La bandera de Navarra, última chaqueta de un rojo








Por Aritz Intxusta, Naiz: 

Aquí, aquí, hay 40.000 y no, y no y no nos han pagao». Eso, según relata la publicación "La Unión del Pueblo”, es lo que se cantó en la manifestación del 8 de diciembre de 1977 por las calles de Iruñea. En aquella ocasión, lo que defendía toda esa gente era que «Navarra es Euskadi». Podría decirse que lo que se reivindicaba entonces es justo lo contrario que se defenderá el próximo sábado en la manifestación en favor de la bandera oficial de Nafarroa. Todo quedaría en anécdota histórica si no fuera porque el principal convocante de la manifestación del próximo 3 de junio fue uno de los que llamaron a aquella manifestación de hace cuatro décadas: Ricardo Guelbenzu, dirigente del Partido del Trabajo de España.

UPN se ha cuidado mucho de no asomar demasiado como el muñidor de la manifestación contra el cambio del 3 de junio, pero la idea de esconderse tras Guelbenzu resulta algo curiosa, cuando no mal calibrada. Aunque es cierto que, a estas alturas, empieza a ser muy evidente ya qué organización está detrás de todo, porque a diferencia de las decenas de miles que salieron a la calle en diciembre de hace 40 años «a pesar del frío, de la lluvia y del despliegue policial», esta vez UPN sí pagará los autobuses. Lo del transporte gratuito desde los pueblos hasta la capital tiene su gracia, sobre todo porque los afiliados del PSN que (tras el apoyo de la dirección) quieran sumarse a la protesta y viajar gratis deben llamar a las sedes de UPN en Iruñea y Tutera.

En cualquier caso, oficialmente el impulsor de la protesta es la Asociación Cultural Doble 12, cuyo portavoz es Guelbenzu. La historia de cómo este dirigente comunista reaparecerá en la asociación Doble 12 –defensora de la Nafarroa católica apostólica y romana – ilustra muy bien la deriva política del herrialde. Porque eso del «doble 12», en realidad, hace referencia a una fecha histórica: 1212. Ese es el año en que tuvo lugar la batalla de las Navas de Tolosa, de la que provendrían, según la leyenda, las cadenas del escudo de Nafarroa. Sobre este mito el franquismo creó una épica, en torno a la expulsión de los musulmanes y la consecuente victoria de la «civilización occidental». Doble 12 se dio a conocer el pasado año entregando un premio a Víctor Manuel Arbeloa, uno de los principales ideólogos del navarrismo actual. Más allá de este premio, su actividad se ha limitado a un par de charlas con ponentes de UPN y el Opus Dei.

Guelbenzu se inició en política mientras estudiaba en Zaragoza. Allí formó parte de un grupo que se llamaba Larga Marcha hacia la Revolución Socialista. Los militantes de este grupo comunista pasaron después al Partido Comunista de Unificación y, poco después, al Partido del Trabajo de España (PTE), del que este cascantino llegó a ser uno de los principales líderes estatales. Es este último PTE el que convocaba la manifestación de 1977. Poco amor tenía entonces Guelbenzu por la bandera oficial de Nafarroa, puesto que esta formación política apostaba por una unión entre todos los territorios de Hegoalde y tampoco discutía que la bandera que había de aunar a estos territorios era la ikurriña.

Tras pasar una etapa en Madrid, Guelbenzu perdió entusiasmo por el comunismo cuando heredó la gestión de la bodega familiar: Bodegas Guelbenzu. Como vinatero no le fue demasiado bien. Por un lado, compró unas viñas en Chile y, por otro, pretendió que la Denominación de Origen del vino navarro se extendiera a Zaragoza, para poder vender así muchos más caros los caldos de sus viñedos en Aragón ubicados en la ribera del río Queiles. Ambos negocios le salieron rana. Acabó saliéndose de la Denominación y endeudando la bodega familiar.

