la hacienda y por otra una función productiva, pues puede albergar almacenes, lagares, etc. La villa, además de su implicación económica, tiene una implicación cultural, puesto que responde a un patrón que considera deseable la construcción de grandes residencias rurales en las que el propietario manifiesta su riqueza y su orgullo de clase. Con los siglos las villas tenderán a ser monumentales y a contar con objetos de lujo, mosaicos, etc., y con todas las comodidades de las casas de la ciudad. En este contexto no resulta extraño que las villas o posesiones agrícolas pertenecientes a una familia se designaran con un apelativo formado con el nombre del propietario, y de hecho este procedimiento fue el común a todo el Occidente romano. Cronológicamente la forma primitiva de construir este apelativo era sin sufijación según la fórmula Villa Aemilia `hacienda de Aemilius´. 

De esta manera surgieron los apelativos Villa Marcella, origen del nombre de Marcilla, o Villa Corellia, origen del nombre de Corella. Posteriormente se impuso la utilización de sufijos posesivos y la misma idea pasó a ser expresada con la fórmula Villa Aemiliana. Un ejemplo de este tipo de denominación es Fustiñana, del nombre del propietario Faustinus. Con éste y otros sufijos son muchos los nombres de lugar derivados de nombres de personas que desde la época de la romanización han perdurado, más o menos modificados según la propia evolución de la lengua latina en las distintas regiones o como consecuencia del contacto con otras lenguas, hasta nuestros días, dando nombre a ciudades, pueblos y parajes rurales. También ha sucedido que como consecuencia del abandono o destrucción de las villas se haya perdido el nombre y que en lugares donde está documentada arqueológicamente la existencia de grandes villas romanas sólo se mantenga un genérico El Villar, como es el caso de Ablitas, o Los Villares, como en Falces. 

El nombre de Corellius y su femenino Corellia están bien documentados en la literatura y la epigrafía latina tanto en las penínsulas itálica e ibérica como en las Galias. No podemos saber si el fundador de Villa Corellia fue un colono itálico o un indígena romanizado. Por los indicios lingüísticos podemos deducir que la fundación puede datarse en los primeros años del principado de Augusto, aproximadamente en el cambio de era. En Corella y Alfaro quedan vestigios de una centuriación, esto es la parcelación y la distribución de tierras en lotes de cien parcelas, que puede ser datada en la misma época y con la que puede estar relacionada. También data de época augústea seguramente la construcción de la Vía Romana cuyos vestigios han quedado fosilizados en la toponimia de Corella como La Calzada. 

Esta vía que unía Tarraco (Tarragona) yAsturica (Astorga) era, aunque hoy sólo veamos un camino rural, una verdadera autopista de la Antigüedad por donde circularon personas, mercancías e ideas, y que precisamente en el tramo de Corella, que unía las ciudades de Gracchurris y Cascantum, guarda una espectacular alineación totalmente rectilínea. En el término de Corella se han excavado varias villas y los vestigios del poblamiento romano son muy abundantes, aunque al parecer poco apreciados y las labores agrícolas están destruyendo muchas de las huellas de nuestros predecesores en el territorio. Las villas romanas desaparecieron como modelo de explotación agrícola en el siglo V. 

A partir de ese siglo la inseguridad y el declive económico producidos por las invasiones de los pueblos germánicos y la desaparición de la administración romana en el Occidente del Imperio, hacen que se deshabiten muchas villas y que las poblaciones rurales vuelvan a ocupar los emplazamientos de los antiguos castros de la Edad del Hierro. Este proceso está documentado arqueológicamente en muchos lugares de Navarra y concretamente en Araciel. En Corella podemos suponer el mismo fenómeno. Los habitantes del entorno volverían a instalarse en el cerro cercano al río donde se ubicó el castro prerromano, que quizás conservaba aún algún resto de fortificación, pero siguieron manteniendo el nombre de la villa situada en sus inmediaciones, y fueron pasando los siglos hasta que el nombre de Corella según una evolución fonética normal quedó establecido tal como lo conocemos en los primeros documentos escritos que han llegado hasta nosotros, pues las variantes gráficas medievales Coreilla o Coreylla no suponen ninguna variación fónica, son sólo distintas formas de representar los mismos sonidos. Los mismos sonidos que encontramos en los nombres de dos municipios italianos, Coreglia Antelminelli y Coreglia Ligure. 

Nótese que en italiano Sevilla se transcribe Seviglia, lo que nos indica que Corella y Coreglia representan el mismo nombre [Se puede comprobar cómo suenaCoreglia en italiano en Google Translate, clicando en el icono del altavoz]. El mismo nombre de lugar con origen en el mismo nombre de persona, Corellius. Coreglia Antelminelli está situada en la provincia de Lucca, en la región de Toscana y tiene 5225 habitantes, que son llamados coreglini. Coreglia Ligure pertenece a la provincia de Génova y la región de Liguria. Tiene 275 habitantes cuyo gentilicio es coregliesi. Ambas localidades están hermanadas desde el año 2005 y desde entonces se organiza una reunión anual entre las dos comunidades, siempre en verano entre julio y agosto. Alguien debería avisarles que en Navarra tienen una ciudad tocaya, y que aquí las fiestas empiezan el 23 de septiembre. Tal vez se animen y podamos quedar, corellanos, corellini y corellesi, a tomar unos vinos.

Vía: Tambarria 


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