Fue en ese momento cuando Guelbenzu descubre las mieles de formar parte del régimen. En el año 2009, la Corporación CAN acudió en rescate del comunista arrepentido comprándole los viñedos. Según se dice, solo se pagó un euro por esa operación (a cambio, eso sí, de asumir las deudas). Esta compra, hecha con dinero de los ahorradores navarros, no tenía ningún sentido. La CAN se quedaba con las viñas aragonesas y el exdirigente del PTE, con las que quedaban en Cascante, así como con el caserón familiar. A día de hoy, los vinos que siguen en poder del comunista arrepentido se llaman Bodegas del Jardín y la marca Guelbenzu es una más de Bodegas Sarría, que preside el expresidente Miguel Sanz, por un detalle que tuvo de su amigo Enrique Goñi, que sigue como directivo de Caixabank manejando los despojos de CAN.

Del comunismo al tradicionalismo

Las Bodegas del Jardín son uno de los principales sostenes económicos del portal ultra Navarra Confidencial, que tuvo su peso durante la última etapa de Yolanda Barcina, pero que ahora está muy venido a menos. Ahí es donde se puede seguir la trayectoria ideológica de Guelbenzu de los últimos años, pues escribe en ella con asiduidad. En muchas de las ocasiones, lo hace además usando el seudónimo de Daniel Celayeta, el nombre de guerra de sus tiempos clandestinos. Esta tribuna digital la comparte con varios de los cofrades adoradores de Mola en el sótano de los caídos de Iruñea, entre ellos el que fuera durante muchos años prior de la hermandad: Javier Garisoain. Este último también se ha sumado a la manifestación del día 3 y ofrecido el apoyo de la formación política que dirige actualmente: la Comunión Tradicionalista Carlista. No obstante, el respaldo de la CTC se ha borrado de las páginas que promocionan la protesta, al igual que el de Falange, en un intento de quitarle tufo franquista.

Antes de llegar a ser uno de los gurús de UPN, Guelbenzu fundó el lobby ultraliberal Institución Futuro. Lo hizo de la mano de José León Taberna, el magnate del pan de Nafarroa. Los Taberna siempre contaron que el origen de su fortuna radicaba en que se encontró un cofre con monedas de oro. Sin embargo, el periodista Iván Gimenez postuló una teoría más prosaica. Asegura que el pelotazo lo pegaron gracias a que Sebastián Taberna aprovechó la Guerra Civil para «quedarse con la harina el utillaje y la leña» de la cooperativa Panadería Obrera. Independientemente de cómo se forjó esta fortuna, el más pequeño de los Taberna también apoya la protesta del día 3 a través de la asociación Pregón, cuyo respaldo no ha sido censurado.

Repasando viejos números del periódico “La Unión del Pueblo”, que se vendía a sí mismo como «Órgano del comité central del Partido del Trabajo de España», se pueden seguir las andanzas de ese tal Celayeta. Y también lo que defendía entonces. Él fue quien abrió la conferencia en la que se unieron el PCU y el PTE, señalando «lo sencillo y grato» de esta fusión. En ese acuerdo se hablaba de la solución al «problema nacional» en los términos siguientes: «El PTE reconoce plenamente el derecho de las naciones a la autodeterminación, a decidir plenamente su futuro, incluida la separación y la formación de un Estado independiente. La defensa de este derecho es un punto cardinal de la democracia política, sienta las bases para que la unión de la clase obrera de los pueblos de España sea libre y voluntaria: pues la unidad, sin libertad de separarse, es una mentira». Más allá de la vigencia o no de estos postulados, estamos ante otra paradoja histórica. Pues, tras dar este giro de 180 grados, Guelbenzu trabajó con ahínco el pasado año para redactar la Ponencia Política del Congreso de UPN.

Existe un derecho a rectificar, que es de sabios, pero la trayectoria del convocante de la manifestación del 3 de junio prueba que, en muchas ocasiones, una bandera no es más que una chaqueta en la que envolverse en beneficio propio. Aunque, claro, cada uno se moviliza por lo que de verdad le importa.

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